1939: EL FINAL DE LA GUERRA
Las navidades de 1938-39 se iniciaban bajo el fugo de la penúltima ofensiva de la guerra. La contienda estaba en sus últimos episodios, con un ejército republicano casi batido pero con la moral aún alta y todo el cuadrante suroriental y Madrid en su poder. Algunos republicanos, en especial los comunistas y el líder socialista Negrín, sabían que la rendición llevaba a la cárcel y a la consiguiente ejecución. En las mentes de los dos bandos había inquietud ante la creencia de que una segunda guerra mundial se inmiscuiría decisivamente en el final del conflicto español.
En estos meses finales la crueldad no iba a refrenarse. Tras un periodo de “orden” en las retaguardias tras los asesinatos del año 36, volvería la violencia alejada del frente. Los ejércitos ocupantes franquistas entraban “a saco” con las represalias programadas y su programa de extirpación de cualquier recuerdo de democracia republicana. Por su parte, el ejército republicano desesperado y en retirada en el frente catalán, iba ejecutando a prisioneros y respondiendo con terror ante su impotencia desesperada.
LA CAMPAÑA DE CATALUÑA, EL PRINCIPIO DEL FIN
Tras la Conferencia de Munich Franco tenía la victoria asegurada, aunque ahora sí decide acelerar su final ante esa hipotética guerra que se asomaba por el horizonte. Decide el ataque rápido a Cataluña el 23 de diciembre sin dar ninguna tregua navideña. Casi no hay resistencia, a pesar del ataque de distracción lejos, en Peñarroya (5 de enero). El 15 caía Tarragona.
El pánico se apoderó de Barcelona. El 26 entraba Yagüe sin resistencia. Del 26 al 31 hubo todo tipo de crímenes y venganzas en la ciudad contra los que no pudieron huir. A su vez arreciaban los bombardeos de las carreteras que conducían a Francia contra las caravanas de fugitivos civiles desarmados que buscaban desesperadamente cruzar la frontera. Los ataques de persecución hacia el norte por la carretera N-I se complementaban con los avances desde el oeste, desde Lérida, para alcanzar más fácilmente a los fugitivos. Las tropas marroquíes actuaban a placer, como en el resto de la España que iban conquistando.
En esas caravanas había también asesinatos como en los primeros días de guerra. Para “aligerar” esa marcha los republicanos decidieron ejecuciones masivas de prisioneros franquistas. El novelista catalán Javier Cercas plasmó estas últimas matanzas republicanas en su exitosa novela y también exitoso largometraje: Soldados de Salamina. En ambos relatos se narra la milagrosa salvación del falangista y más tarde político del régimen franquista: Rafael Sánchez Mazas, padre del escritor Rafael Sánchez Ferlosio, gracias a la compasión de un miliciano que le deja huir. El relato, intercalado con la historia de una investigadora barcelonesa de la matanza, acaba narrando la vejez de aquél soldado exiliado el resto de su vida en Francia. El tema de fondo es la matanza de El Collell (Gerona), con 48 asesinados en el viejo monasterio. Sin embargo, los asesinatos más célebres fueron cerca de Figueras, en Pont de Molins, donde el 7 de febrero fueron fusilados el obispo de Teruel fray Anselmo de Polanco, el coronel Rey D´Harcourt, oficiales y guardias civiles, junto a soldados italianos y pilotos alemanes. Sus restos, quemados con gasolina, fueron descubiertos por un pastor. El día 6, el general republicano Vicente Rojo, había ordenado trasladar a esos presos por avión a Madrid, para salvarlos. También, a mediados de marzo, se descubrió la fosa común de 23 cadáveres en Vila-Sacra (Gerona). Eran médicos y enfermeras del hospital militar de Banyoles.
El 4 de febrero García Valiño entraba en Gerona y el 10 alcanzaba la frontera. El día 9 se había producido el desembarco en Menorca sin apenas resistencia.
Llegada de refugiados a Francia, camino de campos de internamiento.
EL FINAL
Febrero. La agonía de la Segunda República
El 1 de febrero, ante la última reunión en España de las Cortes republicanas en Figueras, Negrín decide la resistencia a ultranza. Franco, el día 15 emitía el Decreto de Responsabilidades de la Guerra, dejando claro que no tendría piedad con los vencidos. El 27 se entrevistaba Negrín con los mandos militares republicanos en Los Llanos (Albacete). Sólo el viejo defensor de Madrid, el general Miaja, le apoya en su tesis de resistir hasta el estallido de la inminente guerra mundial. El día 27 Gran Bretaña y Francia reconocen diplomáticamente el régimen de Franco.
Antonio Machado yace muerto en Colliure.
Marzo: el golpe de Casado
Azaña dimite el 1 de marzo. Negrín se quedó solo. En el Madrid republicano, el día 5, el coronel Casado creía ingenuamente en la benevolencia de Franco como colega militar. Es apoyado por el PSOE, los anarquistas y los republicanos. Los comunistas no están dispuestos a esa rendición que consideraban prematura y deshonrosa, con una cuarta parte aún de la península en sus manos y la guerra mundial en el horizonte. Es difícil, aún hoy, meterse en la mente de los partidarios de la rendición, pues había que ser muy ingenuo y contar con la “piedad” de Franco. Se llegó a hablar de que Casado era un agente al servicio de Gran Bretaña o que había pactado su salida de España con Franco. Es difícil saber que motivos tuvo Casado para ello, así como el porqué de que anarquistas y socialistas cayesen en esa farsa. Lo cierto es que hoy, viendo lo visto, la República pudo haber resistido hasta septiembre, con lo que la historia de España y de Europa hubiese cambiado decisivamente.
Volviendo a la realidad, los casadistas se enfrentaron duramente a los comunistas y negrinistas en las calles de Madrid. Fue una nueva guerra civil (como en la Barcelona del 37 y el POUM) entre republicanos. Los anarquistas se enfrentaban de nuevo a sus odiados históricos: los comunistas, aunque esta vez con éxito. Franco asiste gozoso a esa guerra con sus soldados detenidos en las trincheras viendo aún más la debilidad del enemigo. El día 12, los hombres del anarquista y albañil Cipriano Mera, tras dura lucha, acaban con los milicianos comunistas en Madrid. Los dirigentes comunistas apresados fueron fusilados. Casado huía por avión tras entregar la capital. El viejo intelectual y catedrático de ética en la Universidad Central: Julián Besteiro, se negó a huir. Falleció en 1940 en la cárcel de Carmona (Sevilla) tras la tensión de soportar un juicio en el que evitó por poco la pena de muerte.
ÚLTIMAS OFENSIVAS
Se iniciaron las negociaciones de paz. Un grupo de republicanos enviados a Burgos desde Madrid, recibían la respuesta poco alentadora de Franco: la rendición sería incondicional y sin clemencia posible. La verdad es que no podía sorprender a nadie viniendo de quien venía, sobre todo visto lo visto desde el mismo 18 de julio y su trato a los vencidos al conquistar cada palmo de territorio.
LA TRAGEDIA DEL CASTILLO DE OLITE
Aún habría un hecho dramático en el mar: la tragedia del buque Castillo de Olite. En Cartagena se habían producido dos golpes en cuestión de minutos: el día 4, los casadistas se habían adueñado de la ciudad. Al mismo tiempo estalló una rebelión militar a favor de Franco. La mañana del 5, la flota, negrinista, amenaza con bombardear el puerto, pero se retira a Túnez más tarde. A medio día, los republicanos abortan la rebelión franquista. Sin embargo la flota franquista se aproxima a la ciudad creyendo en el triunfo de un desembarco. El día 6, las baterías costeras republicanas ahuyentan a las naves. Ante la descoordinación, el Castillo de Olite llegaba a Cartagena sin saber la orden de retirada del resto de la flota. Un hidroavión les avisa de la retirada, pero la tripulación piensa que son saludos. Al poco un cañonazo costero les hace ver la realidad. Intentan huir, pero ya es tarde: un segundo impacto acierta y el buque se hunde. La tragedia empieza ahora. Las bodegas estaban repletas de soldados para el desembarco. Ante el hundimiento inmediato, se agolpan presas del pánico y no lograban salir, quedando condenados al ahogamiento masivo. Las cifras son dantescas, propias de un sacrificio inútil:
Tripulación: 2.112 hombres.
Muertos en la acción: 1.477.
Hospitalizados en Cartagena: 342.
Internados en campos de prisioneros: 293.
El 28 de marzo la quinta columna sale por Madrid para recibir a los franquistas los días 30 y 31. El mismo 31 se ocupa Alicante, sin permitir la huída de refugiados. El 1 de abril, el fin de la guerra llegaba por el famoso parte de Franco:
En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército republicano, las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos. La guerra, ha terminado.
Burgos, 1 de abril de 1939.
El Generalísimo Franco.
Entrada de los franquistas en Madrid. Céntrica Calle de Toledo.
INTELECTUALES VÍCTIMAS DE LA GUERRA: LA DERROTA DE LA EDAD DE PLATA DE LA CULTURA ESPAÑOLA.
El año 1936 vio la muerte de tres grandes escritores entre otros varios. García Lorca (Generación del 27) caía fusilado en Granada, victima calculada y ordenada por la autoridad militar franquista. Por su parte, Ramiro de Maeztu (Generación del 98) era asesinado en Madrid por los milicianos descontrolados de la autoridad republicana. Pedro Muñoz Seca era también asesinado por la complicidad de los comunistas. El popular ensayista y catedrático bilbaíno Miguel de Unamuno (Generación del 98) moría en su arresto domiciliario en la Salamanca franquista. A punto estuvo de ser asesinado por Millán Astray, el fundador legionario.
La muerte no se detuvo ahí. Los ya maduros supervivientes del 98 (Valle-Inclán no llegó a ver la guerra al fallecer en la primavera del 36) tendrían fines dispares, pero víctimas también de la guerra. Antonio Machado moría en Colliure, ya en Francia tras la huída de España en esa retirada trágica. Pío Baroja, que estuvo a punto de ser fusilado por carlistas mientras huía de Itzea (Vera de Bidasoa) hacia Francia en julio del 36, volvía en los años 40 a Madrid, pero ya para morir en la vulgaridad y el aislamiento en 1956, y en total adulación a un régimen que detestaba. También José Martínez Ruiz, el antaño anarquista alicantino de Monóvar, el Azorín de sus años de éxito. Moría en 1968, casi centenario, pero escribiendo vulgaridades en ABC.
La Generación de 1914, la que fue paladina de la europeización y modernización españolas, también sufrió su impacto. Manuel Azaña, en plena depresión, tuvo suerte de fallecer en 1940 en el exilio francés de Montauban. Con la ocupación de la Francia de Vichy por los alemanes, seguro que hubiese sido extraditado por la Gestapo como lo fueron el presidente catalán Lluís Companys o el socialista vizcaíno Julián Zugazagoitia. El gran filósofo José Ortega y Gasset, sufrió, como don Pío, la vulgaridad y la censura en aquél Madrid de postguerra, muriendo en 1953.
Dámaso Alonso, representante del 27, hubo de agachar la cerviz para sobrevivir ante el régimen. Guillén y Juan Ramón Jiménez hubieron de marchar al exilio.
Y, por último, la generación llamada “del Biberón” o de 1936, por su juventud en aquél terrible julio, tuvo su víctima ilustre: Miguel Hernández. Tras ser juzgado en consejo de guerra falleció en la dureza del campo de concentración. ¿Cuántos jóvenes treintaañeros y veinteañeros de la edad de Hernández murieron anónimamente en los campos de batalla cuando despuntaba en sus vidas un horizonte de fecunda vida intelectual y científica?
CONCLUSIONES FINALES
Aunque tardó en unirse a la conspiración golpista, y gracias a sucesos fortuitos (vejez de Cabanellas, accidentes aéreos de Sanjurjo y Mola, etc) Franco consiguió desplazar a los demás, siendo el gobernante que mayor poder acumuló en su persona en toda la historia de España, además del tiempo en que lo mantuvo: casi 40 años. Fue el último superviviente de las dictaduras totalitarias europeas surgidas en los años de entreguerras.
Como militar tuvo errores estratégicos que, aún teniendo fuerzas superiores a las republicanas, casi le cuestan la guerra. Contra un ejército similar en fuerzas no la habría ganado.
Fue un triunfo muy caro: cultivos y rebaños diezmados, una industria no dañada excesivamente, los ferrocarriles especialmente castigados (como en cualquier guerra, al tratarse de comunicaciones vitales), ciudades y pueblos enteros en ruina completa: Oviedo, Teruel, Guernica, Belchite, barrios enteros de Madrid...
Se calculan unos 600.000 muertos entre caídos en acción de guerra, ejecutados, asesinados, muertos por bombardeos y muertos por hambre y enfermedad. A ellos hay que contar los ejecutados en los años 40, los afectados sicológicamente, los déficits de nacimientos, etc. Además, dos décadas de autarquía y una guerra mundial, empobrecieron a miles de españoles. Hay que sumar la sangría cultural (técnicos, profesionales, etc).
La derrota del Eje en 1945 hizo que el bloqueo se cerniese más aún sobre los españoles. La última victoria de Franco fue su poder de 40 años gracias a la guerra fría. Según el historiador César Vidal, en su obra: La guerra de Franco, el dictador solo cosechó una derrota: su imposibilidad de evitar al democracia en España tras su muerte el 20 de noviembre de 1975.











