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domingo, 4 de octubre de 2009

EL MEJOR VIRREY DE MÉXICO: JUAN MANUEL DE GÜEMES, CONDE DE REVILLAGIGEDO

Al igual que en la entrada del virrey del Perú, el conde de Superunda, traemos hoy a este blog la figura de otro virrey notable, esta vez de Nueva España (México). Nuestro personaje será Juan Manuel de Güemes Pacheco Padilla (1740-1799), segundo conde de Revillagigedo, el cual es muy bien considerado por la historiografía mexicana contemporánea, reconociéndole su labor notable en el virreinato. Sin embargo, al igual que el anterior, acabó sus días amargado tras ser depuesto y juzgado por una conspiración contra él por sectores inmovilistas locales de México, aunque fue absuelto por la justicia peninsular. Un víctima del lamentable reinado de Carlos IV.

Hijo del también virrey de Nueva España, el cántabro Juan Manuel de Güemes y Horcasitas, nació en La Habana en 1740. Un virrey criollo por tanto. Nombrado Caballero de la Orden de Carlos III, se dedicó a la carrera militar, destacando su acción en el asedio a Gibraltar. Heredó de su padre el título del condado de Revillagigedo, siendo su segundo titular.

Juan Vicente Güemes, segundo conde de Revillagigedo
y virrey de Nueva España entre 1789 y 1794.

En su primera madurez (cuarenta y nueve años) llegó a la ciudad de México coincidiendo con la Revolución Francesa, la cual marcó su mandato, pues coincidió con sus etapas de máxima radicalización. Nada más llegar tuvo que resolver un crimen que conmocionó a la ciudad. Descubrió a los homicidas, unos españoles, a los que ejecutó sin miramientos. No era ningún corrupto y, si vemos la duración de su breve mandato, tan solo cinco años (1789-1794), comprendemos su ingente actividad reformadora.

Firma oficial que debió estampar muchas veces
para ordenar sus muchas reformas.
Sus principales reformas en la capital virreinal fueron:
* Pavimentación y alcantarillado urbanos.
* Embellecimiento de paseos y calles.
* Reordenación del tráfico ya denso.
* Desplazamiento de los cementerios al exterior de la ciudad por higiene.
* Lucha sin tregua contra la delincuencia para atajar la inseguridad de las calles con el establecimiento de patrullas urbanas y amejoramiento del alumbrado público en las principales vías.
* Imposición de medidas disciplinarias en el funcionariado para evitar la corrupción política.

Plano del México virreinal en el siglo XVIII.
Es típico de las ciudades hispanoamericanas
con su plano en damero y la Plaza de Armas en el centro.
Detalle de la actual Plaza del Zócalo en el siglo XVIII:
catedral, ayuntamiento y palacio virreinal.
1. Plaza Mayor.
2. Cabildo.
3. Palacio virreinal.
4. Palacio arzobispal.
5. Catedral.
6. Seminario.
7. Alcaicería.
8. Mercado.
9. Plaza del Volador.
Plano tomado del Instituto Geográfico Nacional de España, el cual tiene accesibles varios planos de las principales ciudades hispanoamericanas.

Actual Plaza del Zócalo, corazón de la capital.
Como hombre del siglo de la Ilustración, la cultura también estuvo dentro de su amplia acción política.
* Recibió a los miembros de la expedición botánica del naturalista Linneo.
* En 1790 ordenó excavar la Plaza de Armas (hoy Zócalo), descubriendo el calendario azteca.
* En 1793 creó el Museo de Historia Natural.
* En la Academia de San Carlos creó una cátedra de matemáticas aplicadas a la arquitectura.
* Estableció un Archivo General.
* Sin embargo decretó la prohibición de importar libros procedentes de Francia, verdadero germen revolucionario y en guerra contra la metrópoli los cinco años de su gestión.

Colegio de San Carlos. Calendario azteca.

Sus reformas no se limitaron solo al ámbito capitalino. Las extendió también al resto del territorio virreinal:
* Una amplia red de carretaras pavimentadas, en especial la que comunicaba la capital con Veracruz o la que lo hacía con Acapulco.
* Elaboración de un censo con alto grado de precisión, arrojando la cifra de 4.500.000 habitantes para el total del virreinato.
* Levanmiento de planos urbanos para las principales ciudades mexicanas.
* Se desarrollaron los cultivos de algodón, caña y lino.
* Creó una amplia red de escuelas para niños indígenas.
* El archipiélago cercano a la costa del Pacifico tomó su nombre: íslas de Revillagigedo.

En 1794, al final de su mandato había cosechado solo un fracaso: no pudo erradicar las malas costumbres locales como la deficiente higiene. Es más, empezaba su calvario personal como "premio" a su labor. Las envidias contra su persona y su hostilidad contra los sectores reaccionarios de la Ciudad de México provocaron que su Ayuntamiento le denunciase, provocando su destitución desde la península y su llamada a Madrid para su enjuiciamiento. Tenía cincuenta y cuatro años. Se le declaró inocente, pero el mal contra su persona estaba hecho. Es de imaginar su frustración y amargura al ver la decadencia de la Corte de Carlos IV y del país.
Cinco años después, en 1799, fallecía en Madrid uno de esos personajes, de gran valía política y humana, de los que hubiese sido necesaria su acción para reconducir y negociar por buenas vías el imparable proceso emancipador ya en ciernes en esos años postreros del siglo XVIII.
Pasa por la historiografía mexicana actual como el mejor y ejemplar virrey de la historia novohispana. Como contraposición, y como casi todos los virreyes de América, pasó desapercibido por la historiografía española.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

JOSÉ ANTONIO MANSO DE VELASCO, XLIII VIRREY DEL PERÚ

Muchos españoles, personajes históricos notables, son con frecuencia olvidados, puesto que su gran protagonismo, tanto en sus aspectos positivos como negativos, se desarrolló muy lejos de nuestras fronteras. Un ejemplo serían aquellos personajes que estuvieron en el continente americano. Entre virreyes, militares, eclesiásticos, comerciantes, artistas y personas anónimas del pueblo en general, algunos tuvieron papeles históricos fundamentales en aquél continente y, por ende, para su país. Traemos aquí uno de los principales virreyes del Perú: el riojano José Antonio Manso de Velasco, conde Superunda.

UN MILITAR NOTABLE (1705-1736)
Nació en el pequeño pueblo riojano de Torrecilla de Cameros en 1688. Hidalgo de pueblo. Con 17 años, en 1705, en plena Guerra de Sucesión española, inicia su carrera militar en el bando borbónico. Acabado el conflicto, continuó participando en acciones de guerra. El cardenal italiano Alberoni, nuevo hombre fuerte al servicio de la monarquía española, deseoso de recuperar los territorios perdidos en Italia tras el Tratado de Utrecht (1714), atacó la isla de Cerdeña, ataque en el que participa Manso de Velasco en 1717. Más tarde socorrió a Ceuta ante un ataque del muley Ismail en 1720. En 1727 participó en el intento fracasado de recuperar Gibraltar, en poder británico. Atacó Orán (1732), y entre 1733-1736 participó en campañas italianas. Llegó al grado de brigadier como premio a sus servicios militares en la activa política exterior de Felipe V.

José Antonio Manso de Velasco,
conde de Superunda (1688-1767).

Torrecilla de Cameros, La Rioja,
pueblo natal del conde.

ESTANCIA AMERICANA, SU SEGUNDA ETAPA DE GLORIA (1745-1761)
Con ya 49 años, en 1737, militar notable, inició su carrera americana, continente en el que residió veinticinco años (1737 a 1762), volviendo a España en desgraciadas condiciones con 74 años, viejo y cansado. Felipe V le confió la capitanía general de Chile tras rectificar un posible destino inicial en Filipinas. En sus nueve años de mandato en Santiago de Chile (1737-1745) negoció la paz con los cacíques de los hostiles mapuches (araucanos), ofreciendo garantías de mejores condiciones de vida a los indios. Repobló territorios fundando nuevas ciudades, entre ellas la de Rancagua.

Monumento suyo en Rancagua, Chile.
En 1745 es nombrado XLIII virrey del Perú, en sustitución de José Antonio Caamaño y Sotomayor, conde de Villagarcía de Arousa. Tenía ya 57 años. Practicamente su mandato peruano de dieciseis años (1745-1761) va a coincidir con el reinado de Fernando VI. Dos grandes problemas le van a ocupar en sus primeros años.
Nada más llegar a Lima, tiene que enfrentarse a una de las grandes rebeliones indígenas en el virreynato: la de Juan Santos Atahualpa, cacíque indígena, educado con los jesuitas. Desde 1742 y hasta 1760 organizó la guerra de guerrillas. Organizó la sublevación de los shipibo-conibos en la selva, llegando a atacar Jauja. Aunque no logró su objetivo de atacar Lima, nunca fue capturado, a pesar de la represión que desató el virrey, y fue considerado un precursor de la independencia.
El segundo reto que tuvo que afrontar fue el terrible terremoto de 1746, que destruyó casi por completo la capital limeña, acompañado de un tsunami que arrasó El Callao. Miles fueron la víctimas. El virrey se empeñó en la reconstrucción rápida y modélica de la ciudad, la cual estuvo concluida en 1748. En 1747, en el contexto de la reconstrucción inició las obras del Real Felipe, en honor del recientemente fallecido Felipe V. Es una fortaleza inmensa que tuvo como cometido la defensa de la ciudad ante posibles ataques piratas, aunque ya por esos años la piratería ya estaba en declive. Fué el último bastión de la resistencia española casi ochenta años después, tras la obstinación del general español Rodil. Hoy es uno de los museos más turísticos del Callao-Lima, propiedad del ejército peruano actual.
Juan Santos Atahualpa, cacíque indio que sublevó la selva peruana.
Nunca fue capturado.

Vista aérea del Real Felipe en El Callao.

Detalle del Real Felipe.

Por todos estos servicios, el rey Fernando VI le ennobleció nombrandole I conde de Superunda, que viene a ser sobre la onda, como vencedor de los desastres de aquél tsunami. Muy apreciado en Perú, tiene una calle en pleno centro de la capital limeña, calle que sale de la Plaza de Armas en dirección NO, hacia el bellísimo convento de Santo Domingo y la no menos Casa de Osambela, del empresario naviero navarro pasado al bando de los emancipadores.

Casa de Osambela en la calle limeña del conde de Superunda.


EL DESDICHADO FINAL (1761-1767)
En 1761, reinando el nuevo monarca en Madrid, Carlos III, empezaba su calvario. Tenía 73 años, cansado y viejo, conseguía su traslado a España, siendo relevado por el nuevo virrey: el catalán Manuel de Amat y Junyent. En 1762, en el largo viaje hacia España desde Lima por el Pacifico, el istmo de Panamá y La Habana, le sorprende una declaración de guerra contra Gran Bretaña. La Habana es atacada por una flota británica. Juan de Prado Portocarrero, capitán general de Cuba, decide entregarle la responsabilidad de la defensa. La capital caribeña se encontraba casi desguarnecida y, tras una resistencia de dos meses, hubo de capitular. En anciano conde fue hecho prisionero por los británicos.
Llegado a España fue procesado por capitular. El rey Carlos III firma la sentencia que le condenaba al destierro en Granada y a la expulsión del Ejército. Murió en 1767, en la localidad cordobesa de Priego, pobre y despreciado. Fue enterrado en la iglesia de San Pedro. Contaba 79 años. Triste final de una vida consagrada al Estado.
Calle del bello pueblo andaluz de Priego de Córdoba,
lugar de enterramiento del conde de Superunda.

sábado, 12 de septiembre de 2009

LOPE DE AGUIRRE, EL LOCO. UN REBELDE CONTRA LA MONARQUÍA ESPAÑOLA (2ª PARTE)

Tras leer la biografía de Lope de Aguirre, expongo ahora dos textos:
El primero es la carta que escribió al rey Felipe II en abierta rebeldía contra él. Es interesate el estilo del autor.
El segundo es un capìtulo íntegro de la novela de Pío Baroja, escrita a inicios del siglo XX: Las inquietudes de Shanti de Andía, en la que el imaginario personaje de la novela es un descendiente del vasco indómito.
TEXTO 1
Carta a Felipe II.

“Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible.
Lope de Aguire, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, en mi prosperidad hijodalgo, natural vascongado, en los reinos de España, vecino de la villa de Oñate.
En mi mocedad pasé el mar océano a las partes del Perú por valer más y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien. Con la lanza en la mano, en veinticuatro años te he hecho muchos servicios en el Perú, con conquistas de indios y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros en que me he bailado por tu real Corona y nombre conforme a mis fuerzas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga ni socorro, como parecerá por tus reales libros.
Bien creo, excelentísimo señor, aunque para mi y para mis compañeros nos hayas sido cruel e ingrato, que por tan buenos servicios como has recibido de nosotros me creerás en lo que dijere, aunque también creo que te deben engañar los que te escriben de estas tierras, como estás tan lejos de ellas.
Avísote, rey español, que estos tus Reinos de Indias tienen necesidad que haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más las crueldades que usan tus oidores, visorrey y gobernadores,
HE SALIDO de hecho con mis compañeros cuyos nombres después diré, DE TU OBEDIENCIA, desnaturarnos de nuestras tierras que es España, para hacerte en estas partes la más cruel guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir.
Esto cree, rey y señor, nos ha hecho no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros, que por remediar sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra, que es lástima oír el mal tratamiento que se nos ha hecho.
Y yo, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga con el mariscal Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio como yo y mis compañeros somos y seremos hasta la muerte, porque ya de hechos hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de tu fe y palabras, y tenemos en estas tierras tus perdones por de menos crédito que los libros de Martin Lutero, pues tu virrey marqués de Cañete, malo, lujurioso, ambicioso y tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, y al bravoso Tomás Vázquez, conquistador del Perú, y al triste de Alonso Díaz, que trabajó más en el descubrimiento que los pobladores de Moisés en el desierto, y a Piedrahita, buen capitán, que rompió muchas batallas en tu servicio, y en Pucara ellos te dieron la vida, porque si ellos no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Perú.
No tengas en mucho el servicio de estos tus oidores que te escribieron haberte hecho, porque es muy gran fábula si llaman servicio haberte gastado ochocientos mil pesos de tu real caja para sus vicios y maldades.
Castígalos como a malos, que cierto lo son. Mira, mira Rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni ingrato, pues estando tu padre y tu en los reinos de Castilla sin ninguna zozobra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes.
Mira, Rey y señor, que no se puede llevar con título de rey justo ningún interés de estas partes donde no aventuraste nada, sin que primero los que en estas tierras han trabajado y sudado sean gratificados sus servicios.
Por cierto tengo que VAN POCOS REYES AL INFIERNO porque sois pocos, que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque creo que allí seríades peores que Luzbel, según tenéis ambición, sed y hambre de hartaros de sangre humana.
Mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad. Y así, Rey señor, te juro y hago voto solemne a Dios de que yo y mis doscientos arcabuceros marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejar ministro tuyo, porque ya sé hasta donde llega tu clemencia. El día de hoy nos hallamos los más bienaventurados de los nacidos por estar como estamos en estas partes de las Indias teniendo la fe y mandamientos de Dios enteros, aunque pecadores en la vida, sin corrupción, como cristianos, manteniendo lo que predica la santa madre iglesia de Roma, y pretendemos, aunque pecadores, recibir martirio por los mandamientos de Dios.
A la salida que hicimos del Río de las Amazonas, que se llama el Río del Marañón, vine a una isla poblada de cristianos, que tiene por nombre La Margarita, y en ella vi unas relaciones de España que habían venido entonces de la gran cisma que había en ella de luteranos que nos han puesto temor y espanto, y en nuestra compañía venía un alemán que se llama Monteverde, al cual mandé hacer pedazos: los hados le darán la pena de los cuerpos. Donde nosotros estuviéramos, excelente príncipe, cumple que vivan perfectamente en la fe de Cristo.
Especialmente es tan grande la disolución de los frailes en estas partes, que cierto conviene que venga sobre ellos tu ira y castigo, porque ya no hay ninguno que presuma de menos que de ser gobernador.
Mira, mira, Rey, no les creas, pues las lágrimas que allá echan, delante de tu real presencia, es para venir acá a mandar. Si quieres saber la vida que por acá tienen es entender en mercaderías, procurar y adquirir bienes temporales y vender por precios los sacramentos de la iglesia, enemigos de pobres, ambiciosos, glotones, soberbios, de manera que por mínimo que sea un fraile, pretende mandar y gobernar estas tierras. Por remedio, Rey y señor, porque de estas cosas y malos ejemplos no está cumplida ni fijada la fe en los naturales. Mas te digo, que si esta disolucién de estos frailes no se quita, no faltarán escándalos.
Aunque yo y mis compañeros, por la gran razón que tenemos, nos hayamos determinado a morir, y esto cierto y otras cosas pasadas, singular Rey, tu has dado la causa, por no te doler del trabajo de tus vasallos.
Si no mira lo mucho que les debes, que si tú no miras por ellos y te descuidas con estos oidores, nunca acertarás en el gobierno de tus reinos, y por cierto no hay para qué presentar testigos más de avisarte cómo estos tus oidores tiene cada uno de acostamiento por año cuatro mil pesos, y ocho mil pesos ahorrados y heredamientos y posesiones, y con todo esto si se contentasen con servirlos como a hombres medio mal seríamos.
Por nuestros pecados quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos como a Nabucodonosor, cosa cierto insufrible, y no porque yo como hombre lastimado y manco de mis miembros en tu servicio y mis compañeros viejos y cansados en lo mismo, te he de dejar de avisar que no lies en estos letrados tu real conciencia, porque no cumple a tu real persona, con éstos que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas y traen por refrán: A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
Pues los frailes a ningún hombre pobre quieren predicar y están aposentados en los mejores repartimientos del Perú. La vida que tienen es áspera y fragosa, porque cada uno de ellos tiene por penitencia en sus cocinas una docena de mozas no muy viejas y otros tantos muchachos que les van a pescar, pues a matar perdices y traer fruta. Todo el repartimiento es poco.
En fe de cristiano te juro, Rey señor, que si no pones remedio en los males de estas tierras, que te ha de venir azote del cielo, y esto dígolo por avisarte de la verdad, aunque yo y mis compañeros no esperamos de ti misericordia. ¡Ay, ay! Qué lástima tan grande que el emperador tu padre conquistase con la fuerza de España la superva Germania y gastase tanta moneda llevada de estas Indias descubierta por nosotros, y que no te duelas de nuestra vejez y cansancio siquiera, y matarnos la hambre y sed.
Sabes que sabemos en estas partes, excelente Rey y señor, que conquistastes a Alemania con armas y Alemania conquistó a España con vicios, de que cierto nos hallamos acá más contentos con maíz y agua sola por estar apartados de tan mala roña, que los que en ella han caído pueden estar con sus vicios y regalos. Anden las guerras por donde anduvieren, pues para los hombres se hicieron, mas en ningún tiempo por adversidad que nos venga no dejaremos de ser sujetos y obedientes a los preceptos de la madre santa iglesia de Roma.
No podemos creer, excelente Rey y señor, que tu seas cruel para tan buenos vasallos como en estas partes tienes, sino que estos malos oidores y ministros lo deben de hacer sin tu consentimiento.
Dígolo, Rey y señor, porque en la ciudad de los Reyes dos leguas junto a la mar, se descubrió una laguna donde se cría algún pescado, que Dios lo permitió que fuese así, y estos tus oidores y oficiales de tu persona por aprovecharse como lo hacen del pescado y aquel regalo y vicios, los arriendan en tu nombre, dándonos a entender como si fuesen inhábiles que es por tu voluntad.
Si ello es así, déjennos pescar algún pescado siquiera, porque trabajamos en descubrirlo, porque el rey de Castilla no tiene necesidad de cuatrocientos pesos que es la cantidad porque se arrienda, y pues, esclarecido Rey no te pedimos mercedes en Córdoba, ni en Valladolid ni en toda España que es tu patrimonio, duélete, señor, de alimentar a los pobres cansados en los frutos y réditos de esta tierra, y mira, Rey y señor, que hay Dios para todos, igual justicia y premio, paraíso e infierno.
En el año de mil y quinientos cincuenta y nueve dio el marqués de Cañete la jornada de las Amazonas a PEDRO DE ORSÚA, navarro y por mejor decir francés. Tardó en hacer navíos hasta el año de mil y quinientos sesenta en la provincia de los Motilones, que es en términos del Perú, y porque los indios andan rapados a navaja se llaman Motilones.
Estos navíos por ser la tierra donde se hicieron lluviosa, al tiempo de echarlos al agua se nos quebraron los más de ellos e hicimos balsas y dejamos los más caballos y haciendas y nos echamos por el río abajo con hartos riesgos de nuestras personas. Luego topamos los más poderosos ríos del Perú, de manera que nos vimos en golfo dulce. Caminamos de primera faz trescientas leguas desde el embarcadero donde nos embarcamos la primera vez.
Fue este mal gobernador tan perverso y ambicioso y miserable que no le pudimos sufrir y así por ser imposible relatar sus maldades y por tenerme por parte en mi caso como me tendrán, excelente Rey señor, no diré más de que LE MATAMOS, muerte cierto bien breve, y luego a un mancebo, caballero de Sevilla que se llamaba don Fernando de Guzmán, le alzamos por nuestro Rey y le juramos por tal, como tu persona real verá por las firmas de todos los que nos hallamos aquí, que quedan en la isla de La Margarita, en estas Indias, y a mí me nombraron por su maestre de campo, y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y YO MATÉ AL NUEVO REY, y al capitán de su guardia, y a su teniente general, y a cuatro capitanes, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí, y a un comendador de Rodas, y a un almirante, y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos; y con intención de llevar la guerra adelante y morir en ella por las muchas crueldades que estos vuestros oidores usan con nosotros. Nombré de nuevo capitantes y sargento mayor, y luego me quisieron matar, y YO LOS AHORQUÉ A TODOS.
Caminando nuestra derrota y pasando todas estas muertes y malas venturas en este río Marañón, tardamos, hasta la boca de la mar del Norte, más de diez meses y medio. Caminamos cien jornadas justas. Anduvimos MIL Y QUINIENTAS LEGUAS justas por río grande y temeroso. Tiene de boca ochenta leguas de agua dulce, y no como dicen, por muchos brazos. Tiene grandes bajíos, ochocientas leguas de desierto sin género de poblado como tu Magestad lo verá por una relación que hemos hecho bien verdadera.
En la derrota que corrimos tiene más de seis mil islas. ¡Sabe Dios como escapamos de este lago temeroso! Dígote, Rey y señor, no proveas ni consientas que se haga ninguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y señor, que si vinieren cien mil hombres ninguno escape porque la relación que otros dan es falsa y no hay en el río otra cosa sino desesperar, especialmente para los chapetones de España.
Los capitantes y oficiales que al presente llevo que prometen de morir en esta demanda como hombres lastimados son los siguientes: Juan Jerónimo de Espindola, genovés, capitán de infantería; Juan Gómez, almirante Cristóbal García, capitán de infantería, los dos andaluces. El capitán de a caballo Diego Tirado, andaluz, que tus oidores, Rey y señor, le quitaron con grande agravio indios que había ganado con su lanza. Mi capitán de la guardia Roberto de Sosaya y su alférez Nuflo Hernández, valenciano y Juan López de Ayala, de Cuenca, nuestro pagador; alférez general Blas Gutiérrez, conquistador, de veinticinco años; Juan Ponce, natural de Sevilla y Custodio Hernández, alférez, portugués; Diego de Torres, alférez navarro; sargento Pedro Rodríguez Viso y Diego de Figueroa; Cristóbal de Ribas, conquistador; Pedro de Rojas, andaluz; Juan de Saucedo, alférez de a caballo; Bartolomé Sánchez Paniagua, nuestro barrachel; Diego Sánchez Bilbao, proveedor; García Navarro veedor general y otros muchos hijosdalgo de esta liga, ruegan a Dios Nuestro Señor te aumente siempre en bien y ensalce en prosperidad contra el turco y franceses y todos los demás que en esas partes te quisieren hacer guerra, y en éstas nos de Dios gracia que podamos alcanzar por nuestras manos el premio que se nos debe, pues de derecho nos has negado lo que se nos debía.
Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. LOPE DE AGUIRRE, EL PEREGRINO.



TEXTO 2

LAS INQUIETUDES DE SHANTI DE ANDÍA.
Pío Baroja (1872-1956).
Novelista de la llamada Generación del 98.

TEXTO DEL CAPÍTULO VI DEL LIBRO PRIMERO
De muchos capitanes, marinos, aventureros y frailes se ocupaba el libro de la familia; pero, entre todas aquellas, la más extraordinaria, la más absurda, dentro de su realidad, era la de Lope de Aguirre, el loco, llamado también Lope de Aguirre, el traidor.
Varias veces leí las aventuras asombrosas de ese hombre, que en el manuscrito se contaban con todos sus detalles.
Domingo de Cincunegui, el autor de los Recuerdos históricos de Lúzaro, me ha pedido repetidas veces que registre por todos los rincones de Aguirreche, para ver si se encuentra el viejo manuscrito; pero el folio no aparece: sin duda, a la muerte de mi abuela se perdió: quizá a alguno de los marineros que vive ahora en el viejo caserón le habrá servido para encender el fuego. Lo que dice Cincunegui en sus Recuerdos de Lúzaro está tomado de la historia del Perú y Venezuela.
De sus Recuerdos tomo estos datos, para dar una idea de mi terrible antepasado:
“Lope de Aguirre nació en el primer tercio del siglo XVI, y era vizcaíno. No se sabe de qué pueblo. En el siglo XVI aparecen tres casas de Aguirre importantes: una de Oyarzun, otra de Gaviria y otra de Navarra.
Lope de Aguirre debía de ser de una de estas casas.
Llegó Lope al Perú, a mediados del siglo XVI, y tomó partido por Gonzalo Pizarro en la rebelión de éste. Durante algún tiempo estuvo a sus órdenes, hasta que le hizo traición y ejecutó contra sus antiguos compañeros actos de crueldad inaudita.
Era Lope hombre inquieto y turbulento, terco y mal encarado. Condenado a muerte durante una sedición, se evadió y tomó el oficio de domador de caballos. Buen oficio para poner a prueba su bárbara energía. A Lope le conocían entre los soldados por el apodo de Aguirre, el loco.
En 1560, el virrey, don Andrés Hurtado de Mendoza, confió al capitán vasco Pedro de Ursúa una expedición para explorar las orillas del Marañón en busca de oro. Lope fue uno de los principales jefes de la partida.
Una noche, el inquieto Aguirre sublevó a la tropa expedicionaria, y el mismo cosió a puñaladas al capitán Ursúa y a su compañera, Inés de Atienza, que era hija del conquistador Blas de Atienza.
Lope asesinó también al teniente Vargas y dirigió un manifiesto a los rebeldes, que le siguieron. Los sublevados proclamaron general y príncipe del Perú a Fernando de Guzmán, y mariscal de campo a Lope de Aguirre.
Como Guzmán reconviniera a Lope por su inútil crueldad, el feroz vasco, que no admitía reconvenciones, se vengó de él, asesinándolo y cometiendo después una serie de atropellos y crímenes.
A la cabeza de sus hombres, subyugados por el terror (ahorcó a ocho que no le parecían bastante fieles), bajó por el Amazonas y recorrió, después de meses y meses, la inmensidad del curso de este enorme río, y se lanzó al Atlántico.
No contaba Lope más que con barcas apenas útiles para la navegación fluvial; pero él no reconocía obstáculos y se internó en el océano. Lope de Aguirre era todo un hombre.
Resistió en alta mar, cerca del Ecuador, dos terribles temporales en sus ligeras embarcaciones, y fue bordeando con ellas las costas del Brasil, de las Guayanas y de Venezuela.
Allí donde arribaba, Lope se dedicaba al pillaje, saqueando los puertos, quemando todo cuanto se le ponía por delante, llevado de su loca furia.
El fraile de la flotilla se permitió aconsejar, suplicar a su capitán que no fuera tan cruel. Aguirre le escuchó atentamente, y atentamente lo mandó ahorcar.
Sintiendo quizá remordimientos en su corazón endurecido, llamó a su presencia a un misionero de Parrachagua, para confesarse con él; y como el buen sacerdote no quisiera darle la absolución, ordenó lo colgaran, sin duda para que hiciese compañía al otro fraile ahorcado.
Los aventureros poco adictos a su persona iban siguiendo la misma suerte.
De los cuatrocientos hombres que salieron con Ursúa, no le quedaban a Lope más que ciento cincuenta, y de éstos, muchos iban, por días, desertando.
Aguirre, al verse sin la tripulación necesaria para sus barcos, les pegó fuego, y luego se refugió, con su hija y algunos compañeros fieles, en las proximidades de Barquisimeto, de Venezuela.
Allí, en el campo, en una casa abandonada, Aguirre escribió un memorial a Felipe II, justificándose de sus desmanes, y para dar más fuerza a su documento, lo firmó de esta manera audaz, cínica y absurda:

Lope de Aguirre
El traidor.

Las tropas del rey, unidas con algunos desertores de Aguirre, fueron acorralando al capitán vasco como a una bestia feroz para darle muerte.
Quebrantado, cercado, cuando se vio irremisiblemente perdido, Lope, sacando su daga, la hundió hasta el puño en el corazón de su hija, que era todavía una niña.
- No quiero –dijo- que se convierta en una mala mujer, ni que puedan llamarla, jamás, la hija del Traidor.
Después mandó a uno de sus soldados fieles que le disparara un tiro de arcabuz.
El soldado obedeció.
Mal tiro –exclamó Lope al primer disparo, al notar que la bala pasaba por encima de su cabeza.
Y cuando sintió, al segundo disparo, que la bala penetraba en su pecho y le quitaba la vida, gritó saludando a su matador, con una feroz alegría.
- Este tiro ya es bueno.
Realmente, Lope de Aguirre era todo un hombre.
Después de muerto le cortaron la cabeza y descuartizaron el tronco, conservándose la calavera en la iglesia de Barquisimeto, encerrada en una jaula de hierro.”

Esto es lo que cuenta Cincunegui en sus Recuerdos históricos de Lúzaro, y, poco más o menos, es lo que decía el libro de casa de mi abuela, aunque con muchos más detalles y comentarios.
El leer aquellas aventuras de Aguirre me producía un poco la impresión que produce a los niños Guignol cuando apalea al gendarme y cuelga al juez. A pesar de sus crímenes y de sus atrocidades, Aguirre, el loco, me era casi simpático.

LOPE DE AGUIRRE, EL LOCO. UN REBELDE CONTRA LA MONARQUÍA ESPAÑOLA (1ª PARTE)

Lope de Aguirre fue un criminal. De carácter rudo, no le temblaba la mano a la hora de asesinar, inclusive a su propia hija. Es un maldito de la Historia de España aunque, si nos atenemos a su viaje, es también, uno de sus grandes exploradores. Habría que imaginarse su fabulosa aventura, aquella de navegar por el río Amazonas en aquél siglo XVI, sin repelente de mosquitos, ni cremas solares, ni temor a las diarreas, ni las vacunas antimalaria, ni nada parecido. Un viaje que ya realizó casi veinte años antes el también aventurero, el trujillano y familiar lejano de Pizarro: Francisco de Orellana. Una auténtica epopeya de la época.


Lope de Aguirre. Se aprecian sus facciones rudas, propias de un violento y loco.

Nació este vasco legendario en el Valle de Araotz, en el entonces señorío de Oñate, hoy provincia de Guipúzcoa. En 1561, con cincuenta años, fué arcabuceado por soldados de su expedición. El lugar, la hoy población venezolana de Barquisimeto.

Un cronista de su época, Ibarguren Cachopín, afirma que nació en la población alavesa de Aramayona. Le cita como Pedro, y no como Lope. Tras ser zapatero en Vitoria, hubo de huir a las Indias para escpar de la horca tras haber abusado de una mujer de alcurnia.

En América se casó con una india, de la que tuvo una hija mestiza: Elvira. Se alistó en la tropa de Pizarro en 1536. Tras la conquista se enfrentó al virrey Blasco Núñez de Vela, el cual tenía la misión de plicar la nuevas Leyes de Indias, las cuales buscaban impedir el desarrollo de las encomiendas. Tras estar en el bando encomendero de Gonzalo Pizarro, se alió con Vela. A pesar de ello, el juez Francisco de Esquivel le condenó azotes públicos. Este hecho le dejó resentido y acabó asesinando al mismo juez.

Gonzalo Pizarro. Trujillo ¿1510?-Cuzco, 1548.
Hermano del conquistador, tras ser derrotado por las fuerzas del virrey,
fue ejecutado en Cuzco.


Se acogió a una amnistía del nuevo Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, el cual organizó una expedición de mercenrios y antiguos encomenderos en busca del mítico El Dorado, lugar de oro en abundancia según relatos de explordores. El objetivo de tan arriesgada misión no era otro para el virrey que intentar librarse de ellos en una muerte más que probable.

Tras salir de Tujillo, iniciaron su marcha en 1560 a las órdenes del navarro Pedro de Ursúa. Se les llamó los "marañones", ya que tenían como objetivo remontar dicho río y llegar al mítico territorio de las mujeres guerreras o "amazonas". Para conseguir ser el jefe de la expedición asesinó a Ursúa y a su amante Inés de Atienza. Más tarde hizo lo mismo con el segundo de la expedición: Francisco de Guzmán.

Ya siendo jefe de la restante tropa, decidió romper con el msmo rey Felpe II, para hacerse un señor de la selva. Escribió una carta con toda falta de respeto al monarca. Llegó al Atlántico y, bordeando la costa, a la actual Venzuela.

Andrés Hurtado de Mendoza (Granada, 1510-Lima, 1561).Marqués de Cañete (Cuenca) y tercer virrey de Perú entre 1555 y 1561.Ordenó la expedición de búsqueda de El Dorado para librarse de mercenarios encomenderos como Lope de Aguirre.


Pedro de Ursúa (Valle del Baztán, Navarra,1526-selva del Amazonas, 1561).
Jefe de la expedición hasta su asesinato a manos de Aguirre.

Se dice que asesinó a 72 personas en menos de un año. Hartos de su crueldad, sus hombres acabaron arcabuceándole en la actual ciudad venezolana de Barquisimeto. Las tropas españolas encargadas de su captura echaron sus restos a los perros y su cabeza fue expuesta. Ante de morir asesinó a su propia hija Elvira para evitar que fuese violada por sus mercenarios con afán de venganza antes sus anteriores tropelías.

Mapa de la ruta de Aguirre (I).
Elaboración propia basado en el mapa del blog HISTORIA EN MAPAS.


Mapa de la ruta de Aguirre (II).


El gran novelista español, aragonés, de la primera mitad del siglo XX: Ramón J. Sénder, escribió una novela narrando su aventura.


domingo, 6 de septiembre de 2009

RAFAEL DEL RIEGO Y EL TRIENIO CONSTITUCIONAL: UN MITO DE LA ESPAÑA LIBERAL (2ª Parte)

Tras leer la entrada anterior, es conveniente leer esta siguiente entrada en la que expongo escaneadas varias páginas interesantes al ser fuentes históricas, sobre todo la segunda, al ser directa, de la época.
La primera es la reproducción del capítulo cinco del Episodio Nacional 17: El terror de 1824, según la edición de Alianza Editorial. Describe la ejecución de Riego.





Ahora expongo la última carta que escribió en vida. Está sacada del libro de sus diarios, reseñado en la entrada anterior.


Plumilla del siglo XIX que ilustra la ejecución de Riego.
P.D. Lamento no poder publicar un vídeo de You Tube en el que se ilustra el Himno de Riego, con esceas de banderes republicanas o escenas de la guerra civil. La ignorancia del autor del blog sobre la informática, es supina. Tecleando en vídeos de Google se pueden ver varios.

RAFAEL DEL RIEGO Y EL TRIENIO CONSTITUCIONAL: UN MITO DE LA ESPAÑA LIBERAL (1ª Parte)

La figura de Rafael del Riego es, sin duda, la que más ha dado que hablar del siglo XIX español. Sin ser el personaje de mayor relieve, ha pasado a ser el referente de la historia del republicanismo y de toda la izquierda española en general. Su nombre inspiró en su tiempo una marcha a ritmo de pasodoble, con letra épica y que se tomaría como himno nacional de España durante la II República en el siglo XX.

Nació en el seno de una familia hidalga, en la aldea de Tuña (24 de octubre de 1785), en el concejo de Tineo, en el occidente asturiano. Estudió en la Universidad de Oviedo, en la cual se gradúa en 1807. En las vísperas de la invasión napoleónica se traslada a Madrid para alistarse como Guardia de Corps. Fue apresado e internado en El Escorial, de donde se fuga para huir a Asturias, donde su padre lideraba la resitencia contra el francés. En noviembre de 1808, ante la derrota del ejército español en Espinosa de los Monteros (Burgos), fue de nuevo apresado y llevado a Francia, donde va a leer las obras del liberalismo más avanzado. Ingresó en la masonería y viajó por Alemania y Gran Bretaña. En 1814 regresa a España y jura la Constitución de 1812. Es ascendido a teniente coronel.

Casa natal de Riego en Tuña (Tineo-Asturias).
El autor del blog (derecha) con un amigo en agosto de 2003.

Durante los años de restauración absolutista (1814-1820) con Fernando VII, conspiró con otros militares. Todas fracasaron antes de 1820.

Retrato de Rafael del Riego durante el Trienio Constitucional.

Monumento a Riego en Las Cabezas de San Juan (Sevilla).
El invierno de 1820 sería el de su entrada en la historia de España. Fue destinado a una expedición miliar a Buenos Aires para sofocar la rebelión de la naciente Argentina. El año de 1819 la epidemia de fiebre amarilla asolaba Andalucía y el descontento ante la miseria tras la Guerra de la Independencia le hicieron suponer que su pronunciamiento triunfaría esta vez. El 1 de enero de 1820, en Las Cabezas de San Juan, población sevillana cercana a Lebrija, se sublevó con su tropa y proclamó la Constitución de 1812. Ninguna guarnición le secundó inicialmente. Se dirigió a la ciudad de Cádiz, la pionera del liberalismo, pero fracasó ante la Puerta de Tierra. Desde ese momento dejó una tropa de 3.000 soldados asediando la ciudad. Él decidió con una fuerza de 1.500 hombres recorrer Andalucía para ganarla a su causa. Encontró indiferencia por la localidades que pasaba. No obstante, no era sofocada su rebelión.
Su aventura por los pueblos blancos de Cádiz, en una geografía accidentada, anegada por las lluvias de la época y los malos caminos, está documentada en un libro comentado por Gil Novales, uno de los máximos especialistas del Trienio: La revolución de 1820, día a día. Según sus diarios se trasladó a Arcos de la Frontera el día 3 de enero. El resto del mes estuvo en las puertas de Cádiz, ante las que fracasa. Su trayecto es el que sigue:
En enero:
27: El Coronil.
28: Conil.
29: Vejer de la Frontera.
31: Algeciras.
En febrero:
9: de nuevo en Vejer.
14: San Roque.
17: Marbella.
19: Málaga. En esta ciudad, ante su imposible triunfo, decidió retirarse al norte, para alcanzar las montañas de Extremadura.
22: Antequera.
En marzo:
7: Córdoba.
21: Sevilla.
En abril:
Cádiz.
Diario de Riego durante su pronunciamiento,
su acción en el Trienio y su ejecución en 1823.

En marzo de 1820 los acontecimientos se suceden a favor de los liberales. El 21 de febrero se había levantado La Coruña. Casi al tiempo le sigue Zaragoza. Las manifestaciones populres se desatan en toda España. Ya en marzo, el marqués de La Bisbal, destinado a Andalucía a reprimir las fuerzas de Riego, decide ponerse del lado liberal en Ocaña, desde donde se vuelve contra Madrid. El 7 y 8 de marzo la multitud rodea el Palacio de Oriente y el rey decide claudicar. El día 9 se forma la Junta Provisional Gubernativa. El 10 es el de la famosa, como falsa, frase de Fernando VII: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional".
Se iniciaba el llamado Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823), primer gran asalto al Antiguo Régimen en España.
Inicialmente ocupan el poder los liberales moderados. Riego es nombrado capitán general de Galicia, aunque, antes de incorporarse a su puesto, visita Madrid en agosto-septiembre y es acusado falsamente de republicanismo. En octubre visita su tierra natal de Asturias: Oviedo, Tuña y Tineo, donde, el día 4 dirige una alocución a sus paisanos.

Balcón de Tineo, desde donde Riego se dirigió a sus paisanos.

En enero de1821 es capitán general de Zaragoza. En junio se casó por poderes con su sobrina María Teresa Riego Bustillos. En agosto visita Calanda y Alcañiz. Nuevamente es acusado de conspiración y es destinado a Lérida y Castelló de Farfaña en octubre. En noviembre está en Tarragona, en diciembre en Reus, y en enero está en Barcelona.
1822 sería un año especialmente desestabilizador para el sistema liberal. En febrero llega a Madrid y, en marzo es elegido diputado por Asturias y presidente de las Cortes. Los liberales progresistas desplazan del poder a los moderados de Martínez de la Rosa, iniciando una dura persecución de los absolutistas conspiradores, sobre todo contra la Regencia de Urgell, la cual tiene que refugiarse en Francia. El 7 de julio de ese año, la Guardia Real desde El Pardo intenta atacar Madrid. La Milicia Nacional le hace frente en la Plaza Mayor. El rey estaba implicado en esa intentona de golpe. La derrota realista alarmó a la Santa Alianza, la cual, tras reunirse en Verona y escuchar las llamadas secretas de socorro del rey Fernando VII, decide intervenir con un ejército francés: los "cien mil Hijos de San Luis", al mando del duque de Angulema. La indiferencia popular les lleva, sin resistencia a Cádiz, último reducto liberal, con el rey en manos de los liberales. Tras el asalto de Cádiz, los liberales que pudieron, huyeron al exilio. Rafael de Riego en su huída, tras pasar por Málaga, fue detenido en un cortijo de Arquillas (Jaén).
Llevado a Madrid, pidió clemencia al rey, pero fue acusado de votar su incapacidad en Cádiz, por lo que fue sentenciado a muerte. (Página 203 del libro: Rafael del RIEGO, La Revolución de 1820, día a día. Madrid, Cartas, escritos y discursos. Madrid. Ed. Tecnos. 1976.)
El 7 de noviembre, hundido moral y físicamente, fue arrastrado hacia la Plaza de la Cebada, tristemente célebre por ser lugar de ejecuciones en la capital. El populacho le insultó y humilló. Fue ahorcado. Benito Pérez Galdós, en su Episodio número 17: "El terror de 1824", en su capítulo cinco narra la escena de forma tétrica. Una nueva etapa "negra" de la historia de España: "La Ominosa Década", 1823-1833, se iniciaba de nuevo. El rey felón, mala persona donde la hubiese, se disponía a aumentar -más aún- su ya de por sí sádica represión contra los liberales que no pudieron huir a Gran Bretaña. En esos años se consumó además, la emancipación de las colonias de América continental, con las vergonzosas derrotas, como la de Ayacucho, último episodio español, trescientos treinta años después del descubrimiento.
Empezaba la leyenda. En esos años se compuso: La Marcha de Riego, de ritmo pasodoble. También la letra. No se sabe a ciencia cierta su autor. Esta Marcha fue adoptada como Himno Nacional del Estado Español en la II República, ya en el siglo XX, casi ciento diez años después de su ejecución vergonzante.

viernes, 21 de agosto de 2009

JUAN MARTÍN, EL EMPECINADO

Recientemente, los bloggers peruanos me preguntaron quién es Juan Martín, El Empecinado, pues en mi nombre de Hotmail sale. Pues bien, haremos una semblanza de un guerrillero español que fue el terror de los franceses en la Guerra de la Independencia de 1808 a 1814.

Juan Martín Díez, El Empecinado, nació en el corazón de la meseta norte, en la actual Castilla y León, en el pequeño pueblecillo de Castrillo de Duero, provincia de Valladolid, un 5 de septiembre de 1775, en el seno de una familia de campesinos acomodados. El arroyo de Botijas, que atraviesa el pueblo, suele estar enfangado por la "pecina" o lodo negro, de ahí que a sus naturales se les conociese como "empecinados", es decir, llenos de pecina. En esa época se denominaba empecinado al sujeto sucio, aunque, tras la vida del Empecinado, pasó a significar obstinado o terco.
En 1793, cuando contaba con 18 años y en pleno reinado del absolutista Carlos IV, España entra en guerra contra la Francia revolucionaria (guerra contra la Convención), la cual acaba de ejecutar públicamente en París, en la guillotina, al ex-rey Luis XVI de Borbón, incrementando el temor de las monarquías absolutistas europeas a la revolución burguesa que se les avecinaba. El general Ricardos invade el Rosellón francés. Pero en 1795 el panorama es desastroso para los ejércitos españoles: invasión francesa del País Vasco y Navarra y la parte de la isla de Santo Domingo, hoy Haití. En esa guerra se curtió militarmente el joven Juan Martín y acrecentó su odio al francés. En la humillante Paz de Basilea de 1795 España, monarquía absolutista borbónica, es obligada a la alianza militar contra natura con la Francia republicana y revolucionaria. Ello conducía, automáticamente, al enfrentamiento con el resto de la Europa absolutista, en medio de la impopularidad de los franceses ante el pueblo español.
Tras sucesivas derrotas navales ante los británicos que culminan en la trágica batalla de Trafalgar (octubre de 1805), Napoleón se dispone a deshacerse de los Borbones españoles mediante la incorporación de España a su sistema semiliberal y de bloqueo continental contra Gran Bretaña.
En abril de 1808 los franceses ocupaban España con el pretexto de atacar Portugal, fiel aliado de Londres. El Tratado de Fontainebleau de 1807 les daba paso libre. En Burgos, ante los excesos franceses se dieron los primeros levantamientos populares. Juan Martín, con treinta y tres años, vivía con su esposa como agricultor en el pueblo burgalés de Fuentecén, donde una mujer fue violada por los franceses. Eso le hizo levantarse y hacer acciones de sabotaje en la carretera de Irún-Burgos-Madrid, hoy estratégica autopista A-1. Su primer golpe fue en Honrubia (Segovia), días antes de la rebelión madrileña del 2 de mayo. De ahí pasó a ls sierra de Gredos. El inepto general Cuesta le encarcela por indisciplina en Burgo de Osma (Soria). Se fuga y forma una partida guerrillera.
En 1811 pasó a hostigar a los invasores en la meseta sur: Guadalajara y Cuenca, siendo el terror de los convoyes napoleónicos. Luego estuvo en Aragón: Calatayud, La Almunia o Daroca. El mando francés decide detener a su madre y familiares para rendirle. El encargado fue José Leopoldo Hugo (padre de Víctor Hugo). La respuesta del Empecinado fue fulminante: amenazó con fusilar a cien franceses y los futuros prisioneros. Hugo decidió liberar a sus familiares.
JUAN MARTÍN DÍEZ, EL "EMPECINADO".

El año de 1812 seria el de mayor gloria del Empecinado. El 11 de agosto José Bonaparte abandona Madrid y al día siguiente, por la Puerta de San Vicente, entra en la capital. La guarnición francesa, acantonada en el Buen Retiro, se rinde el día 13. Tres días después entra victorioso en Guadalajara y, el 23 de septiembre libera Cuenca. Lord Wellington le admira militarmente, su partida es escurridiza, no deja de dar golpes a las retaguardias francesas... Pero aún tiene que esperar a 1813. El 22 de mayo de ese año logra defender la vieja ciudad universitaria complutense de Alcalá de Henares, donde hoy tiene una calle en pleno centro histórico.
GENERAL SIR ARTHUR WELLESLEY, DUQUE DE WELLINGTON.
Gran estratega británico, destinado a España a luchar contra los franceses. Vencedor de Watterloo en 1815, final definitivo de Napoleón.

La guerra terminaba en 1814 y empezaba su calvario personal. En marzo llegaba a España Fernando VII liberado de su cautiverio en Valençay, pues Napoleón necesitaba fuerzas militares ante la inminente invasión desde el Rin de los ejércitos absolutistas europeos coaligados. Como es bien sabido, Fernando VII anuló toda la legislación gaditana y se entregó a la persecución sin cuartel de los liberales, muchos de los cuales lucharon apasionadamente contra los franceses. El 13 de febrero de 1815 se presentó ante Fernando VII como liberal. La respuesta fue el arresto en Valladolid. El monarca la ofreció un condado a condición de abandonar el liberalismo. Respondió con su fidelidad a su juramento de la Constitución de Cádiz de 1812.
En enero 1820 el entonces comandante Rafael del Riego estaba al mando de un fuerte ejército acantonado en Cabezas de San Juan, cerca de la sevillana localidad de Lebrija. Era un ejército que esperaba su embarque en Cádiz con rumbo a América, para apoyar a los virreyes en su lucha contra los emancipadores hispanoamericanos. En marzo, los liberales entran en Madrid y Fernando VII es obligado a jurar, por la boca pequeña, la Constitución. Es célebre su frase de: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional". Palabras, posiblemente, de las más falsas de la historia de España.
Durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823), Juan Martín s nombrado gobernador de Zaragoza. Se distinguió en la derrota y persecución de las guerrillas absolutistas del cura Merino, otro guerrillero de la Guerra de la Indepenencia, pero de ideología ultra absolutista. Las contínuas provocaciones de los ultras, apoyadas veladamente por el rey felón, fueron derrotadas y perseguidas hasta su refugio en la Francia absolutista. En el Congreso de Verona de 1822, Metternich, el canciller austríaco, creador de la Santa Alianza, logró que un ejército francés al mando del duque de Angulema -los llamados cien mil Hijos de San Luís- invadiese España de norte a sur, ante la pasividad popular. En Cádiz fue liberado Fernando VII de los liberales. Se iniciaba una ferocísima persecución contra ellos. El novelista Benito Pérez Galdós tituló dos de sus célebres Episodios Nacionales: "Los cien mil Hijos de San Luís" y "El terror de 1824", números seis y siete respectivamente de la Segunda Serie.
Juan Martín se va replegando hacia Portugal. Nada más llegar al país vecino, planeó la vuelta para seguir luchando contra el absolurtismo. Una delación hizo que fuese detenido en la vallisoletana Peñafiel. Encarcelado en Roa de Duero (Burgos), fue expuesto ante el populacho en una jaula de barrotes de hierro. El 20 de agosto de 1825, era ejecutado en la horca. Hay una versión galdosiana según la cual se zafó de sus verdugos desesperadamente, y murió a bayonetazos. Le faltaban dos semanas para cumplir los cincuenta años.
EL FELÓN Y MALVADO FERNANDO VII, REY DE ESPAÑA ENTRE 1814 Y 1833.
Traidor y falso ante muchos liberales que fueron cruelmente ejecutados.

Benito Pérez Galdós le dedica el noveno episodio de la primera serie de su monumental obra novelada del siglo XIX español. Describe las traiciones que tuvo que soportar de su misma partida guerrillera y sus acciones en las comarcas alcarreñas. La guerrilla española entre 1808 y 1813 es pionera de esa forma de lucha moderna: conocimiento del medio topográfico, complicidad local y ocultamiento ante los ocupantes, etc. Única forma de lucha contra un ejército invasor muy superior como el napoleónico.

sábado, 27 de junio de 2009

ANTONIO MACHADO: ÚLTIMO JUGLAR DE CASTILLA (III)

BAEZA, 1912-1919:
OCHO AÑOS EN SU "RINCÓN MORUNO"
En octubre de 1912 es nombrado como profesor en Baeza. Escapaba de Soria. El 1 de noviembre llegaba a la localidad para tomar posesión de su plaza. Alquila un piso de en el pasaje del Cardenal Benavides, esquina a Gaspar Becerra. La ciudad le deprime: a pesar de haber sido hasta el siglo XIX una ciudad univesitaria, ahora es un lugar provinciano, triste, frío, analfabeto en su mayoría y, sobre todo, no tiene nada que ver con Soria, ciudad que añora. Sigue escribiendo sus versos castellanos, aunque a veces dedica sus versos andaluces.
Hoy, a tu sombra, quiero
ver estos campos de mi Andalucía,
como a la vera ayer del Alto Duero
la hermosa tierra de encinar veía.
Olivo solitario,
lejos del olivar, junto a la fuente,
olivo hospitalario
que das tu sombra a un hombre pensativo
y a un agua transparente,
a borde del camino que blanquea,
guarde tus verdes ramas, viejo olivo,
la diosa de ojos glaucos, Atenea.
La ciudad de Baeza es muy castellana estéticamente, o es su Sevilla natal, ni la dulce Andalucía. Es la Andalucía más castellana. La iglesia de Santa María, junto al palacio de Jabalquinto y el Instituto, es Castilla en Andalucía, es el único templo románico que hay en la región.
SANTA MARÍA

Lleva una vida de solitario, triste. Sólo acude a veces a una botica a la tertulia con las fuerzas vivas. Serán años de madurez, con la desaparición de personas cercanas. En verano de 1914, en una excursión por Guadarrama, se entera del estallido de la Gran Guerra. En 1915 fallece su venerado maestro Francisco Giner de los Ríos. No puede ir a su entierro pero le dedica emotivos versos, como el dedicado en Baeza el 21 de febrero:
Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
(...)
¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la monaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas...
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.
Ese mismo año visita las fuentes del Guadalquivir en Cazorla. Su familia se muda de Corredera Baja 20 y se instala de nuevo en la calle Fuencarral, en el número 99. Ese 1915, cuando lleva casi tres años en Baeza, ya está harto, ya busca el traslado a toda costa.

AULA DE MACHADO
En febrero de 1916 fallece de cirrosis su entrañable amigo Rubén Darío. Pero ese año conocerá a un escritor de futuro. En primavera un grupo de estudiantes granadinos visita Baeza. Uno de ellos toca el piano magistralmente en el casino. En primavera del 17 vuelve el grupo, pero ese joven pianista recita versos con don Antonio: era un Federico García Lorca adolescente, otra víctima de la futura guerra civil española.
Ese turbulento año de 1917 en el mundo y en España: Gran Guerra, Revolución soviética, Juntas Militares, Asamblea de Parlamentarios, Huelga general de agosto; los Machado se instalan definitivamente en la calle General Arrando 4, en pleno barrio de Chamberí. Manuel y su mujer Eulalia se mudan a Churruca 15. El verano ve la luz el libro "Poesías completas".

LORCA DE ADOLESCENTE

LIBRO DE POESÍAS COMPLETAS

A finales de 1918, acabando la guerra en Europa, Machado consigue su título de Licenciado en Filosofía y Letras. Por fín, con sus cuarenta y tres años es universitario. En septiembre de 1919 consigue el doctorado por la Universidad Central de Madrid. Y el 30 de octubre consigue el traslado a Segovia. El "rincón moruno" ha terminado en su vida. Vuelve a la vieja y poética Castilla.

ANTONIO MACHADO: ÚLTIMO JUGLAR DE CASTILLA (II)

SORIA, 1907-1912:
CINCO AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS,
LA CIUDAD QUE MARCÓ AL POETA
En abril de 1907 hace un viaje corto para conocer la ciudad. Soria tiene a inicios del siglo XX unos 7.000 habitantes y es un pueblecito muy muy provinciano. El célebre e hispanista arqueólogo alemán Schulten está esos dñias excavando en las ruinas de la cercana Numancia. Es una ciudad muy consevadora, con las familias dominantes que se reparten el poder político, muy al estilo de la España de la Restauración de entonces. Tras pasar el verano en la ciudad y alojarse en una pensión del Collado, en pleno centro de Soria, se incorpora a sus clases en octubre de 1907.
EL COLLADO DE SORIA


Ese curso fue muy productivo en su vida. En diciebre se traslada a la pensión de la calle Estudios. En el otoño ha publicado Soledades. Galerías y otros poemas. El uno de febrero de 1908 se publica su famoso Retrato.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

(...)

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bord ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

AULA DE MACHADO EN SORIA


Poco a poco se va integrando en la vida de la ciudad, la cual ya le va conociendo como poeta de talla nacional. Pero el acontecimiento que le marcará de por vida es su flechazo por la hija de los dueños de la pensión que habita: Leonor Izquierdo, hija de un Guardia Civil jubilado. En julio de 1909, con Leonor cumplidos los 15 años, se celebra la boda. Algo de ampollas levantó en la ciudad la gran diferencia de edades: Leonor con quince y Antonio con 34. La luna de miel iba a ser en Barcelona pero, al enterarse de los sucesos de la Semana Trágica barcelonesa, cambian el trayecto y marchan a Fuenterrabía y a Pamplona. Mas tarde a Madrid y de nuevo a Soria.
El curso 1909 a 1910, Antonio, con sus poesías críticas sobre la situación polìtica española, levanta la crítica de los caciques sorianos. Poco a poco empieza a hartarse de ellos y de la vida aburrida de provincias y empieza a interesarse por un traslado a Madrid.
En verano de 1910 viaja a los Picos de Urbión y elabora su Alvargonzález, lo cual irrita a los reaccionarios locales. El campo soriano está leno de delincuencia y de criminalidad, muy lejos de la imagen idílica que se cree. Los incendios forestales están a la orden del día.
Por fin, el invierno e 1911 puede residir en París. Es de imaginar la impresión de ua niña soriana de dieciseis años al ver la capital francesa. Vuelve Antonio a ver a su amigo Rubén Darío, el cual le escribe su retrato (clic en la foto del libro de la entrada anterior para leerlo). Pero la felicidad dura poco. En verano de ese año Leonor tiene tisis: vomita sangre. En septiembre deben volver a Soria. Ese curso empezaba muy mal para el poeta.
Aunque en abril de 1912 publica Campos de Castilla, ante la crítica elogiosa de todos los rincones culturales de España, sabe que Leonor tiene sis días contados.

Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa

dejando entre hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.

La tierra no revive, el campo sueña.

Al empezar abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.

El 1 de agosto, con apenas dieciocho años, fallece Leonor. El poeta está deshecho. Su depresión es fuerte y solo quiere huir de Soria. Oportunamente consigue un traslado a Baeza a fines de ese verano. Es la vuelta a su Andalucía natal, aunque solo será un paréntesis en su deambular. Le esperaba su "rincón moruno".

BODA DE MACHADO CON LEONOR

PORTADA DE SU LIBRO CAMPOS DE CASTILLA

PLANICES CEREALÍSTICAS DE CASTILLA,
REVERDECIDAS EN PRIMAVERA

TUMBA DE LEONOR EN SORIA