viernes, 8 de julio de 2011

EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS, 1906-1956. MEDIO SIGLO DE SANGRE INÚTIL. (11ª PARTE)

MIS IMPRESIONES DEL NORTE DE MARRUECOS

EN MIS DOS VIAJES DE 2005 (I)
Tras el atentado de Madrid, el trágico 11-M, reconozco que apenas sabía nada del Islam ni de su cultura, como cualquier occidental. Mis conocimientos eran muy superficiales de Al Ándalus y de su historia medieval en mis tiempos de la facultad. Al tópico del moro malo, del moro ladrón, ahora se suma el tópico del moro integrista y del moro terrorista.
Antes de nada, decir que "moro" hoy considerado despectivo hacia ellos por parte occidental, es en realidad un cultismo. Moro viene del latín  "maurus", que significa moruno, moreno, oscuro. Mauritania Tingitana, es el país de los maurus, de los morenos, de los oscuros, nada que ver con el actual país, al sur del Sahara occidental marroquí, llamado Mauritania. Lo de Tingitania viene del Tingis romano (hoy Tánger). De todas formas ellos aceptan lo de moro si no es despectivo: dicen pincho moruno, por supuesto de pollo o ternera, sin cerdo (halufo en árabe) naturalmente.
Desde muy niño, como hijo de un antiguo funcionario español en el Protectorado, recuerdo a mi padre hablando de sus vivencias marroquíes en los años 40: desde un guantazo a un carterista en Tetuán, el cerrar la puerta de su casa un marroquí y meter su mujer para que no fuese vista, comer en el suelo y con la mano, eructar tras la comida como signo bereber de agradecimiento y de haber tenido buen provecho, las cutrerías que veía, su cabalgada a los restos de Annual, su visión cerca de Melilla de cómo un submarino alemán era hundido por la aviación aliada, la inquietud ante el desembarco norteamericano de 1942, el cómo al volver a Málaga, en aquél verano de 1945, un vendedor ambulante le dijo que los americanos habían tirado la “bomba asmática”, etc, etc. En una colección de fascículos que él reunía, titulado “70 años de España a través de ABC”, leí las crónicas de ese desastre y me familiaricé con esas fotos horribles antes vista. También en una serie de TVE de aquellos años finales del franquismo llamada “España, siglo XX”, muy facha pero con buenos documentales de la época. Con 15 años viví la muerte de Franco y la “Marcha Verde”. También los inicios del POLISARIO y su guerra contra Marruecos. Recuerdo cómo en esos años, hasta los 90, salían en la prensa las noticias de las reivindicaciones de Ceuta y de Melilla por Hassan II. También los apresamientos de pesqueros españoles en aguas marroquíes. Hassan II era el malo para los españoles, el posible asesino de su padre, Mohamed V, para conseguir el poder, etc, etc.
Ya en el siglo XXI, con los inmigrantes marroquíes en España, la crisis del “Perejil” -recuerdo ver a legionarios en una tele de un bar- y cómo se daba la noticia y la operación de recuperación, que pudo haber tenido consecuencias imprevisibles. Con todos esos ingredientes se daba el terrorífico atentado, en pleno auge del islamismo desde el 11-S o el atentado en 2002 en la Casa de España, en Casablanca.



EL PRIMER VIAJE: MI DESCUBRIMIENTO DE LOS MUNDOS ISLÁMICO, NO OCCIDENTAL Y SUBDESARROLLADO (I)
En el año 2005 un antiguo compañero de trabajo me propuso acompañarlo a Marruecos, a cambiar impresiones con colegas de aquél país. La ocasión la pintaban calva. El viaje, en julio, sería sin prisas, gradual. Desde la madrileña estación de Atocha a Algeciras.

El Estrecho desde la costa sur de Cádiz, la puerta de África. Al fondo el jebel Mussa.
En Algeciras, la visión del Estrecho. Increíble la poca distancia -apenas 15 kilómetros- entre las dos orillas, que son un túnel del tiempo, un muro infranqueable entre dos mundos. Entre dos civilizaciones. Es más espectacular cruzar desde Algeciras a Tánger, pues el ferry vira al oeste y se pueden ver las dos orillas a cada lado: las sierras andaluzas y las montañas yebalíes, con la Mujer Muerta del Jebel (montaña) Mussa y su opuesto Gibraltar (Jebel Tarik). Los dos caudillos musulmanes conquistadores de la Hispania visigoda.

Ceuta, España en África
La llegada a Ceuta apenas es impactante: es una ciudad donde aún es mayoritaria la población de origen peninsular. Se nota, eso sí, más población musulmana de lo normal que se ve en Madrid u otras zonas de la península. El viejo enclave ocupado en 1415 por los portugueses, y el penúltimo territorio en ser español (el último es la pacense Olivenza), es una localidad sin muchos alicientes. La ciudad cuenta con unos 60.000 habitantes y buenas infraestructuras: buen mercado, buena zona de recreo llamada Parque del Mediterráneo, lugar con piscinas al lado del mar, etc. Su casco histórico apenas tiene edificios elegantes: una catedral, la iglesia de Nuestra Señora de África, enfrente la Comandancia Militar, una casa modernista interesante de inicios del siglo XX: la Casa de los Dragones, las Murallas Reales (adosada a las mismas recuerdo un bar ¡gallego! con excelente pulpo a feira), el Monte Hacho, con el Museo de los Regulares, un mueso de la Legión, y poco más. Interesantes son las vistas al Monte Musa que vigila la ciudad desde su cima a unos 800 metros de altura. Varias veces he intentado subirlo pero el viento de levante lo impidió. He visto fotos desde su cumbre y las vistas son espectaculares de la costa gaditana al norte y las montañas de Tetuán al sur. El barrio con mala fama es el del Príncipe Alfonso, donde me dicen que no hay nada que ver, salvo llevarse un disgusto.

Casa del Dragón



Un taxista musulmán
Lo mejor es tomar un taxi que te lleve por la ciudad y sus alrededores. El taxista que me llevó era musulmán. Me equivoqué al decir que era Benzú (barrio separado del centro y pegado a la cerrada frontera oeste), donde le pegaron el tiro a Franco. El taxista me corrige y me dice que era El Biutz, en territorio marroquí, lugar de origen de su familia. Hago mi comentario negativo de Franco y me dice que gracias a él había orden en la Ceuta de antaño. Un taxista joven, musulmán y franquista sociológico. Otro tópico que me despeja: digo que con el tiempo la natalidad musulmana daría mayoría a los ceutíes de origen marroquí y su pase de soberanía al vecino país. ¡Ni hablar! Me dice. Los musulmanes ceutíes son, mayoritariamente españolistas. Sus hermanos de religión son los vecinos del sur, pero lo tienen claro: el pasaporte español les mola más que el verde de Marruecos. Como los euros en el bolsillo frente a los dirhams marroquíes. Desde la costa norte de la península ceutí se divisa muy cercana la costa de Algeciras y Tarifa. Desde la costa sur, el panorama es muy interesante: la sierra de Bullones que llega hasta Tetuán y el Cabo Negro. Al tener reciente la lectura de ambientación del Episodio Nacional galdosiano de Aita Tettauen, que se ambienta en la guerra de 1860, veo el itinerario costero de Prim.
Al sur, la única frontera abierta: El Tarajal. Allí cambio dinero a unos ambulantes típicos de frontera. En las colas ante el lado marroquí el espectáculo diario: el incesante número de hombres y mujeres con sus chilabas, cargados con alforjas llevando las mercancías compradas en los supermercados fronterizos, con destino a revenderlos al otro lado de la frontera. Tengo conversaciones con los marroquíes que llegan desde Francia y España rumbo a sus hogares que dejaron antaño, esos que se ven por las carreteras nacionales y en las áreas de descanso de la A1 y la A2, los de la operación Paso de Estrecho. Allí se ven las alambradas y los jóvenes subidos a montecillos viendo la frontera y discurriendo cómo poder pasar al lado español.
Tras rellenar unos papelillos en los que el gendarme introduce tus datos en el ordenador, se entra en Marruecos.
El contacto de verdad, la impresión inicial
Para un español actual, este paso es una experiencia a la que conviene ir preparado. Se llega a la explanada donde decenas de taxistas con sus viejos Mercedes Benz desechados de Alemania, te llaman a gritos:
- ¡Tituán! ¡Tituán! ¿tú ispaniol?
- Bien Ispana, amigo, yo ti llevar Tituán, Ispana cohonuda.
Cuando se reúnen seis personas estrujadas arranca el taxi. La impresión es la leche: ¡cuatro atrás y dos adelante junto al conductor! Al intentar abrir la ventanilla para no asfixiarme veo que es necesario pedir una llave inglesa para mover la tuerca, antes un cordel hace de asa para cerrar la puerta trasera.
La carretera es histórica: por aquí pasaron los romanos a conquistar la Mauritania Tingitana, los godos, las tropas bereberes en 711, las tropas de Enrique III en 1409 a saquear Tetuán, las tropas de Prim en 1860, los legionarios de la guerra que hemos visto, los turistas, los inmigrantes de ida y vuelta, etc, etc. Las urbanizaciones turísticas de chalets y apartamentos esconden la playa tras de sí. Casi todos los viajeros entienden el castellano: cruzan casi todos los días la frontera.

Tetuán: “La Blanca Paloma”
Tetuán, ciudad Patrimonio de la Humanidad, la vieja capital del Protectorado. Desde lejos dicen que su urbanismo de casas encaladas blancas semeja una paloma con las alas abiertas. Esa forma ya se difumina con los suburbios que la envuelven en continuo crecimiento. Muy cercanas se encuentran Cabo Negro y Martil, ciudades de veraneo playero con feos apartamentos similares a los españoles. También, al este, Sania Ramel, el aeródromo donde aterrizó Franco el 18 de julio.
La impresión de estar en el Islam. La casi totalidad de las mujeres con el hiyab o pañuelo en la cabeza. Cientos de chavales jóvenes en las calles, adolescentes sin apenas futuro. La abundancia de niños, ya casi inexistentes en la envejecida España, hace recordar a la infancia en Madrid, cuando en los años 60 era el mismo panorama. El hotel en el viejo ensanche español colonial. El primer día es ya tarde y al hotel. Es curioso que enfrente está la Casa de España.
La primera mañana se ve cómo la huella española aún existe. Calculo que, al menos, un 30% de la población, sobre todo mayor, habla castellano como los andaluces. Veo establecimientos antiguos con nombres españoles, tiendas de ultramarinos ya inexistentes en España, cafés tipo años 50, donde se sirve Nescafé, Cola Cao, porras, churros, palmeras…todo ello con su nombre español.
La calle de Mohamed V me recuerda a cualquier ciudad andaluza de los años 20 a 40, con el mismo estilo regionalista hispano-morisco con tintes modernistas. La calle atraviesa la Plaza de Primo a secas. No es su nombre, pero todos la conocen por esa denominación en honor a don Miguel, el dictador. Salvo los ancianos, pocos saben quién es ese “Primo”. Una plaza circular, que recuerda a Andalucía, con el Consulado español dominando el panorama. Al otro lado de dicha plaza se levanta un templo católico de estilo neo-mudéjar.
Al extremo opuesto de la calle Mohamed V se llega a otra plaza circular, con el viejo palacio del majcen o gobierno marroquí del Protectorado. Ahí empieza el viaje al exotismo: se entra en la medina (m´dina), verdadero laberinto de calles, casi por completo flanqueadas por comercios con sus puestos artesanos y callejeros atiborrados de gente de todo tipo. Chavales y jóvenes que se te ofrecen como guías por ese laberinto. Es el urbanismo que se repite en casi todo el mundo musulmán. Muchos te ofrecen en español su mercancía: frutas, ropas, joyería, teteras, productos españoles recién comprados en Ceuta, etc, etc.
Tetuán es un nombre muy dicho en Madrid desde siempre. Ese nombre se le da a un distrito de la capital, con una estación de Metro, por ser donde se instalaron los soldados licenciados de Prim de aquella guerra de 1860. Ahora estaba yo en el verdadero Tetuán, en la ciudad tan andalusí, la ciudad que reconstruyeron los españoles musulmanes que fueron expulsados del reino de Granada desde 1492 hasta 1609.
En un cerro, tras las murallas se ve un barrio de casas blancas. Me indican que no es recomendable ir. De ese barrio salieron los terroristas del 11-M. Fuera del centro está la zona de taxis a Xauen, la otra joya del viaje. Antes fui a Tánger. Había que acostumbrarse al nuevo mundo poco a poco.

Tánger, el cosmopolitismo de antaño
Sí, la vieja Tingis romana, la capital cosmopolita, la que mira a Europa, la de clima mediterráneo asomada al Atlántico. El camino lleva a Castillejos (donde la batalla de 1860) y, por la costa sur del estrecho. El paisaje es encantador, viendo la costa gaditana a un paso. Es increíble la cercanía. Hoy, según me dicen, se rompe ese encanto ante la construcción del mega puerto de Tánger-Med. En uno de mis viajes pude tomar un te moruno a la menta viendo Andalucía a lo lejos, y unas horas después, con un cubata viendo la costa africana desde Tarifa. Debió de ser increíble el ambiente del Protectorado internacional, el administrado por la Sociedad de Naciones. Lo mejor es contratar desde el Hotel una visita organizada o un taxi a las cuevas de Hércules y el cabo Espartel, con vistas al Atlántico. Luego pasear y perderse por la medina. Un señor mayor me pidió 5 euros por guiarme unas tres horas. Acepto. Allí descubrí que el señor era hijo de un antiguo combatiente de la guerra civil. En un restaurante se sirve alcohol sin problemas y con el camarero diciendo que el alcohol es normal, aunque reconoce que a escondidas a veces. Desde una plaza a modo de balcón se ve la península. El guía nos habla de Paul Bowles, el norteamericano de los años cuarenta y de El cielo protector. Lo mejor de Tánger es la medina y sus mezquitas aunque, en Marruecos, a diferencia de otros países musulmanes, está prohibida su entrada a los no mahometanos. También conserva la ciudad una fortaleza con cañones asomados al Atlántico. Aquí llegó, como dijimos, el káiser Guillermo II en 1905.


Asilah, Larache. El Atlántico magrebí de verdad
Magreb es occidente en árabe. Es verdad, allí, en la costa atlántica, se acaba el viejo mundo,  tanto musulmán como cristiano. En ambas ciudades se pueden ver espectaculares ocasos, sobre todo desde Asilah (Arcila en castellano).
Arcila tiene una ciudadela portuguesa. Luego pasó a España, que la perdió en el siglo XVII, como Larache, en tiempos del temible Muley Ismail, el fundador de la dinastía alauí. Pasear por sus calles es como pasear por un pueblo gaditano sin bares. La blanca cal de sus casas, las puertas verdes y azules y el olor a mar, son mis mejores recuerdos, tanto por el día como por la noche. El ocaso es un espectáculo estupendo. Viendo ese ocaso, en 2005 y en 2006, pensaba, cómo desde otras playas españolas, en el otro lado del océano, en las Américas,  que aún no conocía.
En una terraza, al atardecer, un camarero me ofrece cubalibre, ginebra, cerveza, pero con la condición de irme más hacia el dentro del bar, sin que me viesen mucho los paseantes, por si me veía un integrista. Eso es lo malo aún de Marruecos. Recuerdo en Fez ver tiendas de comestible con alcohol con letreros como: Touts contre le terrorisme et pour la libertè. Era ya el año 2006, en plena época de yihaddismo y guerra de Irak.

Asilah

Larache es otro lugar a visitar. Lo que más me gustó es que no es turística y, por ello, y en el mes de julio, no había ni un solo extranjero. En Larache sí me ví inmerso en el Islam. La medina no es turística, ni está terciarizada: está habitada. Los niños corretean la gente deambula por sus zocos o mercados. Un señor mayor me indica un edificio, muy deteriorado, frente a mí, un edificio que se notaba singular en sus tiempos:
-¿Ispaniol? isa es comandansia militar ispaniola antigua.
Me imaginaba ahí a todos los africanistas que mandaron en ese ex cuartel, sobre todo el general Mola en sus largos años de comandante en jefe de la plaza. Dos cosas curiosas.
Una, en el restaurante, los pescados frescos en una terraza, hermosos: emperador, rape, calamares…lo malo es que se extrañaba una cerveza o un vinito. Lo que me asombró del país es que no existe apenas la cerveza sin alcohol. Una pena comer esos pescado a la plancha con agua mineral o Fanta. En los barrios populares y sin occidentales el alcohol no se huele en público.

Larache

La otra anécdota es que entre musulmanes como estaba, un señor nos oye hablar en castellano:
-¿Españoles?
-Sí.
-¿De dónde?
-Madrid.
-Jajajja, yo albañil en Alcobendas, de vacaciones acá. Bienvenidos a Marreucos. Salam Alikum.
Larache tiene también una zona de ensanche levantada por los españoles en estilo hispano-morisco en la primera mitad del siglo XX, con una plaza circular con azulejos azulados, similares a los de Talavera. Muy próximo, en el paseo marítimo, se encuentran las ruinas de la vieja Kasba de la Cigüeña y unas terrazas de cafés y teterías sofisticadas. El camarero sonríe al oírnos y saber de dónde veníamos.
Tomamos un autobús muy cutre que nos lleva a Luxus, la vieja ciudad romana. Soy poco aficionado a la arqueología, pero estos restos estaban bien conservados a pesar del abandono. Un guía local, de unos cincuenta años, también hijo de un regular de la guerra civil española nos enseña esas ruinas muy amablemente. Reconoce que el descuido y la falta de dinero estaban deteriorando el lugar irreversiblemente. Al volver en el taxi, un viajero muy joven marroquí de vacaciones estudia medicina Granada. Curioso, casi todos me entendían. El taxista con su chilaba conduciendo.
Queda aún relato por describir y ya me extiendo demasiado. Dejo para la siguiente entrada el resto de este viaje y el segundo. Espero el lector disfrute leyendo.

15 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Una gozada, Juan.
No conozco el norte de Africa y es apasionante lo que relatas porque además lo unes, como es necesario, con la Historia.

Tetuán, Tanger, Larache, etc. cuánto español habrá que ha vivido su vida casi entera por aquellos lares. Desde funcionarios a militares y comerciantes.

Juan dijo...

Hola Tellagorri. Acabo de corregir los errores de expresión, pues escribo muy rápido y tengo que releer.
La verdad que el norte de marruecos es apasionante. Desde luego alucinarías viendo la huella española y cómo se ve que en la Edad Media y hasta 1609 las huellas de ambos mundos se relacionan. La contradicción de que hablo: tan lejos y tan cerca. Me dejo muchas anécdotas en el tintero, pues me extendería un montón. Como bien dices cuaántos españoles habrán vivido allá, desde funcionarios hasta jóvenes que les tocó hacer la mili allá (conozco a amigos que odian el destino aquél de su mili particular y no quieren volver). Espero que sigas disfrutando en la próxima entrada en que seguiré narrando mis viajes "morunos".
Saludos desde los Madriles.

Lorenzo "el Retronauta" dijo...

Hola Juan.
Podria dedicarse a escribir guias turisticas. La verdad es que su relato es muy ameno y dan ganas de visitar Marruecos -lugar en cual no he estado jamas- para imbuirse de todo lo que cuenta. Atento estare a su proxima entrada.

Y esperando las vacaciones de agosto, ya que tengo pendientes los 10 capitulos de la serie del Protectorado Español que ya ha publicado. Tema que me interesa mucho, ya que es una historía desconocida por la mayoria de españoles. Solo sabemos algo y muy superficialmente.

Por ejemplo, mi suegro -ya fallecido- era policia armada en Tetuan. Y dos de sus tres hijos -entre ellos mi esposa- nacieron en Marruecos. Pero ya sabe, hubo que salir por piernas de allí.

Mi mujer si que estuvo hace ya muchos años por asuntos de herencias y decía que era como retroceder 200 años en el tiempo...

Un saludo cordial, nos leemos!

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

Juan excelente relato, ha sido como vivirlo en primera persona, he sentido claramente ese paso que comentas del primer al, sino tercer mundo, sí al menos segundo. Está claro que los ceutíes y melillenses, independientemente de su credo, son se habrá los más españoles entre todos los españoles por ese continuo enfrentamiento con Marruecos y pienso que ese sentimiento se habrá incrementado en los últimos años antes la inutilidad y dejadez en esa zona del gobierno socialista que ha permitido una humillación casi diaria...

...el Marruecos que nos narras está construido sobre los pillos, y es que el moro (que es un cultismo y no un insulto como piensan los progres) es pillo de naturaleza, incluso cabroncete o cabrón a secas...intentan sacarte los cuartos con todo, está claro.

Un saludo.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Un viaje fenomenal el que nos empiezas a narrar, la verdad es que hay mucho desconocimiento entre ambos paises, lo cerca y lo lejos que estamos... una pena... y lo de la falta de cerveza ... imperdonable :)

Arturo Gómez dijo...

Muy buena y sabrosa la crónica de tus visitas a Ceuta, Tetuan, Tanger y Larache. Al leerla uno siente que te ha acompañado en el viaje.

Un saludo.

Juan dijo...

Hola Lorenzo "Retronauta", la verdad es que es dificil escribir bien, tanto literatura artística cómo de viajes, y a mi me queda mucho para dominar la escritura. Si me dedicase al escribir guías de viajes me echaban rápido jajajaj. Sobre Marruecos, pues sí, es un viaje apasionante. Ya tengo ganas de volver. Es un país con una historia muy desconocida por nosotros los españoles. Viajar allá es como volver a mi infancia: olores, comidas, tiendas de ultramarinos, etc, aunque con los incomodos para sus habitantes.
Saludos y buenas vacaciones.

Juan dijo...

Hola Mejestad, en Marruecos hay picaresca como en todo el mundo. Es normal, si vemos su nivel de vida. En términos generales son muy acogedores y muy buena gente, nos conocen muy bien, mucho mejor que nosotros a ellos.
Saludos.

Juan dijo...

Hola conquense, la verdad es que eso de la cerveza se echa mucho en falta, sobre todo en las buenas comidas bereberes como el cus cús. Pero es lo que hay. Cuando se cruza el estrecho da gusto volver a tomar un buen jamón con vinito.
Saludos.

Juan dijo...

Hola don Arturo, se le echa de menos mucho en sus entradas de blog. En la siguiente entrada espero seguir narrando de forma amena mis impresiones de marruecos, el veciono sur de España...y de Europa.
Muchos saludos desde Madrid a Lima.

Cayetano dijo...

Estupenda entrada de un "turista" ávido de aprendizaje.
Regreso momentáneamente de mis vacaciones para volver a irme dentro de nada. Y me encuentro con un montón de entradas de mis amigos blogueros. Intentaré ponerme al día antes de volver a irme.
Un saludo.

Juan dijo...

Disfruta viajando Cayetano que el curso próximo será de aúpa. Saludos.

Arturo Gómez Alarcón. dijo...

La escena de El Tarajal me hizo recordar mi paso por Desaguadero, la ciudad fronteriza entre Perú y Bolivia, en el 2002.

Juan dijo...

Hola Arturo, recuerdo que en mi últioma visita al Perú, estuve dudando si ver Bolivia o Ecuador, y opté pòr Ecuador. Ese paso, junto al Titicaca, lo tengo pendiente, en esos dos países hermanos.
Saludos Arturo.

Marinera dijo...

Hola viajero!! que interesantes tus descripciones de lugares que deseo conocer.Apasionante la historia que va mezclando pueblos, culturas, religiones, arquitectura...Espero poder recorrerlos mu pronto...Muchos saludos de una argentina viajera...