El próximo día 20 de noviembre de 2011 se celebrarán las undécimas elecciones parlamentarias de la actual democracia. Afortunadamente ya estamos muy familiarizados con los procesos electorales, como si la democracia española fuese tan antigua como la de los países vecinos. Doscientos años han sido necesarios para que estos comicios sean ya algo normal entre nosotros. Sin embargo es tan reciente esta historia parlamentaria como antigua. Hace doscientos años en este país se estaba preparando un proceso constituyente sólo superado en antigüedad por Estados Unidos y la Francia revolucionaria de 1789. Cualquiera diría que eso de la juventud de nuestra democracia es un mito.
Si vemos bien esa historia bicentenaria, notamos que hubo muchos paréntesis en la normal vida parlamentaria, con golpes de estado, dictaduras y guerras civiles. También se ve que esa vida puede denominársela de falseada. En realidad las primeras elecciones plenamente democráticas en España no se realizaron hasta 1933. Vamos a ver dos primeras entradas sobre las elecciones y, en una tercera, expondremos un curioso ejemplo de elecciones en el Madrid de 1893.
CUATRO ETAPAS
Vamos a diferenciar cuatro etapas:
- 1812 – 1876, periodo de nacimiento del parlamentarismo liberal-democrático.
- 1876 – 1923, periodo de la Restauración o parlamentarismo de salón o pseudo democrático.
- 1931 - 1936, los años de verdadera democracia.
- 1977 – 2011, la actual madurez democrática.
Como podemos ver, el verdadero liberalismo democrático español es muy joven en relación a los demás países de Europa Occidental, a pesar de ser el segundo del continente en antigüedad junto al francés.
1.
1812.- 1876. EL NACIMIENTO DEL PARLAMENTARISMO LIBERAL-DEMOCRÁTICO
DEL CÁDIZ ASEDIADO A LA VUELTA DE FERNANDO VII
Entre 1812 y 1814, en circunstancias trágicas: una doble crisis (la del Antiguo Régimen combinada con la invasión napoleónica) obligó a un periodo constituyente a imitación del francés de 1789. En un Cádiz asediado era imposible el desarrollo de elecciones, de ahí que los diputados aquellos fuesen elegidos entre los ciudadanos gaditanos y los que lograron llegar a la ciudad. Sin embargo dieron la primera Constitución española, junto a la norteamericana de 1787 y la francesa de 1791. Parecía prometedor este prematuro arranque. En años nada quedaba de esa experiencia y el trono de Fernando VII se encontraba entre los más reaccionarios de Europa.
EL TRIENIO LIBERAL O SEGUNDO ASALTO CON FRACASO
El pronunciamiento de Rafael del Riego en enero de 1820 y su triunfo en marzo, supuso un segundo asalto a la fortaleza del absolutismo. También fue un fracaso. La experiencia acabó muy mal ante la nueva invasión francesa de los cien mil Hijos de San Luis. Esta vez no entraban para llevarse al rey, sino para reponerlo en el trono con todos sus poderes. España, el país del oscurantismo y el clericalismo, veía como la Europa cuna de la razón y, en especial, con la antaño Francia revolucionaria como verdugo, acababa con su segunda aventura liberal en septiembre de 1823.
El rey que odió profundamente el liberalismo: Fernando VII.
EL REINADO DE ISABEL II O LA LUCHA POR LA FALSA REVOLUCIÓN BURGUESA ESPAÑOLA
Veamos ahora cómo surge la base sociopolítica que será el pilar de la falsa democracia. Estamos en el otoño de 1833 y la burguesía tiene la oportunidad de hacer “su revolución”. Aquí llega la anormalidad española frente a la de los vecinos del norte de los Pirineos. Aquí no hubo revolución burguesa de verdad. Más bien se puede decir que hubo un gran pacto con la nobleza para repartirse el pastel.
De los procesos desamortizadores entre 1836 (la de Mendizábal) y 1855 (la de Madoz) saldrá lo que el veterano historiador Tuñón de Lara denominó el “bloque oligárquico de poder”. La nobleza de mente más abierta, la que comprende que jugando al juego del nuevo capitalismo acumulará más riqueza que ensimismada en sus viejas rentas agrarias, consigue pactar con la burguesía más moderada, la que quiere emularla. De esta forma se repartieron las tierras de la Iglesia y las comunales, marginando a la otra burguesía y a las clases medias urbanas. Y no digamos al campesinado, impidiendo la formación de una clase media rural. Por ello, de revolución burguesa a la europea, nada de nada.
Ese bloque oligárquico irá elaborando diferentes regímenes constitucionales entre 1837 y 1868, con elecciones por sufragio censitario a su gusto y con el recurso excesivo de los célebres pronunciamientos militares, todos casi todos acabados en simples enfrentamientos y simbólicas ejecuciones de sus cabecillas. En estos años isabelinos no se puede hablar de elecciones normales. Se turnan dos partidos que representan a esa élite política: los moderados (alto burgueses) y los progresistas (medio burgueses), entre ambos se sitúan los liberales unionistas. Narváez, O´Donnell, Serrano o Prim, son los militares (espadones) que vigilan los intereses del bloque con esos golpes mentados: 1843 (moderado), 1854 (progresista), 1856 (moderado) y 1868 (progresista con apoyo demócrata) y sus Constituciones correspondientes: 1837 (progresista) y 1845 (moderada).
Isabel II. Bajo su reinado se dio el falso constitucionalismo a pesar de las apariencias.
"EL SEXENIO REVOLUCIONARIO", UN PARÉNTESIS FALSAMENTE DEMOCRÁTICO
El célebre golpe del general Prim en Cádiz, en septiembre de 1868, fue una nueva ilusión perdida. Parecía que se iba a llegar al verdadero asentamiento de la democracia en España. El bloque oligárquico ha perdido el control del Estado: los progresistas, si querían expulsar a Isabel II, tenían que compartir el poder con las clases medias. Ya no sirve el simple liberalismo: la clase media exige un sistema democrático con sufragio universal masculino para poder participar en el poder. Tras sucesos truculentos: asesinato de Prim, tercer levantamiento carlista, rebelión cantonalista o primera guerra de Cuba, se sucedieron dos experiencias sucesivas: la monarquía democrática de Amadeo de Saboya y la I República española, además de corte federal. De nuevo volvemos a estar en la cumbre de la libertad: junto a Suiza, es la segunda nación con régimen político de república en Europa. Y además “democrática”. Con las crisis citadas anteriormente, las internas y la colonial, es imposible una vida democrática y electoral normal, a pesar de realizarse elecciones con sufragio universal masculino.
En enero de 1874, Serrano vuelve al recurso del golpe militar. Ahora se llegaba a la república con dictadura personal. La oligarquía buscaba ahora su gran oportunidad. Le llegó en diciembre de 1874 en Sagunto. Algo más de seis años había perdido el control del Estado. Iba a poner los medios necesarios, tanto legales como coercitivos, para no volverlo a perder hasta 1931.
Puede afirmarse que el proceso desamortizador de mediados del siglo XIX fue la base de la vida política posterior. El español será un parlamentarismo de salón, de élite, ajeno por completo al pueblo español, un parlamentarismo de base antiliberal, a pesar de las apariencias. Hemos omitido el caso británico, que no necesitó de un proceso revolucionario a finales del siglo XVIII. Cualquier manual de historia ilustra sobradamente los casos estadounidense, de lucha independentista, y francés, con su modelo exportado de revolución burguesa. Sin embargo apenas se cita a Gran Bretaña. Su revolución se dio en el siglo XVII: fue el país que ejecutó a un rey, cuando en Francia apenas podía pensarse ni por asomo ejecutar a Luis XIV. Fue el país republicano (en una Europa de monarquías absolutas) de Oliver Cromwell, un paréntesis en su tradicional historia monárquica. Es el caso contrario al español: de una verdadera tradición parlamentaria que venía, ni más ni menos, de inicios ¡del siglo XIII!, de la época de Juan sin Tierra.
















