jueves, 23 de septiembre de 2010

LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (IV): VERACRUZ

La ciudad de Veracruz es puramente marinera, atlántica, tropical y caribeña, además de ser la verdadera puerta de entrada a México hasta el siglo XX, cuando no había aviones y el transporte transcontinental era por barco. Por su costa apareció Cortés para conquistar el actual México, no solo el temible imperio mexica de los aztecas, sino el noroeste y el sur de California, cuyo golfo se conoce también como Mar de Cortés. Punto de atraque de los galeones que llegaban de España y de La Habana, fué testigo de la última retirada de las tropas españolas en la guerra de Emancipación. Veamos el lugar donde casi cuarenta años después desembarcó Prim.

Céntrica avenida veracruzana con su nombre.
La avenida de Prim.
Llegar a Veracruz en el bochornoso verano tropical e hiper húmedo desde el frescor del altiplano central es una sensación de fuerte calor, sobre todo para el viajero castellano no acostumbrado a esos rigores del calor húmedo. Tras ver el plano turístico de la ciudad y empezar el paseo se mitiga esa sensación desagradable de calor por el encanto del mundo tropical. Mi primera impresión ante mi bautizo en ese clima tropical fué de creerme en Cuba, en La Habana. Las músicas con el ritmo pegajoso del Caribe, el exotismo, muchas personas con sus guayaberas, esa prenda tan cómoda para estas latitudes, etc. No me extraña en absoluto que los pobres soldaditos peninsulares sufriesen ese clima tan hostil y que fuese necesaria la marcha al interior en busca de mejores condiciones. Ya se decía en la guerra cubana que los tres mejores generales eran junio, julio y agosto, porque eran los que diezmaban al enemigo.
Catedral en la noche.

La ciudad en si no es atractiva, máxime cuando de se viene de ver verdaderas joyas prehispánicas, virreinales y de arquitectura contemporánea en el altiplano mexicano. Pero hay que dejarse cautivar. Los cafés son deliciosos, sobre todo tras sufrir los aguachirlis de la capital.
Panorámica de Veracruz tomada en el Museo Naval.
Hacer clic para aumentar la foto, pues puede verse la numeración de los lugares más impportantes.

De esa ciudad colonial apenas queda ya nada, las murallas que vemos fueron derribadas a mediados del siglo XIX y solo se conserva el baluarte de Santiago, hoy rodeado entre jardines. La catedral y alguna que otra iglesia y casonas quedan como testigos de aquella ciudad tan importante en el virreinato de la Nueva España.
Decir que al llegar Cortés en la Semana Santa de 1519, nació esta ciudad de la Verdadera Cruz. Al poco, por su ya mentada inhospitalidad, se trasladó la ciudad veinte kilómetros al norte, hoy llamada La Antigua, en actual estado de semiabandono. De todas formas, siguieron llegando los barcos y en 1600 volvió a su primitivo emplazamiento.
Baluarte de Santiago, testigo de las antiguas fortificaciones, que poco pudieron hacer ante los ataques del temible pirata francés Lorencillo, cuando asoló la ciudad en la segunda mitad del siglo XVII.

El viaje hacia el altiplano o meseta Anáhuac, hacia el DF de México, con la vista de sus volcanes, es muy interesante, en especial por el paisaje de subida de la sierra Madre Oriental, escalón que marca la vegetación diferente. El verdor es increible, dadas las fuertes lluvias tropicales del estío. Las pendientes y las curvas recuerdan a los puertos de montaña españoles cuando se va de la meseta a la costa cantábrica.
Soportales en el centro urbano.
En el Zócalo el bullicio de las terrazas da un animado ambiente.

Iglesia del Cristo del Buen Viaje. No le falta razón al nombre, pongámonos en el lugar de los viajeros que debían partir a la península, en un viaje incierto ante las tempestades y los piratas.

Los típicos jarochos, como los mariachis en Jalisco, son los verdaderos representantes del sabor veracruzano con sus bailes de fin de semana en el Zócalo o plaza mayor principal. La Bamba en versión tropical, muy lejos de las versiones de Richie Valens o de Los Lobos en los años 60 y 90 del pasado siglo.
Al caer la tarde empieza algo de brisa y de frescor. Se puede optar por pasear por los muelles o ir a escuchar y ver danzar a los jarochos. La playa y el mar abiertos quedan lejos.
Emotivo monumento al inmigrante español de principios del siglo XX o el exilio republicano, del que los mexicanos guardan un muy buen recuerdo.

Y para la última entrada nos dejamos el castillo de San Juan de Ulúa, símbolo del colonialismo pero de la independencia también. Más allá el mar, en las afueras ya de Veracruz, donde en sus playas se puede tomar la sabrosa gamba, acá llamada camarón. La región es pantanosa y ya se sabe de su hostilidad por las penalidades de las tropas europeas. Está muy cerca de la desembocadura del inmenso río Papaloapan, muy caudaloso, con inmensas áreas de pantano donde los mosquitos hacen sus grandes banquetes de sangre.
NOS QUEDA PARA LA SIGUIENTE ENTTRADA EL FUERTE DE SAN JUAN DE ULÚA.

El autor del blog en la playa cercana a Veracruz.
Impresiona saber que Europa está tras ese horizonte. Cuando se ven las dos orillas se siente algo especial.

9 comentarios:

Mai Puvin dijo...

Chapeau, Juan!!!... Espero atenta la próxima.

Madre mía, cuánta información!

Abrazos

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Juan, me ha encantado la entrada. Gracias por las fotos, es como haber estado allì...se te ve cansado de hacer turismo en la foto pero al mismo tiempo se nota la cara de satisfacciòn, un gran viaje, sin duda.

Un saludo.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

a mi que Valencia me parece agobiante por la humedad no se lo que aguantaría por allí....

Cayetano dijo...

Gran cronista de las Américas: a la vista de la foto playera, debe sobrecoger saber que estás en la otra orilla, tan lejos de casa, como los astronautas que abandonan el planeta y saben que muy lejos quedan casa, trabajo y demás.
Buena acogida dieron en esa cálida tierra a los españoles del exilio y a otros, hasta tienen una calle dedicada a Prim. Todo un detalle.
La humedad combinada con el calor debe ser agobiante. Ahora que, ya sabes el dicho, sarna con gusto no pica.
Un saludo.

Juan dijo...

Hola Mai Puvin, encantado de darte información. Recuerda informarme de esa próxima publicación sobre la historia americana.
Carolus, la verdad que sí, que estaba y algo cansado pues eran ya los últimos días del viaje, viaje que duró un mes justo.
José Luis, la verdad que nosostros los mesetarios llevamos mal la humedad, tantol en su vertiente de calor como en la vertiente del frío.
Cayetano, gracias por nombrarme cronista de Indias, te sigo animando a que cruces el charco, pues lo disfrutarás enormemente.
Gracias a los cuatro por vuestros comentarios y cordiales saludos.
Juan Pedro.

Arturo Gómez Alarcón dijo...

Muy sabrosa esta crónica viajera Juan. Me gustó saber de los jarochos y el sabor caribeño de Veracruz.

Un abrazo.

Juan dijo...

Hola Arturo, México es un país enorme y de un extremo a otro pueden parecer dos países diferentes: del trópico a la zona templada, y eso se refleja en la también variedad de gentes y costumbres, de los famosos mariachis y charros a caballo hasta los jarochos y a tropicales.
Saludos Arturo.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Me ha gustado mucho la serie sobre el conflicto con México. De hecho he leído los tres capítulos de un tirón, más la visita turística a Veracruz. Fue el siglo XIX muy complicado, y no sólo para España, como bien nos enseñas. España llena de espadones, México de revolucionarios, Francia con un nuevo emperador de un imperio de pacotilla; y la aparición, en Norteamérica, de otro imperio, no de derecho, pero si de hecho, que empezaba a imponerse, sin olvidar el otro imperio americano, en el sur, el brasileño, también de pacotilla, ilusión de uno reyes portugueses en el exilio. Han sido muy didácticos estos artículos, y veo que aún no ha terminado la serie. Estaré atento. Saludos.

Juan dijo...

Me alegro de que te haya gustado esta serie de la guerra mexicana, DESDELATERRAZA. Me queda una última entrada sobre San Juan de Ulúa, fortaleza emblemática de Veracruz.
Saludos.