domingo, 16 de mayo de 2010

LA GUERRA HISPANO-SUDAMERICANA (I): INTRODUCCIÓN

El día 2 de mayo de 1866 una flota española bombardeaba las torres artilladas de El Callao. La fortaleza dieciochesca del Real Felipe volvía a ser testigo de un enfrentamiento entre españoles y peruanos. Cuarenta años años después, dos españoles, gallegos ambos, mandaban las fuerzas españolas. Dos luchas enconadas. En enero de 1826 se rendía dicha fortaleza defendida por el lucense Rodil, tras un largo y penoso asedio, poniendo punto y final a trescientos años de virreinato español. Tras esa rendición, cuarenta años y poco más de tres meses después, en el mismo lugar, el pontevedrés Casto Méndez Núñez, tenía otro enfrentamiento con Perú. Rodil en servicio al rey Fernando VII, y Núñez sirviendo a la hija de aquél rey: Isabel II.
En viajes a Perú descubrí con detalles una guerra que apenas tiene interés en la historiografía española. Esa guerra la conocía por detalles mínimos. Una céntrica y concurrida plaza madrileña lleva el nombre de Callao, en relación a esa guerra. Miles de transeúntes diarios pasan por ese lugar sin saber la mayoría de ellos el porqué de ese nombre. A lo sumo sabrán que es el nombre de un puerto peruano cercano a Lima. Los libros de historia españoles lo toman como una demostración de fuerza ante el Perú. De igual modo, los peruanos toman esa guerra como una victoria aplastante frente a los españoles y se extrañan que esa gran plaza madrileña lleve ese nombre.
En una serie de cinco entradas intentaré exponer esta guerra inútil, fruto de aquél tiempo de honores románticos y de incomprensiones mútuas. La última analizará una novela del tema desde el punto de vista de los protagonistas españoles: el episodio nacional galdosiano La vuelta al mundo en la Numancia.
Cuadro de la batalla de El Callao.
El Perú a mediados del siglo XIX.
Tras el fracaso de la confederación peruano-boliviana en 1839 con la derrota de Santa Cruz, nacía la República de Perú. Tras unos años de marasmo económico como consecuencia de unas duras guerras de independencia, a mediados del siglo había empezado cierta normalidad socio-política. Era una economía dependiente del capital británico como el resto de las jóvenes repúblicas iberoamericanas recién emancipadas.
La riqueza del guano como fertilizante agrario para el mercado internacional, la tenía el Perú en las islas Chinchas, al sur de Lima. Los ingresos fueron fabulosos tras la firma del contrato en 1849 con la británica Casa Gibbs. Como economía dependiente, estas riquezas no tuvieron influencia en las clases populares. La oligarquía criolla era la beneficiaria. El ambiente popular era aún de resaca por la independencia y de cierta animadversión hacia la vieja metrópoli. Los medios oficiales no tanto, y buscaban un arreglo con el gobierno de Madrid.
Quedaba pendiente el pago de la indemnización reconocida a España por los costes de las guerras emancipadoras. Los gobiernos estaban decididos a su pago a cambio de algo que España no accedía: el reconocimiento formal de la independencia peruana.
En 1863 acabó el mandato del presidente Ramón Castilla. Las elecciones las ganó el militar San Román, aunque será su vicepresidente Pezet el que subiría al poder. El 14 de abril de 1864 una flota española ocupaba las islas Chincha como represalia ante la falta del pago de las indemnizaciones. Se calentaba el ambiente guerrero.
España a mediados del siglo XIX.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, el país se sumía en una cruel guerra civil dinástica (Guerra Carlista) entre 1833 y 1839. Como las repúblicas americanas también se debatía entre pronunciamientos militares. Las destrucciones de las guerras contra Francia aún seguían sin resolverse. Hacia los años cuarenta el país lograba ir sentando las bases de la modernización económica, aunque también era un país dependiente y controlado por los capitales franco-británicos. A nivel político la reina Isabel II logra asegurar el trono.
Contrariamente al movimiento popular iberoamericano que buscaba el reconocimiento de su independencia, los gobiernos españoles aún se resistían a esos reconocimientos. Desde 1856 los liberales moderados dominan el poder. El general O´Donnell lograba gobernar un país con cierta bonanza económica durante diez años (1856-1866). Asegurada la estabilidad por esa coyuntura favorable, tuvo una politica exterior agresiva. En realidad lo que buscaba desesperadamente era una demostración de que el país aún estaba ahí, en unos años en que se gestaba la época del gran imperialismo europeo del último cuarto del siglo XIX.
Como país dependiente de Gran Bretaña económicamente, la Francia de Napoleón III le influenciaba políticamente. Como emulador del vecino del norte, el gobeirno español tuvo aventuras militares en Indochina, Marruecos, México y Santo Domingo, aventuras muy mal vistas en América.
En 1863 acaba el período de gobierno de O´Donnell. Una camarilla de ministros corruptos e incompetentes gobernaba con la reina Isabel. Sube a la presidencia del gobierno el también militar Narváez, el llamado "Espadón de Loja", hombre duro y muy autoritario. En su período de gobierno se dió la dura represión de motines agrarios y de cualquier oposición a su persona. También se produjo la ocupación de las islas Chinchas. Un año después reprimía duramente una manifestación estudiantil en Madrid con nueve muertos y unos cien heridos, en la tristemente célebre Noche de San Daniel (10-V-1865). En plena escalada de tensión bélica, vuelve al poder O´Donnell, que gestionará esta guerra.
Entre 1864 y 1866 una serie de incidentes y de incomprensiones mútuas llevaron a esta triste miniguerra que retrasará casi veinte años la definitiva reconciliación de España con sus ex colonias, a pesar de que esos años aún conservaba en el continente americano Cuba y Puerto Rico, cuyas emancipaciones siguieron un rumbo diferente al modelo continental.

11 comentarios:

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Amigo Juan, he echado mucho de menos tu presencia en mi blog y tus estupendas entradas. Me alegra que estes de vuelta.

Como dices ésta fue una guerra romàntica y absurda, un intento por recuperar algo que se habìa perdido ya pero que se negaba a reconocer, fue una de esas otras guerras romàmticas del perìodo isabelino como las expediciones a Marruecos, la expediciòn a Mèxico, la campana de la Conchinchina o la recuperaciòn de Santo Domingo...Espana querìa seguir demostrando al mundo que seguìa ahì, aunque era ya difìcil...

La Guerra del Pacìfico no reportò beneficios ni a unos ni a otros y por eso ha sido olvidada, en Perù dicen que la ganaraon ellos, en Espana decimos que la ganamos nosotros, lo que demuestra lo absurdon de la misma...

Un saludo.

Cayetano dijo...

En primer lugar, felicitarte y felicitarnos por tu regreso a las actividades blogueriles. Se te echaba de menos por este mundillo.
Luego comentarte que, en efecto, nuestros amigos peruanos minimizan la acción bélica de El Callao, prácticamente una chapuza, mientras que la historiografía tradicional ibérica la califica de victoria importante. Esto es como la batalla de Covadonga, una gran acción para los peninsulares y una escaramuza a pedradas según las crónicas musulmanas. Todo es cuestión de patriotismo patriotero y de intereses nacionales, donde lo menos importante es el rigor histórico.
Para la mayoría de los madrileños y visitantes se trata en efecto de un lugar donde quedar para ir luego de marcha.
Y luego está el tema de los "espadones" salvapatrias como Narváez que tenían que seguir demostrando al mundo lo importante que era España, como si no tuviera bastante con sus problemas internos.
Un saludo.

Juan dijo...

Sr. Carlos II, muchas gracias Majestad por sus comentarios, tanto por su disfrute de mis entradas como por la información que dejé en el tintero. En efecto, la expedición a Cochinchina, el actual Vietnam. Es curioso que muchos españoles sepan por películas y prensa la guerra de Vietnam y la evacuación estadounidense y, sin embargo desconozcan por completo esa expedición que yo mismo, un historiador, solo sepa de oídas al estudiar en la Facultad la España Isabelina.
Volveré sin duda a consultar y aprender de su blog sobre su reinado tan ignorado.
Saludos.

Juan dijo...

Gracias Cayetano por tus comentarios. Es muy acertada tu comparación con la "escaramuza" de Covadonga. Pues sí, una vieja nación que quedaba rezagada de la carrera imperial. Hasta el primer ministro Lord Salisbury nos consideró en 1899 "colonizables" y "repartibles". Hasta ahí llegaba nustra postración y noventayochismo. Aunque, quién sabe, porque jugar a imperialistas nos costó unos 80.000 muertos en Marruecos entre 1905 y 1927, eso sin contar las bajas de la guerra de 1892 en Melilla.
Saludos colega.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Lo primero es lo primero y lo que toca antes es decirte que ya se te echaba de menos....

En cuanto al motivo de la entrada... ¡cuantos recursos machacados en mantener algo que ya no existía!
¡cuanta sangre derramada en un siglo! ¿que podría haber sido de este país con gobernantes competentes que hubieran enfocado todo ese esfuerzo en la modernización?... una pena que aún arrastramos.

pcbcarp dijo...

Muy interesante el sacar a la luz episodios que, aunque olvidados, dicen mucho de la época en que sucedieron. Tras lo que pudo conseguirse en el XVII, el siglo XIX y buena parte del XX fueron un desastre del que parece que no queremos terminar de salir.

pcbcarp dijo...

Qué tontería he dicho.

CarmenBéjar dijo...

Qué alegría que estés de vuelta, Juan. Te hemos echado de menos.

Un privilegio poder pasearse por los lugares que protagonizaron la Historia de España y de Latioamérica hace tiempo...(aunque de infausto recuerdo para España).

Qué decir de la política española del siglo XIX, esa que enmarca la pérdida de las colonias, sin la cual no podemos explicar este largo proceso... Sargentadas, golpes de estado, constituciones que van y vienen, generalitos y generalones, república sí o no, vaivenes, ahora tú-luego yo.

Un besazo

Juan dijo...

José Luis, la verdad que sí, que si se hubiese empleado la vitalidad nacional en cosas mejores que una diplomacia agresiva, otro gallo hubioese cantado.
PCBCARP, no dices tonterías de ningún modo, ¿la consecución de la democracia y un aceptable desarrollo económico fue un fracaso?
Carmen, pues sí que viajar a América fue un gran hito en mi trayectoria de aprendizaje.
Saludos a todos por vuestro aprecio a mi participación blogera.

Arturo Gómez dijo...

Hola Juan. Que grato es leerte nuevamente, y con un tema tan interesante. A propósito del comentario de nuestro amigo Cayetano, quiero decir que en Perú no se minimiza lo que pasó entre 1865 y 1866. Por el contrario es un tema importante en la curricula escolar, se recuerda mucho a José Gálvez, ministro peruano muerto en el Comabte del Callao, y tenemos la centrica Plaza 2 de Mayo. En general, cada 2 de mayo se conmemora la reafirmación de la independencia frente a los intentos hispanos de restauración colonial.

Saludos desde Lima.

Juan dijo...

Hola Arturo, ya estoy preparando la entrada sobre los protagonistas de esta guerra inútil.
Saludos.