lunes, 20 de septiembre de 2010

LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (III): LA EXPEDICIÓN

Entre 1861 y 1867 México vivió una larga guerra civil agravada por la invasión europea de españoles, británicos y franceses. El bando conservador se decantó por los europeos y el liberal por los Estados Unidos. Prim y los británicos se retiraron ante la dificultad de la empresa y las tropas de Napoleón III acabaron también por retirarse. Al final, un trágico perdedor: Maximiliano de Habsburgo. En el fondo dos cuestiones: el enfrentamiento de Prim con Serrano y la derrota de los europeos ante los americanos que aplicaban la Doctrina Monroe.

LOS PASOS HACIA LA GUERRA
Las mencionadas guerras civiles mexicanas hacían crecer la deuda de forma considerable. España era la principal acreedora, mucho más que GranBretaña o Francia. España envió para el negocio de la misma al embajador Francisco Pacheco, amigo personal del conservador Miguel Miramón. En enero de 1861 Juárez formaba su gobierno. Nada más tener el poder se decidió una política de hostilidad a los conservadores y sus aliados exteriores. El día 11 expulsó al Nuncio de Roma y al embajador español, el cual estaba conspirando abiertamente al lado de los conservadores.
Con las relaciones rotas los incidentes y violencias contra residentes españoles en México continuaron, quedando el embajador francés, el conde de Saligny, como representante de España.
En mayo, británicos, franceses y españoles estaban dispuestos a una intervención conjunta para poder cobrarse sus deudas y poner fin a la anarquía reinante en el país.
En julio aumentaron las expropiaciones contra extranjeros y la anarquía generalizada. El día 17 Juárez declaraba a México en bancarrota e insolvente para el pago requerido. Toda esta coyuntura llevó a intensas relaciones diplomáticas entre los tres paises europeos que, además, veían la ocasión de intervenir sin el obstáculo de Estados Unidos en plena guerra de Secesión del Norte contra el Sur.
Por fin, el 31 de octubre de 1861 se firmó la Convención de Londres por la que los tres países se comprometían a una intervención militar conjunta que tendría como objetivo inmediato la ocupación de los principales puertos como garantía de pago. El convenio firmado en Londres era anunciado por la reina Isabel II en el Congreso de los Diputados el 16 de diciembre, al igual que hicieron ante sus respectivos parlamentos la reina Victoria y Napoleón III.
El artículo II de la Convención de Londres dejaba claro que: "Las altas partes contratantes se obligana no buscar (...) ninguna adquisición de territorio" ni tampoco a "menoscabar el derecho que tiene la nación mexicana para escoger y constituir libremente la forma de su Gobierno". Lo firmaban:
Javier Istúriz (España)
Flahaut (Francia)
Russel (Gran Bretaña)
Los mandos de cada nación eran: el español general Prim (con funciones diplomática y militar); los británicos sir Charles Wyke (diplomático) y el comodoro Dunlop; y los franceses conde de Dubois de Saligny (diplomático) y el contralmirante Julien de la Graviére.
A fines de diciembre ambas fuerzas pusieron rumbo a Veracruz. Los franceses buscaban abiertamente ir más allá del simple cobro: crear una monarquía sumisa y controlar el país, frenando el expansionismo norteamericano. Los británicos buscaban hacerse respetar y conseguir ventajas comerciales. ¿Y España? Nada claro tenía esta misión de Prim más allá del dicho cobro. Una misión peligrosa, con la animadversión de los mexicanos hacia su antigua metrópoli por la aún reciente guerra de emancipación. Una aventura peligrosa. Algunos llegaron a hablar de un intento secreto de establecer una monarquía borbónica en su rama carlista. Lo cierto es que aceptó el trono en forma imperial el joven Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador austriaco Francisco José.
Prim conocía bien el problema dado su matrimonio con la mexicana Francisca Agüero, hija de un rico banquero de ese país.
LA INTERVENCIÓN
El general Serrano, capitán general de Cuba, al saber del nombramiento de Prim, se adelantó a la llegada de éste y envió a 6.000 soldados al mando del mariscal Gasset y embarcados en la flotilla del almirante Gutiérrez de Rubalcaba con rumbo a Veracruz, puerto que ocupan el 17 de diciembre de 1861. Al llegar Prim a La Habana se encontró con que el ejército estaba ya en México.
Gasset aseguró que no llevaba ansias expansionistas. Juárez movilizó 50.000 soldados y acusó a España de un intento de reconquistar el viejo virreinato de Nueva España. En enero llegaba Prim y se encontraba a un ejército agotado, aislado y enfermo por el duro medio tropical. Hasta el 6 de enero no llegaron los aliados europeos que salvaron al ejército español por culpa de la soberbia de Serrano.
Miguel Miramón, lider conservador llegaba a Veracruz y se alineaba a los invasiores. Prim sabía que poco había que hacer ante el poder de Juárez y el respaldo de Estados Unidos cuando acabasen su guerra. Además supo de las intenciones francesas de invasión indirecta.
MIGUEL MIRAMÓN
Ciudad de México, 1831 / 1867, Querétaro.
Combatió de joven contra la invasión estadounidense de 1847. General de división y presidente de la República en 1856. Destacado conservador y enemigo acérrimo de Juárez, apoyó a Maximiliano y la intervención europea. Al llegar a Veracruz en enero de 1862 fue enviado forzosamente a La Habana para alejarle de la contienda. Fue apresado en el Cerro de las Campanas de Querétaro, siendo fusilado junto al austriaco.
LA CONVENCIÓN DE ORIZABA
TRATADO DE LA SOLEDAD
Las malas condiciones de Veracruz y lo hostil de su medio natural mellaba la moral de los europeos. El ministro Doblado convocó a los jefes aliados a negociar en Orizaba, al interior de la región de Veracruz. Gran Bretaña y Èspaña respetaban el acuerdo de Londres y se oponían a cualquier agresión sin agotar la vía diplomática, al revés que Francia. Cerca de Orizaba se firmaba entre Prim y Doblado la Convención de La Soledad, por la que se separaban los ejércitos en cuatro ciudades diferentes: franceses en Veracruz y Tehuacán; británicos en Córdoba; y españoles en Orizaba. Tras la firma Juárez apenas respetó lo tratado y hostigó a los residentes extranjeros.
Los franceses se declararon partidarios de atacar la capital mexicana y establecer a Maximiliano como garantía contra Juárez. Gran Bretaña y España se oponían. La primera se retiró unilateralmente y Prim, sin contar con el Gobierno de Madrid hacía lo mismo. Las relaciones entre los aliados estaban rotas y cayeron en descalificaciones mutuas.
Doblado envió una carta a Prim felicitándole por su actitud y ofreciendo negociaciones futuras del pago de la deuda y le ofrecía el restablecimiento de relaciones entre los dos países.
Prim hubo de reembarcar su ejército en los buques británicos de Dunlop ante la negativa de Serrano de enviar barcos de transporte. El recibimiento en La Habana fue muy frio y el encuentro entre ambos generales fue muy distante y casi violento. Prim viajó a Estados Unidos antes de ir a España a tratar de la situación de Cuba. Al llegar a España se encontró con la comprensión de la reina Isabel II. En Madrid, en el Senado, el día 12 de diciembre de 1862 se defendió de los ataques del general Pavía por los moderados y de Olózaga por los progresistas. La opnión pública respiró.
La decisión de Prim fue por completo acertada: evitó un desastre militar y un alto precio de vidas humanas, cosa que sí le ocurrió a Francia que se embarcó en una guerra abierta contra el México juarista.
LA GUERRA INÚTIL DE FRANCIA
Tras la retirada hispano-británica, los franceses impusieron a Maximiliano en el trono de Chapultepec. Un ejército de 28.000 soldados tomaba Puebla tras dura lucha casa por casa, y entraba en Ciudad de México en junio de 1863. El 28 de mayo, desembarcaban en Veracruz Maximiliano y su esposa Carlota, belga. El día 10 de junio entraban en la capital.
En enero de 1864, se establecía el gobierno de Juárez en Saltillo, al norte del país. Tras el avance arrolador de los franceses se retiró a Chihuahua, pidiendo ayuda a los norteamericanos, los cuales le reconocen como presidente. Acabada la guerra victoriosa de los federales de Lincoln, el vecino del norte se apresuró a no reconocer a Maximiliano y a exigir la retirada a Napoleón III, el cual accedió. La emperatriz Carlota acudió a París a humillarse ante Napoleón para que no retirase su ejército, sin conseguirlo. El emperador quedó solo con el insignificante apoyo de Miramón y la animadversión popular. Juárez, con el apoyo de sus vecinos yankees asedia a los imperiales en el Cerro de las Campanas de Querétaro el día 14 de mayo de 1867. Maximiliano y Miramón fueron fusilados el día 19. De poco sirvieron las súplicas de las naciones europeas. En realidad Juárez daba un aviso con su intransigencia ante posibles intervenciones futuras. Entraba el oaxaqueño triunfante en Ciudad de México el 15 de julio de 1867 como presidente.
FUENTE DE PARTE DEL TEXTO PROCEDE DE LA REVISTA "RISTRE" Madrid; Nº 19, 2005.

10 comentarios:

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Al final el gran perdedor fue Maximiliano, creyò en esta exòtica aventura y sus deseos de grandeza finalmente acabaron con él...de Napoleòn III qué decir? pues que era igual de genocida, bravucòn y prepotente que su insigne tìo y al final acabò igual que èl, derrotado, humillado y exiliado...estas ansias de grandeza mezcladas con ese chauvisnimo tan "gabacho" (que decimos en la tierra) nunca fueron buenas...menos mal que Prim tenìa dos dedos de frente...

Un saludo amigo Juan.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Siempre me he preguntado que que se le perdió a Maximiliano allí ... ¿en que pensaba este hombre para embarcarse en esta aventura?

Juan dijo...

En efecto Carlos II, Prim supo ver lo inútil de la campaña y poder retirarse con dignidad de ese avispero que pudo ser un desastre. Napoleón III pues un imperialista de mucho cuidado. Tuvo el fin merecido: derrota, exilio y muerte repudiado por sus compatriotas.
Saludos Majestad.

Juan dijo...

Hola José Luis. Es posible que el romanticismo, tan decimonónico, fuese el causante de dicha irresponsabilidad. Trágico final, desde luego que sí.
Saludos.

Cayetano dijo...

Unos son más listos o menos ambiciosos y saben retirarse a tiempo. Otros son víctimas de su propia ambición sin límites, tal es el caso de Napoleón III.
Un saludo.

Juan dijo...

Pues sí, Cayetano, Napoleón III jugó a imperialista en exceso y el bobo de Serrano y el no menos bobo de O´Donnell le intentaron seguir. La diferencia es que España en esas épocas era un país periférico y sin poder, un viejo león desdentado. A Francia no había llegado aún su hora imperialista, que le llegaría en la época de la III República, a partir de 1880 aproximadamente.
Saludos.

Arturo Gómez Alarcón dijo...

lInteresantísimo relato. Ahora comprendo mejor el triste final de Maximiliano. Te cuento que el presidente del Perú Ramón Castilla envió dinero y armas para Benito Juárez. Incluso, estuvo cerca de enviar 5000 soldados para luchar contra los franceses.
Saludos.

Juan dijo...

Buena información me das Arturo sobre el intento peruano. La verdad es que en esas décadas centrales del siglo XIX las jóvenes repúblicas latinoamericanas veían cómo se estaba fraguando un nuevo colonialismo mucho más agresivo: el impoerialismo capitalista y no es de extrañar que estuviesen en guardia ante posibles tentativas de invasión, aunque fuesen lejos de sus fronteras. Y sí, el pobre Maximiliano... un desgraciado y una mera comparsa de los europeos.
Saludos Arturo.

Director de Ristre dijo...

Estimado amigo: No veo que en ningún momento haga referencia a la publicación de la que ha sacado tanto la información como las imágenes, la revista Ristre, ni sus autores. Le agradecería que al menos citase las fuentes, o nos veremos obligados a tomar las medidas legales oportunas.
Un saludo
Director de Ristre.

Juan dijo...

Señor director de la revista "Ristre", ya tiene usted la cita y las dos imágenes borradas.
Saludos.