
Toledo; Burgos, Valladolid, Madrid....la Corte castellana es itinerante según el capricho del rey de turno. En los iniciales años del siglo XVI, en los albores de la monarquía hispana, Carlos I la elige como su capital. En su alcázar reside el emperador alemán. Desde ese momento es la Ciudad Imperial, como se la conoce hoy. Pero por poco tiempo. Felipe II no muestra interés en Toledo que, definitivamente, pasa a ser ciudad provinciana en favor de Madrid, más del gusto del monarca.
Años y siglos de vida monótona y apagada, siempre bajo la mirada de la torre de la catedral, lo qu es decir de la Iglesia, poderosa por ser la sede primada de España su obispado. En 1983 se convierte en capital de Castilla-La Mancha, que junto al turismo culto nacional y extranjero le han dado de nuevo cierto movimiento.
Un museo urbano. Casi todos los estilos, menos el románico, se dan cita entre su caserío. Un estilo es original español y le da su primacía: el mudéjar, muy protagonista en sus templos y edificios civiles. Paseos interminables entre sus calles nos van descubriendo sus secretos. El alcázar, la catedral gótica, San Juan de los Reyes y su gótico flamígero o isabelino, el ayuntamiento barroco, el conjunto de puertas culminadas en la renacentista de Bisagra Nueva, el Hospital de Afuera o de Tavera, las sinagogas, la mezquita del Cristo de la Luz, el museo de Santa Cruz, San Idefonso o el cuadro del Greco: El entierro del Conde Orgaz, son solo algunos lugares de visita obligatoria en una primera visita, que debe repetirse varias veces para el perfecto conocimiento de Toledo.
Con el AVE, la ciudad está muy, muy cerca de Madrid en el tiempo: menos de media hora.
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