sábado, 18 de septiembre de 2010

LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (II): PROTAGONISTAS

Seis personajes tuvieron su protagonismo en esta guerra civil con entrometimiento internacional. Seis personajes que corrieron diferente suerte: prudente, uno, ganador otro, intermedio, secundón, imperialista fracasado, tres de ellos, y por último, un trágico perdedor. Dos españoles, dos mexicanos y dos ajenos. Prim, Juárez, Doblado, Serrano, Napoleón III y Maximiliano de Habsburgo.

JUAN PRIM Y PRAST: EL ESPAÑOL PRUDENTE
Reus, Tarragona, 1814 / 1870, Madrid
Militar muy carismático en aquella España de mediados del siglo XIX. Muy joven se alistó en el ejército para luchar en la primera Guerra Carlista, ganando dos laureadas. Inicialmente liberal progresista, por sus diferencias económicas con Espartero acabó en el campo de los moderados, participando inclusive en el derrocamineto del regente en 1843. Ascendido a brigadier, acabo enfrentado también a Narváez. En el Bienio Progresista (1854-1856) es capitán general de Granada, venciendo a los rifeños en las puertas de Melilla, lo que le hizo teniente general. En los años del gobierno de O´Donnell se hizo de la Unión Liberal, llegando sus momentos de mayor gloria militar y en pleno carisma popular. En la guerra de Marruecos de 1859-60 fue el vencedor de Castillejos y de Wad Ras, entrando victorioso en la plaza marroquí de Tetuán.

El general Prim en la guerra marroquí
(batalla de los Castillejos, por Fortuny).
En 1861 fue encargado de resolver esta crisis mexicana dado su matrimonio con Francisca Agüero, sobrina de un banquero mexicano y sus contactos con políticos juaristas. En 1862 desembarca en Veracruz en condiciones desfavorables para sus tropas. Firmó por ello la Convención de La Soledad y la retirada prudente de México ante las críticas en España. Su prudencia evitó caer en la trampa de Napoleón III.
Vuelto a España, se afilió de nuevo al Partido Progresista con el ánimo decidido de derrocar a Isabel II, iniciando desde ese momento una serie de conspiraciones frustradas (sobre todo la de junio de 1866 y que acabó huyendo a Portugal ante el fusilamiento masivo de los sargentos del cuartel madrileño de San Gil) hasta el definitivo triunfo de Cádiz en septiembre de 1868.
Tras organizar el nuevo régimen democrático plasmado en la Constitución de 1869 y la implantación de la nueva monarquía en persona de Amadeo I de Saboya, fue asesinado en Madrid en un atentado en plena calle el 27 de diciembre de 1870 sin ser descubiertos sus asesinos.
UN LUCHADOR INFATIGABLE Y GANADOR: BENITO JUÁREZ
Oaxaca 1806 / 1872, Ciudad de México
Es la gran figura de la historia mexicana con toda una serie de monumentos en su honor por todo el país. Tuvo una infancia muy dura de orfandad temprana y privaciones. Supo de las humillaciones por ser indio. Protegido por un fraile, pudo aprender a leer y escribir y el oficio de encuadernador. Su licenciatura en Derecho le permitió ser un defensor de campesinos indígenas pobres en su ciudad oaxaqueña. Fue poco a poco escalando en la política local. En 1847, con cuarenta y un años consigue ser diputado, llegando a la Ciudad de México. Por sus críticas al general Santa Anna fue encarcelado en Veracruz (1853), en la fortaleza de San Juan de Ulúa. Al poco pudo escapar a la entonces española Cuba y, de allí, a Nueva Orleáns.
En 1855 vuelve a México como ministro de Justicia. Aprobó una ley contra los privilegios de los militares y del clero. Pero su momento cumbre llega en 1858 al ser el presidente de México en plena guerra civil. Es el presidente errante.
En 1859 nacionalizó los bienes del clero (equivalente mexicano de la Desamortización de Mendizábal en la España de 1836). Sin embargo, como se indicó, la continua violencia y guerra civil provocó una cuantiosa deuda exterior que le llevó a una larga guerra contra las potencias europeas, especiamente contra Francia, además de una guerra civil.

Benito Juárez, figura destacada de la historia mexicana.

Tras entrar los sucesos de Querétaro (fusilamiento de Maximiliano en 1867), logró entrar triunfante en la Ciudad de México como flamante presidente. Tras asentar en México la enseñanza laica, renovó el cargo en 1871. Los conservadores no se quedaron quietos y, con Porfirio Díaz en las conspiraciones, fue expulsado del poder por golpe de estado. Murió al poco (1872).

EL MINISTRO DE EXTERIORES MEXICANO: MANUEL DOBLADO
Guanajuato, 1818 / 1865, Nueva York.
Como licenciado en Derecho ocupó el cargo de ministro de Exteriores en el gobierno de Juárez en 1861-62. Antes ya había llegado a gobernador de su estado, además de compaginarlo con la carrera militar. Al ser el responsable en plena crisis con las tres potencias europeas logró negociar la Convención de La Soledad (1862) consiguiendo la retirada de los españoles y los británicos, rompiendo la unidad y dejando sola a la expedición francesa.

Manuel Doblado, el ministro que logró romper el pacto de los tres paises europeos

EL SECUNDÓN: EL GENERAL SERRANO
Cádiz, 1810 / 1885, Madrid.
Hijo de un militar liberal en las Cortes de Cádiz de 1812, inició su carrrera militar en la primera guerra carlista, en la que logró ascender a brigadier y ganar la Laureada. En su vida política fue un oportunista, un auténtico camaleón, que tanto se afiliaba al Partido Progresista como al Moderado a la Unión Liberal, según las coyunturas del momento. Como buen oportunista y ególatra, fue un declarado rival de Prim, especialmente en esta crisis. Llegó a tener relaciones íntimas con la misma reina Isabel II, de la que era su "general bonito", preferido de la misma en las continuas crisis del reinado.
Durante esta mini guerra mexicana era el capitán general de Cuba (1859-1862) enriqueciendose considerablemente con el tráfico de esclavos. Desde este cargo criticó duramente a Prim por su temprana retirada de México, además de precipitar el desembarco en Veracruz sin esperar la llegada de este. No podía soportar ser el secundón de esta crisis que seguiría encumbrando a su rival.
El genaral Serrano: el envidioso de Prim y el "camaleón" político.
Su gran "hazaña" fue la desarticulación de la frustrada conspiración de Prim y el inmediato fusilamiento masivo de los sargentos del madrileño cuartel de San Gil en 1866. La reina por ello le nombró duque de La Torre con grandeza de España.
Dos años después, como ejemplo de su camaleonismo político, recién muerto su jefe político, el general O´Donnell, se pasó al bando anti-isabelino. En 1868, tras el triunfo de la Revolución de Septiembre, fue el regente hasta la llegada del nuevo monarca Amadeo I. En 1873, en los meses de la I República, huyó a Francia, desde donde conspiró hasta derrocarla con el golpe del general Pavía (4 de enero de 1874), implantando su dictadura personal hasta el golpe de Sagunto que supuso la restauración de la dinastía borbónica de Alfonso XII. Éste le marginó del nuevo régimen a pesar de reconocerle como rey. Alfonso le "caló" su camaleonismo. Murió en Madrid en pleno olvido, el que fuera gran protagonista del reinado isabelino.
EL IMPERIALISTA FRACASADO: NAPOLEÓN III
París, 1808 / 1873, Londres.
Sobrino de Napoleón Bonaparte, criado en el exilio (Suiza, Alemania e Italia) tras el derrocamiento de su célebre tío tras la batalla de Waterloo. Entre 1848 y 1851, con el carisma familiar de su nombre, se encargó de desmontar los logros de la revolución democrática de enero, llegando a ser el presidente de la II República francesa. En 1852, tras un golpe de estado, se autoproclamó emperador de Francia siguiendo los pasos de su tío. Nacía el II Imperio francés, caracterizado por el intento de llevar al país a una carrera imperialista en otors continentes y en intervenciones en países europeos: África, Asia, América (México especialmente), unidad italiana. Ésta intervención italiana (en la que indirectamente estaba implicada la cuestión monárquica española) supuso su final en 187o ante el temible ejército prusiano de Bismarck (batallas de Sedán y Metz). Abandonó a Maximiliano a su suerte tras comprender el fracaso de su intervención en 1867.
Napoleón III, el flamante sobrino y emulador de Bonaparte

UN TRÁGICO PERDEDOR: MAXIMILIANO DE HABSBURGO
Viena, 1832 / 1867, Querétaro.
Llegó a Veracruz en 1864 como emperador de México, emulando a su protector Napoleón III y al ya lejano Iturbide. Su suerte fue la misma que el mexicano: derrocamiento y rápida pasada por las armas. De gran nivel cultural, intentó ganarse a sus nuevos compatriotas desde el primer momento.
Maximiliano de Habsburgo, el desgaciado.
Abrió en Ciudad de México el Paseo de la Reforma y se estableció en el castillo de Chapultepec como residencia imperial. Intentó poner en práctica un buen programa reformista, enfrentandose incluso a los militares franceses y a los sectores conservadores mexicanos que lo apoyaban. Recurda algo al papel que intentó José Bonaparte en España durante la Guerra de 1808. Fracasó en ese empeño de hacerse popular y su efímero reinado fue de guerra cointinua.
Pudo haber huido antes, pero decidió quedarse, convencido de poder ganar la guerra. En 1867, en el cerro de las Campanas de Querétaro, fue asediado, apresado y fusilado, junto al líder conservador Miramón. Acababa así la vida del gran perdedor de esta historia. Su muerte impresionó a toda Europa por la negativa de Juárez al indulto, en un aviso a posibles intervenciones futuras.

Ejecución de Maximiliano, por Renoir.



jueves, 9 de septiembre de 2010

LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (I): MÉXICO A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

El 10 de diciembre de 1861 un contingente de 6.000 soldados españoles al mando del general Gasset, transportados por la flota del almirante Gutiérrez de Rubalcaba, desembarcaban en la ciudad de Veracruz. El hecho no era nuevo. En ese mismo lugar desembarcó la expedición de Juan de Grijalva en 1518. Un año después lo hacía Cortés. En noviembre de 1825 se rendía la guarnición española en San Juan de Ulúa, fortaleza frente a la ciudad veracruzana.
Habían pasado trescientos cuarenta y tres años desde los desembarcos de Grijalva y Cortés; y treinta y seis desde la última resistencia española ante la independencia de México. El general Prim desembarcaba en enero, siendo aclamado en la ciudad.
JUAN PRIM Y PRAST

MÉXICO Y ESPAÑA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

Sobre la situación de España me remito a las entradas anteriores sobre la guerra contra Perú. La naciente República Mexicana, nacida en 1823, tras la independencia de España en septiembre de 1821 y el efímero Imperio de Agustín de Iturbide, vivía al igual que los demás países hispanoamericanos unos años violencia y guerras civiles previos a su definitiva consolidación. El desplazamiento de las viejas oligarquías criollas no se había producido. Dos grandes formaciones políticas pugnaban por el control del Estado: los conservadores y los federalistas. Los primeros eran defensores del catolicismo y el orden colonial renovado. Los segundos portaban el anticlericalismo y la consolidación de la revolución burguesa como estandartes.


Esta violenta coyuntura histórica fue aprovechada por los Estados Unidos para arrebatar Texas en 1845 y, aprovechando su victoria aplastante, al firmarse la paz en 1848, consiguió embolsarse los actuales Estados yankees de California, Arizona, Nuevo México, Colorado, Nevada y Utah. Santa Ana quedaba derrotado y los federales iban a sacar provecho.
En 1854 se dió el Plan de Ayutla por el que se emulaba la desamortización eclesiástica española de Mendizábal y se buscaba, además, la separación de la Iglesia y el Estado. Cuantiosas y ricas tierras estaban en el punto de mira de la burguesía radical y fueron confiscadas.
En 1857, reunidos los reformadores en la ciudad de Querétaro, aceptaban al indígena oaxaqueño Benito Juárez como presidente del país. Se proclamaba una nueva Constitución. Los conservadores no se iban a quedar cruzados de brazos y daban un golpe de estado iniciándose la llamada Guerra de La Reforma (1858-1861).
Los conservadores estaban apoyados por España, Francia y Gran Bretaña y eran dirigidos por Miguel Miramón. Los reformistas, por su parte, tenían el apoyo de Estados Unidos y eran dirigidos por Juárez.
Hasta diciembre de 1860 tuvieron el poder los conservadores, mes en el que los federales derrotaban a Miramón entrando en la Ciudad de México, empujando a los conservadores a la guerra de guerrillas.
Esta anarquía crónica originaba una cuantiosa deuda con los países europeos mencionados, especialmente con España. Con el gobierno conservador España estaba negociando el pago, pero tras la victoria reformista el presidente Juárez expulsó al embajador español en enero de 1861 y se negaba al pago de dicha deuda. Al tiempo se daban actos de violencia contra los residentes españoles y la expropiación consiguiente de sus bienes durante los siguientes meses.
Los tres estados europeos afectados por el impago y aprovechando la inminente guerra civil de Estados Unidos y la inhibición de los mismos ante la posible intervención conjunta anglo-franco-española, firmaron un Tratado en Londres (octubre de 1861). En su artículo 2º se especificaba claramente que ninguna de las partes buscaba una anexión territorial, sino ocupara varios puertos mexicanos para asegurarse el pago.
La guerra estaba servida.

viernes, 16 de julio de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (Y VII): FINAL DE LA GUERRA. CONCLUSIÓN

Llegamos al final de esta larga serie de entradas sobre la guerra tan innecesaria entre España y las jóvenes Repúblicas de Perú, Chile, Bolivia y Ecuador. Una guerra que no acabó tras el combate del 2 de mayo de 1866 como veremos ahora. Una guerra muy desconocida entre los españoles de aquella época y no digamos de hoy. En Perú hoy día, sin embargo, esta guerra está muy presente, y es considerada como un suceso histórico de primera categoría, junto a la guerra del Salitre contra Chile. En los libros peruanos lo exponen como una gran victoria, sin embargo en los españoles como un gran escarmiento dado. Vamos viendo en las entradas anteriores que ni tanto, ni tan calvo. En realidad una guerra que supuso una propaganda que distrajo a ambos países de sus problemas cotidianos que iban a explotar al acabar las hostilidades. Perú y los demás países hispanoamericanos se afirmaban como una lucha antiimperialista. España demostraba que aún tenía fuerza en el extranjero.

FINAL DE LAS HOSTILIDADES
El 11 de junio se reunían en Valparaíso las dos escuadras aliadas, reforzadas ahora con la prsencia de los buques peruanos Huáscar e Independencia. El almirantazgo peruano planeaba atacar las islas Filipinas, pero dimitieron 35 oficiales peruanos al darle el mando de la flota a un extranjero: Jonh Tucker. También se temía una vuelta de la flota española, que estaba anclada en Río de Janeiro, reforzada a su vez por las fragatas Concepción y Navas de Tolosa.
Ese mes de junio el embajador español en Washington exponía la posible reocupación de las islas Chincha hasta el pago de la déuda. El gobierno estadounidense respondió el día 28 d ese mes con la amenza de aplicar la Doctrina Monroe.
el 22 de agosto, la fragata española Gerona capturaba en Madeira la corbeta chilena Tornado.
Era la última acción bélica. La flota atlántica ponía rumbo a España y la del Pacífico hacía lo mismo pero, dando la vuelta al mundo, siguiendo el itinerario de Elcano, como ya se vió en la novela galdosiana.
LAS CONSECUENCIAS INMEDIATAS
Tanto las Repúblicas como la monarquía isabelina, entraban en sendas crisis económicas, tras su olvido por la necesidad guerrera.
La guerra terminaba con una multiplicación astronómica de la deuda peruana, dados los gastos de rearme como por el corte de exportaciones de guano. En poco más de diez años se llegaba a una guerra muy cruel contra su antiguo aliado chileno (Guerra del Salitre o del Pacífico).
En 1866 la monarquía española entraba en una crisis económica acelerada tras una década de gran crecimiento económico. En 1868, se destronaba a Isabel II y se entraba en el llamado Sexenio Revolucionario o Democrático (1868-1874): nada menos que una dinastía italiana (Saboya), una I República, y una dictadura personal del general Serrano, daban lugar a la Restauración de los Borbones en persona de Alfonso XII (diciembre de 1874), acabando así el conflictivo sexenio.
LOS TRATADOS DE PAZ
En 1871, con la mediación de Estados Unidos, se firmaba el armisticio. Sin embargo, hasta 1879 no se firmaría el primer tatado de paz. En París se firmaba la paz con Perú. Ese año también con Bolivia. Hasta 1883 no llegaría la paz con Chile. Con Ecuador llegaría en 1885, nada menos que diecinieve años después del combate de El Callao, y eso que Ecuador no tuvo enfrentamiento directo con España.
Por ello, hasta mediados de los años 80 del siglo XIX, es decir, sesenta años después de las guerras de emancipación, no se llegaría a la normalización de las relaciones de la vieja metrópoli con las Repúblicas hispanoamericanas. Mucho tiempo, sin duda, y eso que España aún conservaba dos islas caribeñas: Cuba y Puerto Rico. Las perdería en 1898 en una guerra desigual contra Estados Unidos, que además se embolsó las Filipinas.
ALGUNAS REFLEXIONES
En mis viajes peruanos y, tras leer algo de la historia del país andino, y mis diálogos con los colegas limeños pude comprobar varias cosas.
* Me recordaron que existió esa guerra.
* Se extrañaban de que una importantísima plaza de Madrid lleve el nombre de Callao, en memoria del combate del Dos de Mayo. (Hay otra plaza madrileña de ese nombre y que sí es crucial en la historia hispana, pues supuso el incio de la invasión napoleónica en 1808).
* Leyendo blogs y entradas en Internet, los internautas peruanos se burlan y maximizan el combate, minimizando sus bajas.
Placas en la Plaza del Dos de Mayo en Lima recordatorias del combate.
(Cedidas cordialmente por el profesor y blogger de Amautacuna de la Historia, Arturo Gómez Alarcón)



Antiguo palacete, hoy Casa de Cultura municipal en La Punta de El Callao.
Rincón de El Callao, cerca del puerto de mar y del Real Felipe.

El Callao hoy es el puerto de Lima. Administrativamente es una ciudad diferente, aunque esté unido a la capital peruana por una avenida que mide unos 12 o 13 kms hasta el centro limeño. Incluso es una provincia diferente: Provincia Constitucional de El Callao. Es un problema, pues los taxis se niegan a ir y venir normalmente Lima-El Callao. La Punta es un barrio, con animadas cevicherías y playa para pasear a la brisa del mar.
Se puede visitar en el Callao, además de la fortaleza del Real Felipe, un Museo de la Marina peruana, un submarino y un parque temático de la policía. Las calles son muy pintorescas, aunque algo conflictivas a cietas horas.
Estas fotos tiraba yo en abril de este año en la madileña Plaza de El Callao.



Cines, grandes almacenes, lujosas cafeterías, calles terciarizadas, grandes masas de transeúntes, con prisa algunos yendo al trabajo, o tranquilos turistas u ociosos varios, son el aspecto de la céntrica plaza madrileña, recientemente reformada y peatonalizada, con la reducción del ruido del congestionado tráfico del centro de Madrid. Hoy más bien es una plaza que más que recordar la guerra, es como el nombre de El Callao, como existen calles y plazas con nombres de otras ciudades peruanas: Cuzco o Lima, ambas muy impportantes en el centro financiero de Madrid, en el elegante Paseo de la Castellana.

En realidad la guerra fue unútil para ambos bandos. No creo que ninguno tuviese beneficios de ella. La propaganda y el nacionalismo son recurrentes a gobiernos con dificultades internas, siguiendo la máxima de Maquiavelo.
Las víctimas de ambos contendientes pagaron esa tensión que los dos gobiernos no quisieron arreglar y, cuando lo intentaron, se vieron desbordados: el peruano al verse derrocado por las masas pidiendo la guerra dicha guerra y, el español, tras darse cuenta de que había llegado demasiado lejos, se vió desobedecido por el almirante gallego. Ambos se salieron con la suya: los sudameriocanos creyendo que habían derrotado el imperialismo español y el almirante se explayó en Lima al no poder hacerlo en Valparaíso. En realidad, la unidad sudamericana era una ilusión, pues la guerra entre los antiguos aliados era inminente. El imperialismo norteamericano y británico siguieron manejando, indirectamente, esos países.
Hoy, en la plaza del Callao de Madrid, si preguntamos el porqué de esa plaza, seguro que nadie sabría responder. A lo sumo respondería que como un homenaje a esa ciudad sudamericana. Ignorarían esta guerra narrada.
Hoy, también, y afortunadamente, doscientos años después de los movimientos que inciaron la emancipación hispanoamericana, las relaciones entre España y casi todos los países americanos, son muy buena, con el añadido de las inmigraciones masivas en España y las visitas turísticas españolas en aquellas tierras que hacen que el conocimiento mutuo vaya avanzando poco a poco.

DEDICO ESTAS ENTRADAS A MIS BUENOS AMIGOS LIMEÑOS, ESPERANDO QUE LES HAYA SIDO DE INTERÉS.

jueves, 8 de julio de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (VI): LA VUELTA AL MUNDO EN LA NUMANCIA (B)

Llegados a este punto de las entradas del monográfico de esta guerra, presento aquí la guía de lectura del Episodio Nacional 38 de la cuarta serie de los mismos. como apoyo a este estudio. Tratamos el argumento sobre todo, a modo de resumen por si alguien no quiere leer el episodio galdosiano.
El argumento detallado, a modo de resumen, está en estas imágenes, las que se leen con hacer clik en ellas.




De la lectura de los textos anteriores destacamos lo siguiente:
- Galdós intenta acercarse al sentir del pueblo español ante esta guerra que le quedaba muy lejos, incluso rayando en la indiferencia. En ningún momento hay muestras de patrioterismo español en toda la novela.
-Muy buena documentación sobre la guerra. Ya dijimos anteriormente que el mismo escritor costumbrista peruano Ricardo Palma le informó a don Benito sobre los aspectos peruanos.
-El narrador presenta al pueblo español en el progaonista principal: Ansúrez, sacado de la España profunda: un marino humilde que trabaja en la costa levantina.
-En todo el relato muestra una crítica a los dos gobiernos, español y peruano por no evitar la guerra. Ambos gobiernos son presentados como en crisis permanente interna (golpes de estado, crisis general, etc).
-La aparición de Belisario, la unión con Mara y el hijo de la pareja son símbolos de la unión de ambos países, más allá de guerras y crisis, símbolo de la amistad futura.
-Las descripciones geográficas son excelentes. Galdós era un gran aficionado a la geografía, a los paisajes, a los que retrata a la casi perfección, como buen escritor realiasta de su tiempo.
-Desde la España más profunda (Levante y la granadina Loja y la Andalucía penibética) hasta el mundo más lejano (las islas francesas de Reunión), pasando por el Perú.
-Algo flojo queda tratado a modo de ver el escenario peruano, aunque es disculpable al tratarse de una época como inicios del siglo XX, sin los grandes adelantos de hoy.
-Dos crisis políticas similares aparecen en la novela, desde las luchas entre moderados y prgresistas a las luchas peruanas peruanas similares.
-La novela, en todo caso, es de gran calidad y, al contario de lo que se cree, uno de los episodios más interesantes de la seri y del con junto de los mismos. Es muy común leerse solo los de las primeras series, cuando todos son interesantes. Solo los de la última serie sean ya más vulgares y de menor interés, dada la edad del autor y su cansancio y decadencia física e intelectual ya palpable.
-Los personajes, como en todos los episodios, se combinan entre los de ficción y los históricos reales. Veamos los más importantes.
Diego de Ansúrez, trabajador infatigable con suerte adversa en la vida en general. Marino por vocación y empujado a este viaje emulador de Elcano que le hace ser testigo de un episodio de la historia española del siglo XIX.
Mara, la hija de Ansúrez, madre de un niño, símbolo de la unión entre los dos países.
Belisario, el protagonista peruano. Mestizo típico: de familia criolla e indígena, símbolo racial y cultural del Perú independiente y republicano tras la independencia.
Los Chacón, el símbolo del Perú independiente, criollo y en este caso antiespañol por celo de su independencia recién conseguida.
Mendaro, otro símbolo de unión entre los dos países: residente en El Callao, luegar donde se ha instalado con su negocio y llegado a casarse con una peruana.
Entre los personajes históricos los que ya conocemos: Méndez Núñez o Pareja. Eduardo Iriondo es de histórico y presentado en la novela.
Es una de las pocas novelas de ambiente marino y de aventuras de la narrativa española de esos años (pensemos en que estaban en pleno auge los Verne, los Conrad, etc), junto a las novelas del mar que escribió Pío Baroja, de la ya generación del 98 y que toma el relevo de los realistas y naturalistas (Los pilotos de altura o Las Aventuras de Shanti de Andía).
Una novela muy histórica y buena fuente para la misma.
En la siguiente y última (y larga) entrada del monográfico de esta guerra expondré los tratados de paz y las reflexiones finales.



miércoles, 30 de junio de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (V): LA VUELTA AL MUNDO EN LA NUMANCIA (A)

En esta entrada examino una novela histórica -La vuelta al mundo en la Numancia- escrita por alguien contemporáneo a la guerra, aunque compuesta y publicada muchos años después de los sucesos: 1906, cuarenta años después, cuando, posiblemente ya estaba olvidada en la mentalidad colectiva de los españoles, si es que llegó a estar presente de manera efectiva. La literatura es una fuente muy importante en el hacer del historiador, es una aproximación a la mentalidad de algunos personajes de la época a analizar. La edición que uso es la de Carlos García Barrón, de la editorial Castalia. La introducción es excelente.
Los Episodios Nacionales de Galdós.
El gran escritor canario (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 / 1920, Madrid), al tiempo que publicaba sus grandes novelas (Gloria, Miau, Fortunata y Jacinta, Misericordia, etc) noveló muy acertadamente (Episodios Nacionales) el turbulento siglo XIX entre la batalla naval de Trafalgar (1805) y el gobierno de Cánovas (1880). Resumió su ingente obra en cinco series, subdivididas a su vez cada una en diez novelas o "episodios", salvo la quinta, que quedó inconclusa con solo seis títulos, y que tratan respectivamente de: (1ª serie) la Guerra de la Independencia; (2ª serie) el reinado de Fernando VII; (3ª serie) la época de las Regencias; (4ª serie) el reinado efectivo de Isabel II; y (5ª serie) el Sexenio Democrático y la Restauración alfonsina. La vuelta al mundo en la Numancia se inserta en la cuarta serie.
Don Benito Pérez Galdós fue uno de los grandes novelistas de la España del último cuarto del siglo XIX español, junto a Leopoldo Alas "Clarín" o Emilia Pardo Bazán. Su ideario político siempre fue progresista y fue evolucionando al republicanismo. En su obra última también evoluciona al experimentalismo poco a poco. Es un buen testimonio para narrar esta guerra.
La vuelta al mundo en la Numancia
Se escribió en el invierno de 1906. En esos años las relaciones con América ya eran normales, incluso se estaba ya olvidando la guerra de Cuba contra los Estados Unidos, y miles y miles de españoles emigraban a esas, ya casi primer centenarias, repúblicas. Galdós, gran viajero, contaba con sesenta y tres años en ese 1906. Ya era casi un anciano y estaba delicado de salud, por lo que no podía ya viajar al Nuevo Mundo. Sin embargo, como en todas sus obras, se documentó de forma notable. Ni más ni menos que se basó en las cartas que le envió el gran escritor criollo y limeño Ricardo Palma, el autor de las célebres Tradiciones peruanas, tras un viaje que realizó a España en 1892.
García Barrón cree que también consultó tres obras más: La perla de Lima, 1869, del español Fernando Fulgosio, y el libro del peruano Manuel Fuentes: Lima: Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres, 1867. También se basó en los detallados testimonios de los protagonistas españoles: Historia de la guerra del Pacífico, 1882, del teniente de navío Pedro Novo y Colson; Impresiones del viaje de circunnavegación en la fragata Numancia, del capitán de fragata Eduardo Iriondo.
En otra entrada haremos el resúmen detallado de la novela, una especie de guía para alguien que decida leerla o, al menos, tener una idea amplia de la misma.
Edición de la editorial Castalia en su colección Clásicos Castalia,
con el excelente prólogo de Carlos García Barrón.

La fragata Numancia
Es la gran protagonista de la novela. Era el buque insignia de aquella Armada española, una Armada aceptable en aquellos años, aunque muy por detrás de las de Gran Bretaña y Francia, o la de USA. Fue encargada a una empresa francesa, la cual la construyó en los astilleros de Tolón entre 1862 y 1863. Se botó el 19 de noviembre de ese año, aunque hasta finales de 1864 no se acabó definitivamente. Era una nave blindada, bien artillada, y de gran tonelaje. En la guerra su tripulación ascendía a los 590 marineros, al mando del capitán de navío Casto Méndez Núñez. En diciembre de 1864 llegaba a Cartagena y seguí a Cádiz. De la ciudad andaluza zarpó el 4 de febrero de 1865 para unirse a la flota del Pacífico.

La fragata Numancia.

Tuvo el honor de ser la primera fragata blindada en dar la vuelta al Mundo en dos años, siete meses y dos días, casi trescientos cincuenta años después de la gesta de Elcano. Tras los combates del Pacífico (1866) y su circunnvegación, su vida fue agitada.
En diciembre de 1870 trasladó al nuevo rey de España, Amadeo I de Saboya, a Cartagena, para iniciar su reinado en el país que lo había elegido. En esa misma época del Sexenio Democrático de España, participó en los sucesos del Cantón de Cartagena (1873). Huyó en manos de los acantonados a Orán. Se rindieron y el buque volvió a territorio español.
En 1896 hubo de ser reformado y modernizado en Tolón por su empresa constructora. Gracias a esa circunstancia se salvó de ser enviada a Cuba o a Filipinas a la lucha desigual contra los mismísimos Estados Unidos y yacer hoy en el fondo del océano, hundida por los torpedos de la flota del Tío Sam. El almirante Cervera no era Méndez Núñez, ni la flota yankee era la peruana o chilena de treinta años atrás.
En la primera década del siglo XX hizo su misión de ser el buque-escuela de la Armada hasta que, en 1912, fue dada de baja. En 1916, medio siglo después de su nacimiento y de la lucha en El Callao, era remolcada hacia Bilbao para su desguace cuando, en la costa portuguesa, entre Lisboa y Oporto, en Sesimbal, se quedó medio hundida, a la vista de los lugareños lusos. Era como una negativa a su vulgar destino tras su vida de aventuras del siglo XIX.
El viaje de la Numancia
El 4 de febrero de 1864 se inicia el viaje de nuestra blindada. El 13 de febrero llegaba a San Vicente, en las islas portuguesas de Cabo Verde. Un mes después (13-m), llegaba a Montevideo. Tras la accidentada y peligrosa travesía por el estrecho de Magallanes, llega al Pacífico y se sitúa frente a Valparaíso el 28 de abril. El 5 de mayo llegaba a El Callao. Ese año se desarrollaron los sucesos que llevaron a la guerra.
En mayo de 1866, acabado el bombardeo y hechas las reparaciones en la isla de San Lorenzo, Méndez Núñez volvería a España por el Atlántico pero, la Numancia y la Berenguela, volverían por el Pacífico.
Las provisiones y aguadas eran muy escasas y el escorbuto hizo su presencia, por lo que las condiciones debieron de ser muy similares a las de los españoles de tiempos de Elcano en el siglo XVI. En las francesas islas de Reunión se dió la primera escala. De ahí a Manila, en las entonces españolas Filipinas. La travesía llegaba al cabo de Buena Esperanza y el paso al Atlántico.
Sin embargo la ruta no fue por la costa africana sino que viró hacia Brasil. De allá a Cádiz de nuevo, en cuyo puerto recalan el día 20 de septiembre de 1867, después de dos años, siete meses y dos días desde que zaparon del mismo muelle. En la siguiente entrada estudiaré el relato novelístico.

sábado, 26 de junio de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (lV): LOS COMBATES

Vamos a ver aquí la relación de sucesos bélicos de esta mini guerra. En posterior entrada expondremos las reflexiones pertinentes. Tras lá campaña algunos datos sobre muertos y destrucciones.
El combate de Papudo
El comandante de la escuadra chilena Williams Rebolledo, en la corbeta Esmeralda, esperó cerca de Valparaíso a la goleta española Covadonga, al mando de Luis Fery. El 26 de noviembre se avistan. Rebolledo ideó un engaño por el cual expuso la bandera británica. Cuando estaban ya muy cerca, cambió el estandarte por el chileno. La Covadonga ya no puede huir y el capitán chileno Manuel Thomson, es el encargado por Rebolledonpara tomar la nave. Trtas saber la noticia en la flota española, el almirante Pareja se sumió en una fuerte depresión y se suicida. Eran tiempos de honor romántico y suicidio fácil.
El combate de Abtao
Perú envía su flota a Chile. La flota chilena la componían las naves: Esmeralda, Maipú y la recién apresada Covadonga. La peruana era algo mejor, aunque incompleta: las naves Apurímac, Amazonas, Unión y América. Esperaban la unión de dos buques insignias adquiridos en Europa y acorazados: Huáscar e Independencia. Ambas naves no llegaron a tiempo para participar en esta guerra.
Esta flota se encuantra con las naves españolas Villa de Madrid y Blanca, mandadas por Juan Bautista Topete. La flotilla se refugia en la accidentada costa de las islas Chiloé. Las naves españolas no pueden penetrar en un medio desconocido. Deciden esperar a Méndez Núñez que llegaría con la acorazada Numancia. Intrépidamente se metió entre los arrecifes y esperó la salida de la flota sudamericana. Tras no tener respuesta y, por las nieblas y temor a encallar, deciden retirarse. En las cercanías apresaron al chileno Paquete del Maule, con similar número de prisioneros al Covadonga. Era la respuesta al engaño de Papudo.
El bombardeo de Valparaíso
En vista de no poder combatir en campo abierto, Núñez decide bloquear la costa de Chile con bombardeos de puertos. Sólo efectuó el bombardeo de Valparaíso. Núñez estaría contrariado por no poder combatir en campo abierto y no debió de serle agradable atacar una ciudad indefensa. Tras enviar un ultimátum a Chile solicitando la devolución de la Covadonga y de algunos puntos más, decidió dar tiempo para que la población evacuase la plaza y se pusiesen banderas blancas en edificios como iglesias u hospitales. Se bombardarían instalaciones de almacenes y de tipo estratégico. El fin era hacer daño sin número de víctimas. Hubo dos muertos. Muy lejos del bombardeo cobarde que se dijo en su momento.
Una flota extranjera, estadounidense, francesa y británica, fondeada en ese puerto y, deseando evitar el bombardeo, acaba retirándose ante la negativa de Méndez de suspender el castigo. El 31 de marzo las naves Villa de Madrid, Vencedora, Blanca y Resolución, bombardean la ciudad durante dos horas. La población chilena intentó linchar a los prisioneros de la Covadonga. El gobierno chileno decide la expulsión de estos para evitar hechos similares.
La folta española decide dirigirse a El Callao para buscar un enfrentamiento bélico de verdad.
La lucha de El Callao (Lima), el día 2 de mayo de 1866
Méndez Núñez se presenta en la costa limeña en abril. En la isla San Lorenzo (islote situado a unos cinco kilómetros justo enfrente del El Callao, junto a otra menor aún llamada Frontón) desembarcan para preparar la operación bélica.
La flota española la componen las naves de guerra: Numancia, Blanca, Resolución, Berenguela, Villa de Madrid, Almansa, Vencedora, además de algunas naves auxiliares de la dicha flotilla. Se disponen en tres partes, norte, sur y centro, en paralelo a las torres artilladas organizadas por José Gálvez. El viejo Real Felipe, la dieciochesca fortaleza española, testigo de vigilancia frente a piratas y último bastión de la resistencia española en enero de 1826 tras la rendición de Rodil, quedaba de nuevo como espectador de una lucha entre peruanos y españoles.

Fuerte del Real Felipe, actual museo del Ejército peruano.

Las fuerzas peruanas disponían de un sistema de torres artilladas con los temibles cañones Armstrong y Blakely. También estaban las naves Sachaca, Colón y Túmbez, pero apenas pudieron salir del puerto ante el nutrido fuego español. También se organizó una fuerza de tierra ante un hipotético desembarco. A inicios de la mañana se inició el bombardeo. Ahora Núñez tenía la ocasión de combatir en condiciones de igualdad. Los episodios anteriores le debieron dejar ansioso de esta lucha. En ese siglo de honores y tratándose de militares de marina pues se comprenderá lo que pasaría por la mente del marino gallego.
En ese momento, el gobierno español, comprendiendo la gravedad del asunto y de que había llegado muy lejos, decidió enviar un emisario vía Panamá a Perú para ordenar a Don Casto a retirarse. Al comunicar con el alférez de navío Álvarez de Toledo, que traía la orden de retirada, el gallego le respondió algo como (en palabras de Galdós): "Mañana 2 bombardeo El Callao. Usted no ha llegado todavía; llegará pasado mañana, y en cuanto me comunique la orden del Gobierno, me apresuraré a obedecerle". Como vemos el bombardeo fue obstinación de Don Casto, fue el que llevó al combate. Cuestión de honor de aquél tiempo. Una cuestión que entrañaba riesgos fuertes y grandes: desproporción de fuerzas artilladas y sin costa de avituallamiento entre Lima y ¡Filipinas! Está visto que Núñez quería entrar en la historia. Y lo consiguió.
A media mañana abrió el fuego contra las torres limeñas. Hacia las 12,30 una granada alcanzó a Núñez. Que tuvo que ser atendido y retirado al camarote.

Méndez Núñez es herido en combate
Recreación del camarote de la Numancia.
Mobiliario instalado en el Museo de Pontevedra


Hacia las 13 horas, la Blanca dispara y acierta en el polvorín de la Torre de La Merced, explotando esta. La explosión fue muy cruel por la cantidad de ilustres víctimas, al ser una torre de mando. Se calculan unos cuarenta muertos. Entre ellos falleció el ministro José Gálvez y varios oficiales, entre ellos, (y aquí lo paradógico de esta guerra) el coronel Toribio Zabala, limeño pero de origen español criollo. Lo curioso es que los Zabala se dividieron tras la guerra de la Emancipación, pues este Don Toribio optó por la nacionalidad peruana, mientras su hermano, Juan Zabala, optó por la española, siendo héroe y general de las guerras carlista y de la guerra marroquí. En estos momentos vivían ambos hermanos (el español era, precisamente, el ministro de Marina), por lo que el peruano supo de las hazañas de su hermano en España y África, además de su ministerio, y el limeño, pero español de residencia, debió quedar consternado al saber de la explosión de La Merced. Paradojas de dos países que aún hacía poco tiempo relativo de sus guerras de independencia. Pensemos en la rama de los Goyeneche, divididos entre el españolismo y la nueva república peruana.
Hacia la caída de la tarde y de la garúa limeña, a las 16 horas, con los buques españoles tocados, pero ninguno hundido, se decide dar por finalizada la operación. Según testimonios sólo la Torre de Santa Rosa respondía.
Final del combate
Como es normal, ambas partes exageraron el combate. Ambas se dieron la victoria en sus diferentes periódicos. Los peruanos adujeron que los españoles habían sido humillados y la ionvasión abortada. Los españoles adujeron que sólo querían un castigo y se dieron la victoria por haberlo conseguido.
Las informaciones periodísticas estadounidenses hablan de victoria peruana, se nota el americanismo. Las fuentes francesas se aproximan a las españolas. es normal, recordemos que esos años la Francia de Napoleón III era aliada de la España de Isabel II.
De todas formas las dos fuentes hablan de la audacia española frente a los temibles cañones peruanos y la falta de avituallamiento desde hacía varios meses.
Las víctimas del 2 de mayo
También la guerra de cifras que se discuten para minimizar o no la miniguerra del Pacífico.
A) Las víctimas peruanas
En algúna fuente peruana se llegó a aceptar la cifra de ochenta muertos. Las fuentes extranjeras hablan de entre doscientos y cuatrocientos muertos y heridos. Las estimaciones españolas hablan de los mismois números. las bajas debieron de ser algo elevadas.
B) Las víctimas españolas
Se admitió el número de 43 muertos.

Hasta aquí los acontecmientos bélicos. En una próxima entrada trataré sobre las firmas de las diferentes paces con los diferentes países beligerantes, aunque en realidad, la guerra efectiva fue solo contra Chile y Perú, sobre todo con el Perú. Ecuador y Bolivia fueron beligerantes simbólicos. También haremos algunas reflexiones finales para tratar el tema con la fuente literaria galdosiana.


lunes, 14 de junio de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (III): EL PASO A LA GUERRA

Origen del problema que llevó a la guerra: la indemnización a España
El 2 de agosto de 1831 la joven República del Perú reconoce que tiene que pagar una indemnización al Reino de España en concepto de la Guerra de Emancipación. En 1850 se acepta pagar dicha indemnización siempre que España reconociese al Perú como país independiente. Si el gobierno de Madrid hubiese accedido a esta petición es posible que las relaciones entre ambos países y el resto de repúblicas latinaomericanas hubiesen seguido otros cauces mucho más amigables y en fechas más tempranas. Este no reconocimiento, y en esas fechas en las que se iniciaba el neo-imperialismo europeo, coincidió con la necesidad de afirmación de la conciencia nacional de esos países que llevaban entre treinta y veinticinco años independientes.
La expedición científica
El 10 de agosto de 1862 zarpaba de Cádiz una expedición científica hacia Sudamérica. El 6 de octubre anclaban en Río de Janeiro. El 6 de diciembre lo hacían en Montevideo, puerto donde se les une la nave de guerra Covadonga, mandada por Hernández Pinzón, descendiente de los míticos Pinzones colombinos. El 9 de mayo llegaban a Valparaíso. El 10 de julio atracaban en El Callao (Lima).
Pinzón era un personaje altanero y grosero, el cual no supo digerir el no ser recibido por el gobierno peruano. Zarpan a México y, de allí, regresan al Perú.
El incidente de Talambó
En 1859 América Latina estaba ya recibiendo inmigrantes europeos y de otros continentes para poder iniciar la explotación de sus inmensos territorios y riquezas naturales. Miles de europeos, tanto del norte anglosajón, como del sur mediterráneo, abandonan sus vidas míseras, víctimas de la revolución industrial, para buscar el sueño americano.
En este contexto y en ese año, el gobierno peruano autoriza a M. Salcedo, propietario de la finca de ese nombre, a contratar agricultores españoles para sus propiedades. En julio de 1859 llegan a la finca. Hubo un altercado grave que acabó con un muerto español y varios heridos. El entonces presidente Pezet promete justicia e inicia una investigación. La prensa española caldea el ambiente.
El gobierno isabelino envió a un personaje singular: Eugenio Salazar y Mazarredo, también un prepotente. En su fuero interno tenía el objetivo de anexionar las islas Chinchas (ya indicamos que ricas en guano) para cambiarlas con Gran Bretaña por el peñón de Gibraltar. Ni más ni menos el descabellado plan del personaje.
Hasta aquí la postura peruana es colaboradora aunque poniendo sus condiciones, tanto en el pago de la deuda como en la investigación del incidente de Talambó. La postura española, sin embargo, aún puede verse su actitud semi colonialista. No se había digerido la independencia como hecho consumado y sin posible vuelta atrás.
Los virajes hacia la guerra
En enero de 1864, nuevamente el gobierno peruano, como sucedió con Pinzón, se niega a reconocerle. Herido su orgullo, logró convencer a éste para que ocupase las dichas islas guaneras, sitas al sur de Lima, frente a la península de Paracas. La ocupación se llevó a cabo el 14 de abril de ese mismo año de 1864. Serían usadas las islas como moneda de cambio para el pago de la deuda y del castigo a los culpables de Talambó.
La ocuapación de esas islas, fuente de riqueza para el Perú, desató la indignación del pueblo peruano, el cual pide la guerra ya. Otros países también reaccionaron de forma indignada. Una solidaridad popular latinoamericana se desató es esa década en la que las potencias europeas y también España, tímidamente, parecía que querían entorpecer la independencia anterior. En realidad los europeos intentaban un imperialismo indirecto, en ningún caso una "reconquista". Las noticias no empujaron, de momento a los gobiernos, los cuales buscaban un arreglo pacífico.
Recordemos que la monarquía isabelina realizaba una política exterior muy activa: Marruecos, Santo Domingo, México, Guinea Ecuatorial, Vietnam. a veces en soledad, a veces en sumisión a las otras potencias, en general a la Francia del III Imperio de Napoleón. En ese contexto regresa a España Salazar y Mazarredo en julio de 1864. Azuza el ambiente al declarar que ha sido víctima de un intento de envenenamiento. En ese momento el pueblo peruano presiona al gobierno tranquilo peruano.
El gobierno isabelino envía al almirante Pareja. Como ya sabemos, limeño de nacimiento. En Chile murió su padre, en la guerra de Emancipación. Este personaje, a diferencia de San Martín en su momento, no tenía ningún lazo con América. Todo lo contrario, parece ser que iba a Latinoamérica a vengar al muerte de su padre.
La escuadra española en ese momento la componían los buques Numancia, Resolución, Almansa, Vencedora, Blanca de Castilla, Berenguela, Villa de Madrid y Covadonga. Curiosamente, la Armada española era aún importante. Tras las de Gran Bretaña o Francia, tenía gran potencia en Europa. Se estaba superando en algo las pérdidas de inicios del siglo. Los buques peruanos eran el Huáscar y el Independencia.
El caldeado ambiente aún explotó mas al firmarse frente a El Callao el llamado Tratado Vivanco-Pareja. El general peruano y el almirante español firmaron el acuerdo por el que se accedía a las peticiones españolas sin la previa devolución de las islas Chinchas. La población peruana lo consideró una humillación. Cuando parecía que las cosas iban a solucionarse, un desembarco de marineros españoles en El Callao, provocó una agresión contra los mismos, muriendo unos de ellos. El presidente Pezet accedió a indemnizar a la viuda.
Al poco, los acontecimientos se precipitan: un golpe de estado surge en Arequipa, con el que Pezet cayó del poder. El nuevo gobierno no acepta el tratado y se vuelve a la tensión. En Chile sucedió algo similar: el pueblo rebasa la quietud gubernamental. También cayó dicho gobierno chileno. Un sentimiento de solidaridad popular interamericano recorre algunas repúblicas.
El 24 de septiembre de 1865 Chile declaró la guerra a España. El 13 de diciembre lo hacía Perú. Las cosas se complican al recibirse las declaraciones de guerra de Ecuador y Bolivia el 14 de enero de 1866.
Se iniciaba una guerra estéril e inútil sin beneficios para ninguna de las partes beligerantes. La guerra duraría hasta 1871 y 1885, según se firmase la paz con las cuatro repúblicas.