LA PRIMERA CONSECUENCIA DE LA INDEPENDENCIA: LA IMPROVISACIÓN Y EL ABANDONO DE LOS COLONOS
En 1956 los dos países estaban, en términos socioeconómicos, casi el mismo nivel. España estaba ligeramente por encima. Ambos eran países considerados hoy subdesarrollados. España contaba con una política económica autárquica y a duras penas alcanzaba el nivel de renta de 1936, ¡veinte años para recuperar el nivel de preguerra! Se puede decir que el país estaba al borde de la quiebra y la dictadura soportó una de sus peores crisis políticas internas ese año, la más seria desde la guerra. Los tecnócratas del Opus llamaban a la puerta y los falangistas se resistían a abrirla. En ese momento aún vivían los militares de la generación de la guerra del Rif y, por supuesto los de la generación de la guerra civil. La rápida descolonización sorprendió a todos.
Un numeroso grupo de pequeños empresarios y trabajadores españoles habían invertido sumas importantes de dinero, ya que el Marruecos colonial ofrecía mejores perspectivas que España para invertir. La independencia les hizo retirarse con pérdidas en algunos casos y otros hubieron de tener dificultades con las nuevas autoridades independientes.
LA RETIRADA MILITAR Y EL TRASPASO DE TROPAS ENTRE AMBOS EJÉRCITOS
En enero de 1957 se arriaba definitivamente la bandera española en Bab Taza, al sur de Xauen. Muchos soldados indígenas pertenecientes al ejército español se transferían al nuevo ejército. La célebre Guardia Mora de Franco, reliquia ridícula colonial, también se iba a su nuevo país en 1958, tras su apedreamiento en Madrid por airados espontáneos ante la guerra de Ifni. Algunos se quedaron en España, al igual que algunos soldados regulares. Como ejemplos que recuerdo ahora son dos: el lujoso restaurante madrileño Al Mounia, y el personaje de la relojería de Madrid hasta los años 80: Enrique Bussián. Este hombre se dedicó a arranca muelas de oro de los cadáveres en la guerra civil. Con su fortuna montó una relojería en la Calle Mayor madrileña. Toda mi infancia recuerdo su anuncio en Radio Intercontinental.
El temible general Ben Mizzian, el máximo jefe de los “moros” que trajo Franco de África, solicitaba su baja en el Ejército español y su pase al Ejército Real de Marruecos. Por supuesto que Franco le conservó su pensión de retiro a pesar de todo. Este sujeto, del que ya nos ocuparemos en una entrada posterior sobre biografías, tiene una anécdota curiosa muy representativa de aquella situación. Como íntimo amigo de Franco, fiel aliada su kábila rifeña en los momentos trágicos de Annual, y como protagonista indiscutible de la victoria nacionalista en la guerra civil, el Generalísimo le nombró capitán general de la VIII Región Militar, con sede en La Coruña. Cada 25 de julio, tradicionalmente se celebra el acto de ofrenda al apóstol Santiago Matamoros por parte del capitán general correspondiente. Hay que imaginarse el correspondiente día con aquel capitán general. También se le confió el mando de las Canarias, tan cercanas a Marruecos. En Marruecos, como musulmán íntegro tuvo otra anécdota. Una de sus hijas se emparejó con un capitán español. El padre montó en cólera por estar con un infiel. La chica pasó del padre y se casó en España. Fingiendo que ya lo había superado, convocó a la pareja en Tetuán. La pareja llegó a la ciudad. El padre expulsó al capitán y aisló a su hija. El capitán se quejó a Franco, pero éste no quiso saber nada. Otra de sus hijas tuvo una tienda de alfombras en Madrid, en la Calle de Hermanos Bécquer 8, esquina a General Oraá. En el 6 de la misma calle, residía Carrero Blanco. Muy cerca, en el número 28 del Paseo de La Castellana, residió Franco entre 1926 y 1935. Se dice que informó a los marroquíes de las defensas españolas en Ifni. Reprimió duramente (usando gases químicos como los españoles en 1925) el alzamiento rifeño contra la monarquía Alahuí.
El militar marroquí formado en Francia, el equivalente a Ben Mizzian, era Ufkir, un personaje resentido y artífice de la represión de los nacionalistas de cuño progresistas como Ben Barka, el cual hubo de huir a París, siendo asesinado por los servicios secretos ante el escándalo con el gobierno francés. Como militar al servicio de la metrópoli, sirvió en su ejército colonial, siendo uno de los derrotados en Indochina, en Tien den Phu, de dónde pudo escapar por poco. Este Ufkir fue el cerebro de los ataques contra Ifni. Dirigió la cruel represión contra toda oposición. En 1972 se opuso al régimen y estuvo implicado en el intento de asesinato de Hassan II. Antes de caer en sus vengativas garras, se suicidó.
EL AMBIENTE ANTICOLONIALISTA DE LOS AÑOS 50
El otoño de 1957 el mundo vivía el proceso de la Descolonización, en plena guerra fría. El anticolonialismo era la frase de los izquierdistas de la época y de la entonces Unión Soviética, la cual buscaba monopolizar el proceso de las llamadas luchas de liberación nacional. La Conferencia de Bandung y el movimiento de los No Alineados de aquellos años 50, auspiciados por la ONU dejaban claro que ignoraban los dos bloques, aunque eso no era cierto: una u otra superpotencia era necesaria para poder culminar el proceso de sacudirse a los europeos. En 1956 se dio la gran crisis de Suez en Egipto y que supuso el salto del carismático Nasser, que humilló a los franco británicos y dejó al viejo imperialismo europeo como un recuerdo decadente.
Marruecos estaba en el campo de los Estados Unidos, al igual que hoy. La historia de la amistad entre norteamericanos y marroquíes venía de lejos. Ya desde el siglo XVIII el sultán marroquí había sido el primero en recocer al naciente Estados Unidos. En 1943, desde Marruecos se iniciaba el cambio de signo de la II Guerra Mundial. Ahora tenía bases militares el Tío Sam en los dos países sumisos, y les vendía armamento, el cual no podía usarse entre una hipotética guerra hispano marroquí.
El partido oficialista de Marruecos era el Istiqlal, nacionalista a ultranza y sostén de la dinastía real, había diseñado un mapa expansionista de lo que debía de ser el futuro Gran Marruecos. Dicha cartografía ideaba un imperio similar a los medievales almorávide o almohade, llegando hasta Senegal. Se merendaba el Sahara Occidental español y lo que sería en los años 60 la actual Mauritania, en ese momento parte del África Occidental Francesa. Incluía las Canarias, Ceuta y Melilla, y hasta parte de territorios argelinos. Algunos dicen que hasta se buscaba restaurar el viejo Al Ándalus en un futuro lejano.
Ese populismo expansionista le venía al pelo a Mohamed V y a su adiestrado hijo, el futuro Hassan II. Era la excusa perfecta para tapar los problemas de la primera independencia y descabezar el nacionalismo progresista y republicano. España era la primera víctima propiciatoria, por su lucha contra el aislamiento diplomático y luego Francia en Mauritania, aprovechando el movimiento anticolonialista y su enzarzamiento cada vez más desfavorable en Argelia.
SIDI IFNI, OTOÑO DE 1957 ¿UN NUEVO ANNUAL?
Entre 1957 y 1958 Rabat arañó unos kilómetros cuadrados de Ifni, dejando a la ciudad cada vez más de tipo enclave en la costa. También arañó esa franja sur, entre el río Draa y la frontera del Sahara hasta la marcha Verde 1975: el territorio ya mencionado del Cabo Jubi o de Tarfaya.
En noviembre de 1957 se producía un ataque del Yeicht Taharir, formado por antiguas bandas irregulares de liberación marroquíes, a los puestos españoles (defendidos por soldados inexpertos de reemplazo) en el desierto. En los años anteriores ya había habido incidentes, alentados por infiltrados del Istiqlal, reprimidos sin contemplaciones por el responsable de la plaza, el general de artillería, combatiente en la guerra del Rif, Ramón Pardo Santayana. En la víspera del ataque el general Mariano Gómez de Zamalloa sustituía a Santayana.
Paralelamente, en el Sahara, los mercenarios se habían infiltrado y se estaban ganando el apoyo de las tribus beduinas. Como en 1921, ante un inminente peligro de derrumbe militar español que afectase a Francia, el gobierno de París, hostil a Franco, hubo de solicitar su colaboración. La “mano” francesa nos volvió a salvar, esta vez antes de consumarse el desastre. El Tío Sam, amigo de Rabat, se limitaba a decir que España no podía usar el armamento americano recibido. Sin embargo, hubo inicial rechazo español al ofrecimiento galo del general Borgund. Una completa irresponsabilidad. En noviembre de 1957 se esperaba ya un ataque.
Al amanecer del 23 de noviembre de 1957 se iniciaba el ataque del Yeicht Taharir. Varios puestos del interior del territorio fueron asaltados y sus oficiales asesinados. Otros lograron resistir casi épicamente. Las contraofensivas de rescate de puestos sitiados se llamaron “Netol”, popular matacucarachas de la época y “Gento”, el jugador de Real Madrid. Los puestos asediados fueron liberados, pero los perdidos, se perdieron para siempre. El éxito fue relativo porque las carencias militares habían quedado al descubierto, máxime cuando se luchaba contra guerrilleros de bandas no regulares.
En diciembre se temía un asalto definitivo de las bandas de liberación apoyadas por el ejército marroquí. Ante ello, Franco tomó la decisión de preguerra: envió a la flota española, poderosamente artillada, ante Agadir. El almirante Pedro Nieto Antúnez estaba dispuesto a disparar y destruir la ciudad y los puertos atlánticos marroquíes. El efecto tuvo su resultado y no se llegó al bombardeo. Esas navidades empezaron a llegar las noticias a España. Gila y Carmen Sevilla fueron al frente a animar la moral de la tropa. En enero del 58 los españoles lograban recuperar un radio de 6 km alrededor de la ciudad, dando por perdidos los territorios de antes de noviembre anterior.
Carmen Sevilla animando a los soldados de Ifni.
En enero hubo fuertes combates que acabaron el 19 de febrero al lograrse ocupar una franja de tierra que asegurase la capital de Sidi Ifni. Hasta mayo hubo tiroteos aislados. La guerra había sido de tablas: España conservaba la capital pero no la mayor parte del territorio. Ifni y Sahara se hacían provincias españolas metropolitanas. El desastre se había evitado.
LA GUERRA EN EL SAHARA
En los mismos meses de noviembre de 1957 a mayo de 1958, en el Sahara hubo una guerra más complicada. La inmensidad del desierto era más difícil de defender y las tropas abandonaron los puestos del interior, abandonando a su vez a las tribus leales a España.
En diciembre hubo unos rotundos éxitos ante los marroquíes, los cuales fueron engañosos, pues al poco, en enero de 1958, en Edchera, fueron aniquilados los legionarios españoles. Ese mismo enero el general José Héctor Vázquez llegaba al Sahara para realizar la operación Teide, que se complementaría con la francesa operación Ecouvillon –escoba-. Los franceses, de nuevo, nos habían salvado. Los blindados de ambos países, la aviación y la coordinación hispano francesa dieron el éxito en el Sahara. En abril de 1958, no obstante, se entregaba humillantemente el territorio de Tarfaya.
Legionarios muertos en Edchera, Sahara.
EL FINAL DE LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN ÁFRICA: 1960-1975
Respecto a Ifni, tras unas grandes inversiones que llevaron la prosperidad a al plaza durante los años 60, en junio de 1969 se entregaba el territorio de la supuesta Santa Cruz de la Mar Pequeña, a Marruecos. La ocupación había sido entre 1934 y 1969, es decir, treinta y cinco años. Hoy es un poblado sucio y abandonado, muy lejos de la prosperidad anterior.
Un año antes, en la simbólica fecha del 12 de octubre de 1968, se entregaba, en presencia de Fraga, como representante de Franco, el territorio de la actual Guinea Ecuatorial. El futuro de la próspera colonia, convertida en territorio autónomo, similar al futuro régimen autonómico en la metrópoli, fue muy duro. La presidencia recayó en Francisco Macías Nguema, el cual montó una horrible dictadura y una política anti española. En 1979 fue derrocado y fusilado. Teodoro Obiang Nguema fue su sucesor. La dictadura sigue y los desencuentros con España también.
El entonces minstro de Franco Manuel Fraga Iribarne,
en los actos de la independencia de Guinea Ecuatorial.
Y, por fin, el Sahara. Otra descolonización vergonzosa. Tras unos años 60 de desarrollo económico, se formó en 1973 el Frente Polisario, movimiento de liberación nacional del Sahara, y la RASD: República Árabe Saharaui Democrática. En 1975 hubo enfrentamientos mortales -por ambas partes- entre saharauis y españoles. En noviembre, con Franco moribundo, se entregó el territorio a Marruecos y a Mauritania. España abandonaba el Sahara y dejaba una guerra hasta hoy, en medio de la simpatía generalizada por la causa saharaui por parte del pueblo español. El 26 de febrero salían las últimas tropas españolas de El Aaiún.Acaba una historia de colonización de África que se remontaba al siglo XV, en plena era de los descubrimientos geográficos que acababa con el medievo. La colonización de España en África apenas se desarrolló en estos siglos hasta esta guerra del Rif. La colonización fprofunda fue tardía, sin embargo, a pesar de sus remotos origenes. En la fase imperialista europea de finales del siglo XIX, la España de la Restauración estaba muy poco preparada para esa empresa. La guerra de conquista fue dura, con graves consecuencias para la metrópoli. La fase de la descolonización fue no menos errónea. En suma, las guerras españolas en África no dieron nungún resultado "imperialista", como a otros países europeos. Mucha sangre para tan poco resultado. Y tan corto.
Acabamos esta entrada con una breve cita de Ramón Tamames en su obra: La República. La era de Franco, que es el tomo VII de la gran Historia de España dirigida por Miguel Artola en 1973, obra fundamental, inclusive hoy. En el capítulo 14 (POLÍTICA EXTERIOR), en el epigrafe 14.7 (LOS PROBLEMAS RECIENTES Y ACTUALES DE LA POLITICA EXTERIOR, subepígrafe La descolonización) se dice:
Los años cincuenta marcaron el comienzo de la descolonización genralizada de África. En 1954, el gobierno Mendés France concedió la independencia a Túnez, ahorrando así a Francia toda una guerra estéril. Y en 1956, París se decidió a lo propio respecto a su zona del protectorado de Marruecos, sin ninguna clase de consultas con España, debido a las malas relaciones entre el gobierno francés y el de Madrid. Así, este último perdió la iniciativa y se vio forzado a conceder la independencia a la Zona Norte, con lo cual se consumó el final de una política iniciada en 1906 con la Conferencia de Algeciras de intervención en los asuntos norteafricanos. Una política que originó miles de muertos en Marruecos, frecuentes disturbios en España, y que en definitiva constituyó el foco en el que se incubó toda la guerra civil española. El precario territorio que tantas vidas había costado se hubo de entregar en 1956 (el 7 de abril). La escolta mora de Franco se repatrió a Marruecos, y de allí se retiraron la peseta y buen número de comerciantes españoles.
Ya en el mismo 1956, las relaciones entre España y Marruecos se deterioraron gravemente; no sólo por las indecisiones españolas de una inmediata supresión de los últimos vestigios coloniales, sino también por la negativa a incluir Sidi Ifni en ese proceso. En 1957, las relaciones entre Madrid y Rabat se agravaron, y se tradujeron en el enfrentamiento de tropas marroquíes más o menos irregulares con las guarniciones españolas de Ifni y Norte del Sahara. Territorios todos ellos incluidos en las reivindicaciones marroquíes, junto con Ceuta y Melilla.
La presión de los países árabes en la ONU -donde sus votos eran requeridos por España para el intento de recuperar Gibraltar- junto con la tendencia general descolonizadora, llevaron en 1967 a la "retrocesión" de Ifni a Marruecos, un territorio que en 1958 había sido proclamado oficialmente provincia, en un intento postrero de mantenerlo bajo soberanía española.














