sábado, 12 de diciembre de 2009

LA NOVELA DE LA RESTAURACIÓN: LA REGENTA (Y III)

Exponemos un texto del capítulo 8 y que es muy explícito de esa época. Trata de la falta de ideología, tan propia de esa época, y cómo los intereses particulares primaban sobre los ideales políticos y cómo se aceptaba como normal esa inmoralidad. Es este el caso del marqués de Vegallana, un noble inútil y ocioso, burlado hasta por su mujer. Un personaje que se dice liberal de pensamiento pero que le ha tocado ser el líder de los conservadores. Álvaro Mesía es el cacíque "liberal" y real de la ciudad, el que maneja todos sus resortes y hasta el último rincón llegan sus tentáculos. Las elecciones eran una farse y los dos cacíques se reparten el poder periódicamente.
Leamos esta estupenda descripción del marqués:
Texto 1 del capítulo 8.
Continuación: texto 2.
Continuación: texto 3.

EL RÉGIMEN POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN 1875-1902
Origen
En 1874, el 28 de diciembre, el general Martínez Campos da un nuevo golpe de Estado o pronunciamiento, de los numerosos del siglo XIX. Acababa el fugaz y variadísimo Sexenio Revolucionario o Democrático (1868-1874).
Periodización
Varios periodos. Aquí nos fijaremos en los dos primeros: el del reinado de Alfonso XII (1875-1885) y la Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902). Tras 1902, Alfonso XIII es el nuevo rey y el régimen continúa como si nada pero, las crisis serán contínuas y el régimen se hunde en 1923 con el golpe de Primo de Rivera tras el desastre de 1921 en Annual (Marruecos). Lo que nos ocupa aquí es el periodo del siglo XIX, pues en la frontera entre los dos subperiodos se publicó la novela.
Cuatro protagonistas de ese último cuarto de siglo XIX
Los protagonistas fueron los dos jefes de Estado y los dos presidentes del gobierno que se reparten el poder con las elecciones amañadas.
Alfonso XII, fallecido joven en el palacio madrileño de El Pardo, según algunos por su vida disipada. Un rey que tuvo que abandonar casi de niño el país por la expulsión de su madre Isabel II en 1868. Tras formarse como cadete en Gran Bretaña accedió de nuevo al trono español por el mencionado pronunciamiento.
María Cristina de Austria, fue la segunda esposa de Alfonso XII. Embarazada póstuma, hubo de encargarse de regentar la minoría de edad del futuro Alfonso XIII nacido en mayo de 1886, después de fallecido su padre. Su regencia fue una época de relativa tranquilidad y progreso eocnómico lento, según los historiadores de la actualidad. En 1890, para dar legitimidad a los amaños electorales, se adoptó el sufragio universal. En 1898 explota esa calma con el desastre colonial que supuso la guerra con Estados Unidos en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Los años posteriores ya se catalogan en otra fase llamada la Crisis de la Restauración y que no tocamos acá por ser otra historia.
Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, 1897). Líder civil del viejo Partido Moderado del reinado de Isabel II. Abogado que se esforzó en retirar a los militares de la vida política. Logró que la impopular Isabel II abdicase en su joven hijo Alfonso para restaurar y salvar la dinastía. Modelo de político reaccionario con fachada liberal. Un maestro de disfrazar el régimen oligárquico en apariencia democrática. Murió asesinado en un balneario por un anarquista.
Práxedes Mateo Sagasta (Torrecilla de Cameros, 1825-Madrid, 1903). Líder también civil del viejo Partido Progresista del también reinado de Isabel II. Aceptó la monarquía alfonsina y la regencia posterior. En realidad se "restauró" el "isabelismo" sin Isabel II. O lo que es lo mismo la revoción burguesa vigilada y muy moderada.

Antonio Cánovas del Castillo, el líder del Partido Conservador.


Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal Dinástico y principal jefe de la oposición.
Funcionamiento del sistema político
Para que funcione este sistema es necesario un país sumiso y atrasado, campesino y preindustrial. Un país provinciano donde mandan los poderes locales o cacíques. Todo bajo una capa de pseudo democracia que diese legitimidad a esas decisiones. Una Constitución aprobada en 1876, una tolerancia religiosa, libertad de expresión plena, derechos sociales, libertades individuales, legalización de todos los partidos políticos no violentos, elecciones por sufragio universal desde 1890.......¿quién se atrevía a decir que España no era un país europeo normal y homologable a sus vecinos del norte?. La realidad era muy otra. Podemos analizar el por qué en esta novela de Leopoldo Alas. Vetusta, ciudad imaginaria que no es otra que la capital de Asturias: Oviedo, ejemplo de ciudad pequeña y provinciana y conservadora. ¿Cuántas "Regentas" se hubiesen podido escribir en aquella época? Para el caso de Madrid tenemos a Galdós. Incluso el tema feminista en su Fortunata. También se me viene a la cabeza la Pepita Jiménez de Juan Valera. Una trilogia que recorre el país de norte a sur: Asturias, Madrid y Andalucía. Vida provinciana, reaccionaria y amoral e hipócrita de una burguesía que trata e emular la vida aristocrática de la vieja nobleza, con la que pactó en la época de Isabel II. Su aspiración: ser ennoblecidos por el rey y formar parte del bloque oligárquico de poder que estudiase el que fuese el gran historiador del siglo XX, Manuel Tuñón de Lara. El periodo coincidió, sin embargo, con el segundo momento más fructífero de nuestra cultura: la "Edad de Plata", coyuntura cultural que se prologará hasta el erial 1936-1976. En este contexto en que la cultura no oficial se expande, se publica esta novela genial. Será la época aúrea del Ateneo madrileño, de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos y del krausismo, de las generaciones literarias del Realismo o la de 1898.......y todo en medio de una enseñanza oficial frustrante: la esclerosis de las viejas Universidades españolas lideradas desde el viejo caserón de San Bernardo, sede de la Universidad Central de Madrid.
Fallos del sistema
Muchos pueden ser: la economía preindustrial aún, cuando en esos años ya eran plenamente industriales esos vecinos del norte; partidos desideologizados y de salón (reuniones de casino de los notables -fuerzas vivas: boticario, tendero, maestro, cura- de la localidad o de la comarca); y un largo etcétera. Pero lo que vamos a analizar aquí es el fallo electoral, base misma del sistema democrático.
Las elecciones fraudulentas o el poder de los cacíques
¿Qienes eran los cacíques? Con ese término peyorativo de jefe indio de la selva americana, se designaba a los poderes locales dominantes sobre la población de sus comarcas, pueblos o ciudades pequeñas y provincianas como el Oviedo finisecular de La Regenta.
Dos cacíques, las dos fortunas locales, se reparten el poder cada día electoral. Ambos defienden la monarquía y el régimen de los republicanos o socialistas. Por la novela desfilan personajes opuestos a esas reglas del juego que son marginados con todo tipo de artimañas. El mismo autor, que fue concejal republicano las sufrió en sus propias carnes. Álvaro Mesía y el marqués de Vegallana, son los dos cacíques. Junto a ellos desfilan las fuerzas vivas: curas como De Pas, militares, tertulianos de casino, médicos, indianos, etc, etc, señoritos todos, típicos españoles. Utilizan a gentes de abajo como sirvientes suyos: Petra la criada cotilla o el pseudo cocinero socialista Pedro.
Sátira de la época sobre el falseamiento electoral sistemático.

Cómic actual de ese falseamiento sistemático.


Rutina y fraude electoral
Era más o menos así: nunca se agotaba la legislatura, la cual solía durar unos doso tres años como mucho. Un partido reclamaba el poder según el pacto interno que tenían ambos. El partido en el gobierno simulaba una crisis. Dimitía y el rey o la regente encargaban nuevo gobierno al jefe de la oposición. Obviamente convoca elecciones a Cortes. Ahora viene el funcionamiento de la máquina caciquíl. El nuevo ministro de Gobernación (hoy de Interior) desde su despacho de la madrileña Puerta del Sol, nombraba a los nuevos gobernadores civiles en las capitales provinciales. Éstos llegaban a su destino. El "regente" don Víctor Quintanar era uno de estos funcionarios que iban y venían por toda España según sus nombramientos y ceses.
En la capital provincial correspondiente contactaba con los principales cacíques de la misma. Si gobernaba el Partido liberal, contactaba con el cacíque que le "correspondía" -caso de Álvaro Mesía- ser liberal, y viceversa. Tenía que ganar las elecciones ese partido, por tanto, el cacíque conservador se inhibía. El cacíque liberal acudía a cualquier método para su triunfo: amenazas, coacciones, sobornos, etc, para lograr ese triunfo, además de recurruir a métodos tales como el "pucherazo" o votos ilegales, votos de muertos, falseaminetos del censo, etc, etc.
Por supuesto que los partidos anti sistema quedaban automáticamente excluidos de cualquier ascenso al poder. La oposición lo sabía perfectamente al presentarse a las elecciones y se despacha a gusto a los pocos días en sus diversos periódicos. En las grandes ciudades este panorama era menor porque los cacíques no existían. El diario republicano de aquella época: El País, era un clamor cada época electoral.
Si hoy cuestan unos ocho o diez años el cambio electoral por cambio de generaciones, evolución personal de los electores, etc, imaginemos que en aquella época.....¿cada dos años un país cambia de conservador a liberal?. Ese era el panorama de aquella España dormida que despertó el zarpazo de 1898 y el nuevo siglo XX que llamaba a las puertas.
La novela de Clarín es un buen ejemplo de ese importante papel que juega la literatura para comprender la historia.

7 comentarios:

Cayetano dijo...

Citas muy bien de la novela a personajillos reflejo de la situación política del país, al odioso y ligón tres al cuarto don Álvaro Mesía, etc.
Lo de los "pucherazos" y los votos de los "lázaros" eran algo no sólo frecuente sino fundamental en las fraudulentas elecciones del sistema del Turno de Partidos, con los caciques locales controlando el asunto. Creo que nunca en la historia de nuestro país ha habido tanta corrupción y tanto falseamiento de la democracia. No me extraña que el señor Joaquín Costa hablara de la necesidad de regenerar España.
Algo que, salvando las distancias, habría que aplicar a muchos políticos que basan su gestión en los chanchullos, los pelotazos, los regalos de trajes y bolsos, la prevaricación y el cohecho, incluyendo a algún juez amiguete de algún implicado.
No debemos permitir que España vuelva a las andadas por ese puñado de sinvergüenzas. Nos jugamos, como entonces, la credibilidad y el respeto hacia nuestras instituciones. Y luego pasa lo que pasa. Y salen como setas "salvapatrias" a solucionarnos las cosas y a "poner orden".
La historia no debe ni puede repetirse.
¡Vaya rollo que te he soltado para ser sábado sabadete!
Don Juan: un saludo.

Juan dijo...

Un rollete muy acertado amigo Cayetano. Saludos y buen finde.

Cayetano dijo...

Ya veo que apareció la parte que faltaba.Muy bien explicado lo del turno de partidos. Como bien dices, en las ciudades no funcionaba el tema del caciquismo. Era más común en los pueblos, donde se amenazaba a los campesinos para que votaran lo que los señoritos querían. El problema es que España era entonces muy rural y los pueblos tenían mucho poder.
Un saludo.

CarmenBéjar dijo...

Para mí La Regenta es la obra cumbre d ela literatura española después de nuestro don Quijote, por supuesto. Es una maravilla desde el principio al final.

Tantas cosas habría que analizar y decir de ella. Pero para mí es muy significativo cómo se trasluce el poder de la Iglesia en esta novela: económico, social, ideológico. Cómo a través del confesionario se manipulaban las conciencias de las señoras "bien" y sus maridos. La simonía, la corrupción, los intereses económicos, el nepotismo, los irrefrenables deseso sexuales de los clérigos...

Y todo inmerso en una sociedad orprimida en los corsés del qué dirán, la moralidad de cara al exterior, la manipulación política. La tarta repartida entre unos pocos, los de siempre, que viven como marqueses (y nunca mejor dicho), sin preocupaciones que no sean las faldas y la política.

Ausencia total en la novela de las clases populares, ni obreras. Salvo el chismorreo y el tejemaneje del relato ni una huelga, ni un conflicto, una balsa de agua. Las únicas rpresentantes de las clases bajas, las criadas que,por cierto, tienen un papel muy relevante en el desenlace de la historia. Parecen reirse de sus amos continuamente, aprovechándose de su indolencia.

Un besito

Juan dijo...

Buenretraro nos haces del ambiente ovetense y por ende del resto de España. Suscrib plenamente eso de la venganza de las criadas que son las desencadenan todo el desenlace final.
Muchas gracias Carmen por tu cometario.
Juan.

Carlos el baterillero dijo...

Hola Juan

Monumental esta novela de: La Regenta... su impresionante volumen me hace resistencia a leerla, pero ahora con tus entradas, se me despierta el apetito y de repente: "le meto el diente",

De Clarín, guardo grato recuerdo de mi lectura y relectura de: Adios Cordera, ese cuento, me hizo llorar.

Sobre lo de jóven, pues es una realidad. Uno siempre se mantiene jóven y no es una metáfora.

Recuerdo el título de un libro: Mierda LLgeué a los 50... una librera de aquí de Lima, entra corriendo al local de libros donde yo estaba y exclama a su colega: "Tienes el libro: Carajo LLegué a los cincuenta?"

La colega le dice: "creo no es carajo, sino mierda... pero no lo tengo. Si te sirve, te puedo dar: Puta, ya cumplí 60".

En Perú, no hay muchas librerías...en muchas ciudades, ya no existen y Lima, un buen tiempo, sólo tenía dos... ahora hay más. Son los libreros de viejo y las libreras que menciono en este comentario, quienes han hecho posible la continuidad de la lectura aquí.

Saludos

Carlos el baterillero

Juan dijo...

Muy buenas señor Baterillero, muchas gracias por tus comentarios tan entrañables. No dejas de sorprenderme con tus conocimientos tan enormes de la cultura española. Pues si te animas a leer la Regenta tienes una humilde guía en mi entrada. De todas formas dentro de dos semanas, cuando esté en Lima ya te ire diciendo cosas de novela que no entiendas. Saludos don Carlos y esperando la reunión con los coleguitas limeños en una buena merendola con buen vino y buenas viandas.
Juan.