jueves, 28 de febrero de 2013

ATLAS DE HISTORIA UNIVERSAL (II). PREHISTORIA

Aquí van dos mapas de Prehistoria. En estos meses de invierno el tiempo me es muy escaso y de ahí que tarde tanto en publicar mapas. Su elaboración exige tiempo. Naturalmente, si alguien detecta un error, le rogaría que me lo haga saber para subsanarlo. Pues nada, que los mapas sirvan al lector y que los use de forma totalmente libre.


Aunque soy más aficionado a la Historia Contemporánea, reconozco que el pasado remoto no deja de ser apasionante. El problema es la dificultad para investigar ante lo escaso y limitado de las fuentes, además de su datación cronológica -a pesar de los avances de los métodos del laboratorio como el Carbono 14 o el Potasio Argón-, pues siempre aparecen restos nuevos que tiran por tierra viejas teorías y suposiciones. Como puede verse en el mapa, hoy los investigadores aceptan esa teoría del origen del hombre en África Oriental y el antepasado común negroide.
Sucesivas migraciones desde Tanzania llevaron a clanes y tribus a exporar todo el continente para, posteriormente, llegar al actual Oriente Próximo y bifurcar sus caminos: hacia el oeste, los caucasoides blancos, poblaron Europa. Otra oleada llevó a aquellos individuos al extremo del continente asiático. En un tiempo tan dilatado, y al pasar por tantos y tan variados territorios, sufrieron los rigores de la adaptación al medio y sus cambios y evoluciones físicas. Se iniciaba la "gran divergencia" de esos grupos que fueron el antepasado común de los humanos, desde el Australopitecus al Homo Sapiens actual.
Tres grandes grupos raciales: negroides, caucasoides y mongoloides, fueron el tronco de las tres grandes razas actuales. Grupos de mongoloides asiáticos, persiguiendo posiblemente manadas de mamuts, cruzaron el estrecho de Bering, al noreste asiático, rumbo al noroeste americano. Una manga de tierra unía los dos continentes. El final de esa manga de tierra impidió la vuelta atrás y la llegada de nuevos grupos de asiáticos ... hasta la mitad de la Edad Media y la llegada de los escandinavos. El hombre americano es una evolución del hombre asiático. Grupos de cazadores y recolectores se iban expandiendo lentamente por los confiunes de esos continentes.
  
Hacia el 9.500 a.C, esos grupos nómadas y salvajes del Creciente Fértil entraban en la etapa de la barbarie al descubrir las actividades ganaderas y agrícolas. El cereal del trigo fue el alimento básico de esas nuevas tribus sedentarias.
De forma casi simultánea, sin ningún tipo de contacto ni difusionismo, hicieron lo propio los humanos del Extremo Oriente. El arroz sería su cultivo estrella, base su alimentación.
La otra zona, aceptada por los investigadores, surgió en América, en los altiplanos de Mesoamérica y en los de los Andes. Eran los pueblos amerindios, los pueblos del maíz, la otra base alimenticia fundamental.

sábado, 9 de febrero de 2013

ATLAS DE HISTORIA UNIVERSAL (I): LA EDAD CONTEMPORÁNEA

Como ya dije me voy a internar en la confección, lenta, eso sí, de un atlas de Historia Universal, tras realizar los esbozos de uno de Historia de España. Esta primera entrada se incluyó en la última de aquella serie. Ahora la expongo aquí y la elimino de aquella. Pues nada, repetir que son mapas de libre y plena disposición de cualquier lector que los lea y aquél al que interese.
Saludos.

EL NACIONALISMO EUROPEO DEL SIGLO XIX: LOS CASOS DE ITALIA Y ALEMANIA.
EL IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO.
EL NACIONALISMO IMPERIALISTA EXTRAEUROPEO
 
El auge del nacionalismo en la Europa de la Restauración tras la guerras napoleónicas, se manifestó en dos formas, aunque ambas tenían una base social liberal burguesa y popular. El nacinalista, para el logro de sus aspiraciones, tiene que luchar en un doble frente: el de la guerra civil por un lado y, por otro, el de la guerra de liberación nacional. La burguesía nacionalista identifica al estado al que pertenece -pero de distinta cultura- como opresor y como el enemigo absolutista a batir. Además, en ese siglo XIX, el Romanticismo recupera el interés por lo folklórico y por el estudio de las historias nacionales, especialmente por el Medievo. El recuerdo de un pasado legendario o idealizado, que en algunos casos coincidió con una época independiente y de especial esplendor histórico, es el pretexto del burgués nacionalista, que en este siglo XIX pertenece a otro estado, de diferente religión o mentalidad colectiva.
Como decimos, hay dos formas de nacionalismo: el reunificador y el disgregador. El nacionalismo reunificador busca reunir territorios que no forman un estado propio, pero que se consideran un mismo país. Estos territorios tienen diferentes estados independientes y, también territorios que pertenecen a otra nación de diferente cultura. Es el caso de Italia y Alemania. Un territorio que sobresale de los otros, emprende el camino de unirse con otros de igual cultura. Como es lógico, no hay unanimidad en aceptar que ese territorio sea el protagonista de la unificación: casos de Nápoles o Baviera (que no aceptan la tutela de Piamonte o Prusia), por lo que hay una guerra civil. Paralelamente, un estado más poderoso y de otra mentalidad colectiva, domina parte de esos territorios (sobre todo el caso de Austria-Hungría), por lo que se asiste a una guerra de liberación nacional.
Al tiempo hay un país ajeno al proceso pero que intenta intervenir para evitar la formación del país resultante. Es la Francia de Napoleón III, que interfiere en los propósitos de los nacionalistas de Italia y Alemania. En ambos casos salió mal parada y ocasionó su propia caída.
A finales del siglo, en la zona Balcánica y en Centroeuropa, se asiste al auge del nacionalismo disgregador, en el cual no se trata de reunificar territorios, sino simplemente de iniciar una guerra de independencia. Será el caso de la descomposición de los imperios otomano y austro-húngaro. Estas burguesías asisten a guerras de liberación nacional, frente a la opresión extranjera.


La formación de Italia como un estado moderno propiamente dicho es reciente, en comparación con su historia milenaria. Desde los años del Renacimiento hasta 1870, la actual península Itálica y los territorios al sur de los Alpes, siempre eran considerados por los demás europeos como Italia en sí, y sus propios habitantes se autoconsideraban a sí mismos como italianos. Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, Bernini, etc, etc. Sin embargo, sus territorios formaban un verdadero mosaico de estados independientes entre sí. Por si fuera poco, desde finales de la Edad Media hispanos y franceses se habían introducido en la península y se disputaban su control.
Durante la Edad Moderna se asiste a la pugna en territorio itálico por su dominio, con la resignada mirada de los propios italianos y el mismo Papado. Los pontífices intentaban contrapesar a ambas potencias extranjeras para evitar la hegemonía de una sola y así tener la esperanza de la debilidad de ambas para, en un futuro cercano, poder lograr una independencia.
Tras la Guerra de Sucesión española (1702-1714), los españoles son expulsados de la península y se introduce el poder austríaco en la península, que logra rechazar un intento de reanexión española en el reinado de Felipe V, ordenado por el cardenal Alberoni. Sólo la monarquía de Saboya y los Estados Pontificios quedaban como los dos grandes países autóctonos, además de pequeños reinos secundarios. Con el pasar del siglo XVIII los Borbones españoles se introducen en Nápoles y en Parma como reyes independientes de la corona de España.
En el siglo XIX, con el auge del nacionalismo, aparecen los primeros intentos de una futura reunificación. Ya Napoleón había intentado la fromación de un reino satélite de Italia, que fracasó tras la caída del corso en Waterloo en 1815. Desde entonces, revolución burguesa italiana y reunificación nacional irían de la mano, como se vería en las revoluciones románticas y democráticas de 1848.
El Papado aspiraba a esa unificación desde un punto de vista religioso. Esa postura llegó a tener cierto apoyo. Sin embargo, la silla de San Pedro fue ocupada por el oscurantista Pío IX, que tras un inicio de pontificado relativamente liberal, se destacó por su oposición frontal al signo de los tiempos.
Descartado el estado del Vaticano, el reino de Nápoles, atrasado y en manos de los Borbones, tampoco era un elemanto en el que la burguesía nacional pudiese confiar. Los pequeños estados del centro-norte eran débiles y también antiliberales. Sólo el reino del Piamonte, con la dinastía de Saboya al frente era una garantía de éxito.
El primer ministro piamontés, Cavour, inició una hábil diplomacia para atraerse a la Francia de Napoleón III y expulsar a los austriacos del norte y noreste.
Según vemos en el mapa (1) Cavour hubo de ceder para siempre Niza y la propia Saboya al emperador galo. A cambio Piamonte-Cerdeña (2) conseguiría, tras una guerra con Austria, la próspera Lombardía (3) y su capital Milán. Los piamonteses lograban anexionarse ya sin violencia, y en medio de la euforia popular, los pequeños reinos del centro (Módena, Parma, Toscana), trasladando inclusive la capital de Turín a Florencia, naciendo el reino de Italia, con la intención futura de seguir la expansión.
La siguiente etapa de la unificación consistió en anexionar la costa adriática del Estado Pontificio (Romaña y las Marcas) para poder atacar al reino borbónico de Nápoles (4), bastión reaccionario, atrasado social y económicamente. Garibaldi y sus tropas nacionalistas desembarcaron en Sicilia y, tras conquistar la isla, siguió hacia la península, para unirse a los ejércitos italianos del norte y confluir en capital napolitana.
En 1866, tras la derrota de los austriacos ante los prusianos, los italianos podían anexionarse el Véneto (5). Los austriacos habían sido expulsados casi por completo de Italia, pues conservarían hasta 1919 el Trentino.
En 1870, también aprovechando los ataques prusianos a Francia, protectora del Papa Pío IX, conseguían los italianos entrar en la ciudad de Roma (5), convertida en la capital del reino. Acanbaba así el proceso de unificación, aunque reconociendo al Vaticano como un estado independiente, sin que Pío IX reconociese el Estado Italiano. Habrá que esperar a los pactos de Letrán en 1929 para el reconocimiento papal de la Italia de Mussolini.


Respecto de la unificiación nacional de Alemania se puede decir que sigue las pautas generales observadas en el caso italiano. Alemania, la vieja germania romana y en la Edad Media el Sacro Imperio Romano Germánico, era también un mosaico de estados en la época renacentista. En la mitad sur alemana el catolicismo era mayoritario y logró resistir con éxito el avance del luteranismo del norte. El último gran emperador, el católico Carlos V y primero rey Habsburgo de España, hubo de aisistir al inicio de las desgarradoras guerras de religión y que tendrían su colofón en la de los Treinta Años (1618-1648).
Durante el siglo XVIII emergió un poderoso estado en el este: el reino de Prusia, gobernado por la familia de los Hohenzollen. Esta sería la versión alemnana de los Saboya italianos. También, como en el caso italiano, todos los habitantes del Imperio se autoconsideraban a sí mismos como alemanes, pero sin un estado común. También los Habsburgo de Austria dominaban el Imperio junto a los prusianos.
Al llegar el siglo XIX, con las guerras napoleónicas, nació la Confederación Alemana, heredera del viejo Sacro Imperio. Tras 1815, con la restauración del absolutismo, Prusia, con la anexión del oeste, se convertía en la principal potencia. Tras el fracaso de las revoluciones de 1848, el nacionalismo aborreció del poder austriaco y se acercó a Prusia. En el ámbito económico nacía el zollverein, unión aduanera y comercial, que incluía la parte austriaca no eslava.
Un estadista y notable diplomático, al igual que el italiano Cavour, el canciller Otto Von Bismarck, sería el motor de la unificación. Tres fases serán necesarias para la reunificación.
En un primer momento, Bismarck supo atraerse a su futuro enemigo para resolver la cuestión de los ducados daneses. Una guerra de la alianza austroprusiona contra Dinamarca, acabó con la incorporación de Sleswig y Holstein a Prusia, mientras que Mecklemburgo pasaba a la Confederación.
En una segunda fase, Bismarck sabía de la necesidad de expulsar a Austria del proceso, por lo que forzó al enfrentamiento con los Habsburgo. En la batalla de Sadowa (1866) aplastó a los austriacos, dejando las manos libres a los prusianos para diseñar la unificación bajo su órbita. La consecuencia fue la alianza con el otro enemigo de los austriacos: la naciente Italia, la cual consigue el Véneto.
En una tercera fase, Bismarck, ya libre de los austriacos, decide provocar a Francia, para conseguir la anexión de la Confederación Alemana del Norte y las regiones francesas de Alsacia y Lorena. Nacía el Imperio Alemán bajo la tutela de Prusia y capital en Berlín, con el kaiser Guillermo I.
Por fin, en una cuarta fase final, Bismarck consigue anexionarse la Confederación Alemana del Sur. Alemania entraba en una época de hegemonía en el continente europeo.


En este mapa encontramos el ejemplo del nacionalismo disgregador. Desde el siglo XIX se reavivaron los movimientos nacionalistas en el imperio austrohúngaro regido por la dinastía de los Habsburgo. El viejo imperio era un conglomerado de nacionalidades muy diversas.
Muy minoritaria es la cultura de la región que domina: la cultura germánica austriaca. Ya desde mediados del siglo se optó por hacer una monarquía dual o bicéfala: una, en la propia Austria, en los territorios más occidentales, y la otra en Hungría, con los territorios orientales. Viena y Budapest serán las dos capitales. El imperio no durará mucho, a pesar de su engrandecimiento territorial a costa de los despojos del viejo imperio otomano en los Balcanes desde finales del siglo XIX.
Repasando los pueblos gobernados bajo el cetro imperial observamos que conviven germánicos, de religión católica, en la actual Austria (1); magiares o húngaros (2), también católicos; checos y eslovacos (3), de religión luterana; eslavos croatas y bosnios (4), de religión ortodoxa y minorías musulmanas; rumanos de Transilvania (5), de religión ortodoxa; polacos (7) católicos de Galitzia, muy católicos; y, por último, italianos (6) del alto Adigio o Trentino, católicos.
Como era de esperar, era un imperio de dudosa lealtad y, en la gran crisis social y económica que derivó de la Primera Guerra Mundial, saltó por los aires. Todas estas ncionalidades citadas se independizaron del viejo imperio, atizadas por la aplicación del principio de libre autodeterminación que impuso el presidente estadounidense Wilson en los Tratados de Versalles de 1919.
Hungría (Budapest) nacía de nuevo como país independiente, así como Checoslovaquia (Praga). Por su parte, la nueva Polonia, independizada de la Rusia zarista, se anexionaba Galitzia y su capital Cracovia. También se unían a un nuevo estado los bosnios y croatas, que lo hacían a la nueva Yugoslavia (Belgrado), heredera de la vieja Serbia, así como los transilvanos se reunían con el -aún joven- reino de Rumanía. Finalmente, el Alto Adigio, la región del Trentino, mayoritariamente italoparlante, pasaba a manos de la monarquía italiana de los Saboya. Era el final de la unificación italiana.
La actual Austria, el territorio germánico, derrocó a la dinastía secular y proclamó la I República, en medio de disturbios revolucionarios.


Y, en último lugar, el nacionalismo expansionista o imperialista. Surgió en la segunda mitad del siglo XIX como consecuencioa de la II Revolución industrial. Junto a los dos grandes imperios occidentales, el francés y el británico, nacían los de otras naciones europeas, incluso en el propio Estados Unidos. África y Asia van a sustituir a América Latina (sometida indirectamente por Estados Unidos) y ambas caerán en el dominio de diversas naciones europeas. Postulados racistas de superioridad de la raza blanca sobre las demás y postulados económicos de necesidad de materias primas nuevas, son las bases de este nacionalismo expansivo.
África es la presa más débil y asequible. En el Congreso de Berín de 1885-86 fue repartida a modo de botín como puede verse en el mapa. Asia, por el contrario, presa de mayor dificultad para ser sometida, no fue conquistada por completo. Los europeos hubieron de contentarse con someter ciertos territorios de forma indirecta, como en el caso de China, o en los estados-tapón o barreras entre imperios para no chocar entre sí (ET). Estos estados fueron Irán, Afganistán, Nepal, Buthán, Tíbet o Thailandia. Servían como barrera entre rusos y franceses frente a británicos.
En 1914, con la Primera Guerra mundial, los alemanes serán expulsados de ambos continentes. Más tarde japoneses e italinos, tras la Segunda Guerra Mundial. Para más adelante dejamos el nacionalimo descolonizador afroasiático, ya en la segunda mitad del siglo XX, con la expulsión del resto de potencias europeas.

 
LOS PRIMEROS PASOS EN LA UNIFICACIÓN EUROPEA:
LA EUROPA COMUNITARIA DE LOS AÑOS 60
 
En 1957, por el Tratado de Roma, nacía el Mercado Común Europeo con seis países miembros: Francia, República Federal de Alemania, Italia y el trío del BENELUX (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Eran tiempo de Guerra Fría y de superación de la postguerra europea: tres grandes países agredidos por el Eje se asociaban con los dos grandes vencidos.
Sin embargo, los otros países europeos no lo vieron con buenos ojos, sobre todo Gran Bretaña, país que favoreció un segundo bloque de países alternativos a los "seis" de Roma. En 1960, por el Tratado de Estocolmo, nacía la EFTA con siete países miembros: Austria, Dinamarca, Gran Bretaña, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. En 1961 se sumaba Finlandia y mucho más tarde, en 1970, lo hacía Islandia.
Parecía que la EFTA triunfaba sobre el Mercado Común Europeo, pero era una apariencia, pues en breve, tres países básicos de aquella ingresarían en el Mercado Común Europeo, desequilibrándose definitivamente la balanza en favor del Mercado Común.
 


LA EUROPA COMUNITARIA DE LOS AÑOS 70

En la década de los 70 Europa continúa avanzando en su proceso de integración. El Mercado Común Europeo pasa a denominarse Comunidad Económica Europea (CEE) desde 1973 con la incorporación de dos antiguos miembros de la EFTA (Gran Bretaña y Dinamarca) e Irlanda. A finales de la década (1979) se incorpora Grecia, país mediterráneo que ya ha superado su dictadura política. Nacía la "Europa de los Diez". Este año de 1979 se celebran las primeras elecciones al Parlamento de Estrasburgo, por lo que ya se aventuraban objetivos más allá de los meramente económicos.
En esta década la EFTA queda ya relegada de la Europa del futuro, el cual ya pasa definitivamente por la CEE. Dos de sus miembros se han mudado a la Europa de Bruselas.



LA EUROPA COMUNITARIA DE LOS AÑOS 80



LA EUROPA COMUNITARIA DE LOS AÑOS 90



LA EUROPA COMUNITARIA DE LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XXI


 

jueves, 10 de enero de 2013

BREVE ATLAS DE HISTORIA DE ESPAÑA (V): LA EDAD CONTEMPORÁNEA

Esta parte de la historia es la que menos mapas tengo publicados, dado que aún los estoy elaborando y que son los más difíciles, al representar aspectos más complicados, como son los político-sociales o los económicos.
Saludos.

EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS
(1906-1956)








Estos mapas del protectorado español en Marruecos y el del desastre de Annual, quedan pendientes del comentario.


LAS ELECCIONES A CORTES EN LA RESTUARACIÓN (1890-1923)

Tras el desastre de Annual, el gobierno conservador surgido de las elecciones de 1920 no tenía mucho futuro. Como siempre, el turno se impone: el presidente del gobierno finge la crisis gubernamental y presenta la dimisión. El rey, por tanto, entrega el poder al jefe de la oposición, en este caso a los liberales. Es curioso que, desde 1891, fecha en que se aprueba el sufragio universal masculino, siempre se turnen los dos partidos por mayorías absolutas en un corto espacio de dos o tres años de media de duración de legislatura. ¿Es posible que tales bandazos ideológicos en una misma provincia fuesen reales? Se debían logicamente a las artimañas de unos profesionales en el arte de trucar las elecciones. La red caciquil, sobre todo rural, garantizaba la puntualidad del turno. El paso al poder de las demás fuerzas de oposición: carlistas, regionalistas, republicanos y socialistas, quedaba anulado para que nunca pudiesen ganar y poner en peligro la estabilidad de la monarquía alfonsina o de Sagunto.
Estas elecciones de 1923 serían las últimas de la Restauración. En ese mismo año, el 13 de septiembre, el general Miguel Primo de Rivera daba un golpe de estado en Barcelona y finiquitaba para siempre los dos partidos del turno, la Constitución de 1876 y todo el "tinglado" canovista.


EL SOVIÉTICO ILIÁ EHRENBURG EN LA RECIÉN PROCLAMADA "REPÚBLICA DE TRABAJADORES"

El escritor soviético Iliá Ehrenburg viajó a España en el invierno de 1931-32, cuando apenas empezaba a funcionar el régimen de la II República y su recién aprobada Constitución de 1931. El viajero soviético describió aquella España como un país muy atrasado y con unos políticos visionarios que fiaban todo el progreso español a la mera existencia de un régimen republicano.
Su ameno libro España, República de trabajadores, tiene ya un título irónico. Destacan sus descripciones de Madrid como ciudad artificial en mitad de la meseta, del atraso de las Hurdes o de Extremadura y Andalucía. En todas sus páginas da la palabra a los personajes con los que trató: señoritos, labriegos, camareros, etc. Sin embargo, ya destaca la ciudad de Barcelona como caso aparte, como la ciudad más moderna de España, de corte europeo, aunque provinciana si se la compara con las grandes urbes del continente europeo.

 ESPAÑA EN GUERRA, 1936-1939


  
El comentario de estos mapas de la guerra civil están comentados en las direcciones siguientes del blog:


LA DIVISIÓN REGIONAL EN LA ÉPOCA FRANQUISTA 



Durante el Franquismo, las regiones eran meras entidades territoriales sin ninguna relevancia más allá de la meramente simbólica. Era normal en un Estado plenamente centralizado desde Madrid.

CAMBIOS TERRITORIALES ENTRE 1978 Y 1983:
LA ESPAÑA DE LAS AUTONOMÍAS


Tras la recuperación de las libertades democráticas en 1978 con la aprobación de la Constitución ese año, se estableció el nuevo mapa autonómico entre 1978 (primeros estatutos de autonomía  de Cataluña y País Vasco) y 1983 (aprobación del último estatuto de autonomía, el de la Comunidad de Madrid). Los cambios son los siguientes:
* Las dos regiones de Castilla la Vieja y León desaparecen para fundirse en la Comunidad Autónoma de Castilla y León.
* La región de Castilla la Nueva desaparece para denominarse Castilla-La Mancha.
* Las antiguas provincias de Santander y Logroño abandonan Castilla la Vieja y forman dos nuevas comunidades autónomas: Cantabria y La Rioja respectivamente.
* La provincia de Madrid abandona Castilla la Nueva y forma la Comunidad de Madrid.
* Por su parte, la provincia de Albacete abandona su pertenencia a la región murciana y se integra en la nueva Castilla-La Mancha.
Esta nueva división responde a una mezcla de factores geográficos e históricos. Castilla y León supone la unificación de la cuenca del Duero. Cantabria y La Rioja abandonan la Meseta Norte y se asoman a la Cornisa Cantábrica y en el Valle del Ebro respectivamente, con criterios de tipo geográfico.
El caso de la Comunidad de Madrid no responde a criterios de geografía física (es parte de la Meseta Sur), sino urbana, por su gigantismo metropolitano frente a Castilla La Mancha, más ruralizada.
Del resto de Comunidades Autónomas destacar el cambio de nombre de Vascongadas por el de País Vasco o Euskadi. 
En dicho mapa autonómico no se tocaron los límites provinciales establecidos desde tiempos de Javier de Burgos, con sus fallos palpables. De ahí que en la actualidad haya algunos problemas locales, como por ejemplo, el caso del Condado de Treviño, territorio burgalés en Álava, o poblaciones no integradas en su provincia por motivos culturales o históricos, como por ejemplo el caso del Rincón de Ademuz (territorio valenciano más cercano a Teruel), la franja catalano-parlante del este de las tres provincias aragonesas, Requena, en Valencia, más volcada a Cuenca, o el caso de Orihuela, más orientada a Murcia que a la Comunidad Valenciana.

jueves, 3 de enero de 2013

BREVE ATLAS DE HISTORIA DE ESPAÑA (IV): LA AMÉRICA HISPANA

Al terminar los comentarios de la entrada anterior, expongo ahora la cuarta entrega del pequeño atlas que estoy elaborando. Mapas de libre e ilimitado uso por el lector. Entrada provisional hasta que comente estos nuevos mapas y sujeta a otros nuevos que vaya elaborando.
Saludos.

MAPA 1
 
Cuando Colón puso pie en América en 1492 llegaba a un vasto continente, con gran vareidad de climas, paisajes y pueblos. Encontró tres civilizaciones comparables a lo que fueron las civilizaciones esclavistas de la antigüedad: politeistas y con alto grado de urbanización. Estas civilizaciones estaban en una época de crisis y de guerras con pueblos vecinos. Mayas de la península de Yucatán, aztecas del altiplano mexicano, con su capital en Tenochtilán (actual Ciudad de México) y la gran civilización andina de los incas (el Tahuantinsuyu, con capital en Cuzco). Estos pueblos citados ya entraron en el Neolítico, con sus formas de vida agro-ganaderas y sedentarias, casi al mismo tiempo que las civilizaciones del viejo mundo.
Antes de la era cristiana la agricultura yu ganadería se habían extendido por los Andes, parte de la costa caribeña, casi todo el altiplano mexicano y el valle del Mississipi, mientras que en el milenio y medio posterior ya se conocían las prácticas agrícolas en casi todo el continente, salvo en sus extremos fríos del sur y del norte. Sociedades agrarias del maíz y de la domesticación de los camélidos en la zona andina y de los cuyes.
Gran cantidad de pueblos y lenguas coexisten a los largo de la geografía americana. Por ello, mas que de encuentro de dos mundos, puede hablarse de encuentro entre Europa y varios mundos muy diferentes entre ellos, a pesar de descender los amerindios, ancestralmente, de los pueblos mongoloides asiáticos.
Para ampliar la información de este mapa se puede entrar en mi entrada anterior:
 
MAPAS 2 y 3



 
Para estos dos viajes colombinos se puede ampliar información en:
http://histocliop.blogspot.com/2011/10/colon-y-sus-cuatro-viajes-1492-1504-3.html

MAPA 4
 
En 1479, tras firmarse la Paz de Alcaçovas entre Alfonso V de Portugal y los Reyes Católicos, Castilla se aseguraba el dominio sobre las islas Canarias. Tras el descubrimiento de Colón, Juan II de Portugal reclamó las nuevas tierras. Los Reyes católicos replicaron con el argumento de que la navegacón fue hacia el oeste, no al sur de Canarias, como estipulaba el tratado. Las Bulas Alejandrinas (1493) fijaron un límite de meridiano al oeste de Cabo Verde. Juan II no se contentó y reclamó más espacio al oeste.
Por fin, en el Tratado de Tordesillas (1494) se alargó esa línea de meridiano y el cabo de San Roque del actual Brasil quedaba dentro de la nueva demarcación portuguesa, territorio que se apresuró a explorar en 1500 Pedro Alvares Cabral. Sin embargo no se detallaba el límite oriental.
Al subir al trono portugués Felipe II, Castilla colonizaba las islas Filipinas, en territorio portugués según el nuevo tratado de Zaragoza, que delimitaba el meridiano oriental de influencia. Por su parte, colonos portugueses tenían vía libre para adentrarse más al oeste de la línea brasileña, colonizando el Mato Groso y el Amazonas.
Tras la independencia de Portugal en  1640, los nuevos monarcas de Braganza retuvieron esas tierras. Inclusive llegaron los portugueses a orillas del río de la Plata, fundando la colonia del Sacramento, en el actual Uruguay. España la arrasó.
Ya en el siglo XVIII, por el Tratado de San Ildefonso (1777) se anulaba el Tratado de Tordesillas.
 
MAPAS 5 y 6

En el enlace anterior se encontraba también el tercer viaje.

 
 
MAPA 7

Entre 1519 y 1522 se dio la primera vuelta al mundo. Fernando de Magallanes, un experto marino portugués, rechazado de su país, decidió probar suerte en la corte de Castilla. El país, envuelto en la incertidumbre de una guerra civil (la de los Comuneros de Castilla contra el emperador Carlos V de Alemania), no escatimaba esfuerzos en sus expdiciones. El 20 de septiembre de 1519, veintisiete años después del descubrimiento colombino y en plena fiebre por explorar las descubiertas tierras del Nuevo Mundo, zarpaba de Sanlucar de Barrameda el explorador portugués. Tras recalar en la costa brasileña, llegaba al río de la Plata y se disponía a invernar en la actual Patagonia. Su gran descubrimiento fue el estrecho que lleva su nombre, descubriendo un "paso del sur", de la Mar Océnana (el Atlántico llamado entonces) a la Mar del Sur (el entonces Pacífico). Surcando ya este inmenso océano, llegaba a las islas Marianas, al año y medio de su partida. Sin embargo se aproximaba su fin. En abril de 1521 moría por una lanza de un indígena filipino. La expedición que pudo huir se puso a las órdenes del vasco de Guetaria, Juan Sebastián Elcano. El cual, tras muchas vicisitudes, pudo doblar el Cabo de Buena Esperanza, al sur de África, el tan importante enclave portugués hacia la India.
Navegando en paralelo a la costa africana y tras recalar en las islas de Cabo Verde, atracaba en Sanlúcar tres años después de zarpar. Un viaje arriesgado que llegaba a puerto sin su capitán Magallanes, el cual ya era un muerto inmortal. El italiano Pigafetta se encargó de escribir su crónica para la posteridad.

MAPA 8

Es muy normal creer que Cortés acabó en poco tiempo la conquista del actual territorio de México. En realidad sólo logró conquistar el centro de la meseta de Anáhuac. Tras desembarcar en la costa de Veracruz y fundar esa ciudad, se adentró hacia el interior. Ayudado como intérprete por la india Malinche (doña Marina para los españoles y que convirtió en su mujer), tuvo que someter a los tlaxcaltecas, los enemigos acérrimos de los aztecas y reserva de guerreros para los sacrificios en Tenochtitlán, actual Ciudad de México. Los tlaxcaltecas fueron el aliado decisivo en su guerra contra los aztecas.
Al llegar a la actual Cholula, los cholutecas, aliados de los aztecas, intentaron una emboscada a los españoles. Pedro de Alvarado, lugarteniente de Cortés, hizo una matanza de indios a traición. Al poco tiempo entraban triunfales en la capital de los mexicas. Al ir Cortés a la costa a enfrentarse a Pánfilo Narváez, enviado por el gobernador de Cuba a apresarlo, Alvarado hizo otra matanza de aztecas en la capital, lo que colmó la paciencia de éstos. Tras la vuelta de Cortés hubieron los españoles de retirarse. Una estrepitosa derrota en plena retirada estuvo a punto de aniquilarlos a manos de los aztecas. Repuesto en tierras de sus aliados tlaxcaltecas, volvió a la capital y, tras un duro asedio y con la viruela como aliada de los conquistadores, el último emperador mexica hubo de rendirse a Cortés. Esta campaña ha quedado narrada en primera persona en la obra de uno de aquellos soldados castellanos: Verdadera historia de la conquista de Nueva España, escrita por Bernal Díaz del Castillo.
El actual Estado de Jalisco, con su capital Guadalajara, llamado en el siglo XVI Nueva Galicia, se resistió muy duramente a la conquista castellana. Los indios dieron la guerra del Mixtón, en la que pereció Alvarado y conoció las crueldades de Nuño de Guzmán, fundador de la actual ciudad de Guadalajara. Hubo de pacificar la zona Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España y, más tarde, del Perú.
El intrépido andaluz, Alvar Cabeza de Vaca, recorrió la península de Florida y exploró en un viaje increíble y documentado (en su obra Naufragios y comentarios), el sudeste de los actuales Estados Unidos, llegando al norte de México y encontrando su salvación.
Ese mismo extremo norte mexicano sería el límite máximo de la conquista española hasta el siglo XVIII. Aún Vázquez de Coronado intentó encontrar una supuesta y rica civilización al decir de Fray Marcos de Niza. Tras recorrer las actuales Arizona y Nuevo México, volvió fracasado de su expedición.
Al sur mexicano, en la actual península de Yucatán, Belice y el norte de Guatemala, se asentaba la civilización maya, que se encontraba en decadencia. Francisco de Montejo, su hijo y su sobrino hubieron de guerrear largos años para someter de forma insegura el territorio maya, el cual se rebeló y no pudo ser del todo sometido hasta siglos después, incluso tras la independencia.

MAPA 9
La primera gran conquista de Sudamérica la protagonizó Francisco de Pizarro en el actual Perú. Desde Panamá, en unión con el padre Luque y Diego de Almagro, se embarcó en la conquista de un reino poderoso al decir de indios que le informaron. Tras desembarcar en el actual Ecuador, continuó hasta Cajamarca, donde traicionó al Inca Atahualpa y lo ejecutó, con lo que la suerte del imperio quedaba sellada. Ayudado por la confederación de indios huancas y los chachapoyas, enemigos tradicionales de los incas, atacó Cuzco y fundó la Ciudad de los Reyes, actual Lima.
Por su parte, Sebastián del Benalcázar conquistó el actual territorio de Ecuador y refundó la ciudad de Quito y conquistó Nueva Granada, actual Colombia. Un familiar de Pizarro, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador, iniciaron una expedión por el Amazonas, aunque Gonzalo hubo de abandonar prontamente. Orellana logró llegar al Atlántico siguiendo todo el cauce del gran río.
Pronto estalló una guerra entre los conquistadores. Almagro fracasó en la exploración de Chile y se enfrentó a Francisco de Pizarro. Asesinado aquél, sus seguidores asesinaron a Pizarro. Más tarde, se enfrentó Gonzalo Pizarro al virrey Vela y lo ejecutó. Pedro de Lagasca fue enviado desde España, derrotando a los pizarristas y ejecutando a Gonzalo. Era la derrota de los encomenderos, conquistadores que querían sus encomiendas al estilo feudal y al margen de la autoridad de la metrópoli. El emperador y, más tarde, su hijo Felipe II acbaron con ellos.
Chile fue una fuente de problemas. Tras una exitosa inicial campaña de Pedro de Valdivia, los mapuches o araucanos lo derrotaron. La frontera del imperio quedó en el río Bio-Bio, en el centro de Chile. Intentos posteriores de conquista fueron un fracaso español. El madrileño Alonso de Ercilla, contemporáneo de las guerras del siglo XVI, nos ha dejado su monumental poema épico La Araucana, de gran valor literario e histórico sobre esas guerras.
Juan de Garay inició la conquista del río de la Plata en 1580, al refundar Buenos Aires, tras el fracaso de Mendoza en los años 30 del siglo. Se abría una ruta terrestre hacia el Alto Perú y la plata potosina. La Patagonia será libre del imperialismo español hasta el siglo XIX con la nueva república independiente.
Los portugueses se habían establecido en la costa atlántica del Brasil al firmarse el Tratado de Tordesillas en 1494. Lentamente iniciarían su penetración hacia el interior selvático.



 

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Durante todo el periodo colonial, la metrópoli española diseñó unas rutas comerciales para vertebrar el imperio y explotar mejor sus riquezas.
La cabeza del imperio estaba en la Corte, donde se estableció un Consejo de Indias, como parte del sistema de Consejos del rey. En el eje Sevilla-Cádiz, se adminstraban los asuntos económicos a través de la Casa de Contratación de Sevilla, poderoso organismo que declinó en el siglo XVIII al trasladarse a Cádiz definitivamente. Desde estos dos puestos salían las flotas de galeones hacia las Indias. Al igual que en los viajes colombinos, las islas Canarias eran él último punto de aguada antes de cruzar el Atlántico hacia el Caribe.
Las flotas llegaban a las Antillas, donde se dividían: una se dirigía a Cartagena de Indias y otra a Veracruz. A su vez, la flota de Cartagena se dirigía a Portobelo, en la costa atlantica panameña, donde descargaba sus mercancías y, por tierra, cruzaba el istmo por el llamado camino de las Cruces, que llegaba a la ciudad de Panamá. De dicha ciudad zarpaban esas mercancías hacia Lima, donde se descargaban los productos de España y se embarcaban las remesas de plata potosina, recorriendo luego el camino inverso hacia Cartagena.
La flota de Nueva España, al llegar a Veracruz, desembarcaba sus mercancías en dirección a Ciudad de México, donde llegaban las remesas de plata de Zacatecas o Taxco, para ser llevadas a Veracruz.
Las dos flotas, desde Cartagena y Veracruz, zarpaban hacia la Habana, donde se reunían. Desde allí zarpaban juntas rumbo a España.
Dos rutas nos quedan por comentar. Una era la del Galeón de Manila, verdadera odisea para llegar al confín del imperio. Las islas Filipinas se comunicaban con España a través del Pacífico. Desde Ciudad de México salían las mercancías hacia el puerto de Acapulco, desde donde zarpaban los famosos galeones. La ruta la ideó el vasco Andrés de Urdaneta en el siglo XVI. Aprovechaba la corriente de Humboldt hacia el oeste, como hicieran Magallanes y los demás exploradores del gran océano. Sin embargo el problema era el tornaviaje de vuelta a la costa mexicana. Urdaneta descubrió la corrientel del Kuri-Sivo que retorna el agua desde el Japón. Los Galeones de Manila retorban empujados por esa corriente hacia la costa californiana, desde donde navegaban hacia costas de México, en especial a Acapulco. La mercancía atravesaba por tierra hacia el Veracruz y se embarcaba a la península.
Una segunda ruta abierta en el continente americano fue la que comunicaba la actual Bolivia o Alto Perú colonial y sus minas potosinas, con el río de la Plata, sobre todo cuando se estableció el nuevo virreinato desde el siglo XVIII.
Frecuentemente los asaltos de los piratas a las flotas y a algunas ciudades costeras -sobre todo en los siglos XVI y XVII- y de los mismos marinos británicos, hacían perder mercancías a veces. Sin embargo el sistema funcionó con éxito hasta el final mismo del Imperio en las tres primeras décadas del siglo XIX.

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En el siglo XVIII, Hispanoamérica afrontaba la nueva administración de la nueva dinastía española: los Borbones, los cuales habían introducido el absolutismo pleno y la centralización territorial en la metrópoli. En América del Sur crearon dos nuevos virreinatos: Nueva Granada (actual Colombia) y Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y que comprendía -además de parte de las actuales Argentina, Uruguay y Paraguay- la actual Bolivia o Alto Perú. Por ello, el Perú quedaba muy reducido territorialmente. Por su parte, Venezuela y Chile eran capitanías generales. Fuera del territorio español sobresalía el inmenso Brasil portugués, introducido en casi toda la Amazonía. Al norte brasileño los franceses, británicos y holandeses se habían establecido en las actuales Guayanas, así como en los pequeños archipiélagos de las Pequeñas Antillas y Jamaica. El extremo sur continental, la Patagonia argentina y chilena, pudo resistir a los españoles, sobre todo destacar lo indomable de los araucanos o mapuches, incluso hasta después de la independencia.
En la mitad septentrional americana el virreinato de Nueva España era el más rico de todo el imperio. Aunque se extendía por el sur del actual Estados Unidos, no dominaba el istmo centroamericano, pues Guatemala era una capitanía general.
Fuera del dominio español quedaban las colonias británicas de las costas templadas atlánticas de Estados Unidos y Canadá. Estados Unidos logró su independencia de Gran Bretaña en 1783 por el Tratado de Versalles.
Finalmente, en el extremo noroccidental del continente, hoy Alaska, estaban asentamientos rusos, que inquietaban a la California hispánica; y en el centro continental, en las grandes prederas, los indios permanecieron independientes hasta la segunda mitad del siglo XIX.






 

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Desde finales del siglo XVIII aumentó el sentimiento de rebeldía de los grupos criollos contra la autoridad colonial llegada de España. Las élites criollas, enfrentadas tanto a los indígenas como a los españoles, vio su oportunidad de emancipación en el exitoso ejemplo revolucionario de los Estados Unidos frente a los británicos. Anteriormente hubo rebeliones indígenas de caracter social, sobre todo en el Perú: rebeliones de Santos Atahualpa y de Tupac Amaru. Los criollos, asustados por la deriva social, se pusieron del lado español. Desde 1789 se observa con atención el nuevo proceso revolucionario francés.
En estos años finales del siglo nacen los miembros de la generación de emancipadores, en especial Simón Bolívar, venezolano, y José de San Martín, argentino. La ocasión llega con la destrucción de la Armada franco-española en Trafalgar en 1805 y con la invasión francesa de España en 1808.
En Buenos Aires, antes de 1808, se había rechazado un ataque británico por las fuerzas criollas ante la inutilidad de la autoridad virreinal. De ese descontento surgió la emancipación en 1810, y se haría plena en 1816 en Tucumán.
Tras la derrota francesa en la metrópoli, la reacción española fue fulminante: en Perú con la acción del virrey José Abascal, y en Nueva España con la derrota de una fuerte rebelión indígena planeada por el cura Hidalgo. Sólo Argentina estaba en manos de los emancipadores en 1816.
Sin embargo, Bolívar consiguió desde entonces liberar Venezuela, Nueva Granada y Ecuador por el norte. Por el sur, San Martín invadía Chile con éxito y, con una flota inglesa, desembarcó en Perú en 1821. Tras una conferencia en Guayaquil de los dos libertadores, Bolívar invadió el Perú, derrotando a los realistas en 1824 en las definitivas batallas de Junín y Ayacucho. En 1825 se invadía el Alto Perú, que formaba un país nuevo: Bolivia, en honor al Bolívar.
Por su parte, en Nueva España el criollo Agustín de Iturbide, antiguo realista, proclama el Imperio de México, acabando así el dominio español.
Al morir Fernando VII en 1833, España sólo conservaba las islas antillanas de Cuba y Puerto Rico, así como las islas Filipinas en Asia. Las nuevas repúblicas independientes no lograron la estabilidad interna para reconstruir sus maltrechas economías por las guerras de independencia. Pasaron a formar parte, de manera indirecta, de la influencia británica primero, y norteamericana después. Además el indio, mayoritariamente, siguió siendo un grupo social marginado como en los tiempos coloniales.

PASEO POR EL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA